Por Álvaro Rivera Larios
Ya William Godwin y Mary Wollstonecraft, padre y madre de Mary Shelley, establecieron una relación inusual para la típica moralidad conservadora de su época. Ella tenía una hija nacida de una pasión fuera del matrimonio y él era un pensador radical que creía en las uniones libres, fuera del matrimonio. Creo que ambos vivían en la misma calle, en casas distintas. Ni ella ni él consideraban necesario casarse, pero lo hicieron para ahorrarle problemas a su hija. Eran una pareja moderna, avanzada, en un mundo tradicional.
La relación entre Percy Shelley y Mary Shelley fue, desde el punto de vista intelectual, de tú a tú. A él sospecho que lo seducía el talento de ella. Pero las cosas iban más allá, tampoco Shelley creía en el matrimonio y ya era un partidario de lo que ahora conocemos como parejas abiertas. Él quería libertad para intimar con otras mujeres y consideraba justo que ella tuviese esa misma libertad con otros hombres, pero, según parece, Mary era en ese punto más tradicionalista.
Claire Clairmont, hermanastra de Mary y también escritora, sí creía en las parejas abiertas y al parecer decidió vivir esa experiencia: tuvo una hija con Byron y, según los chismes, mantuvo una relación con su cuñado Shelley. Al contrario de lo que se afirma y cree, muchas mujeres románticas de esa época no se limitaban a ser objeto de pasión, también eran agentes de pasión dispuestas a salirse del molde para vivir intensamente. Al llegar a la madurez, Claire le reprochó a su hermana que se hubiese amoldado al sistema en su papel de viuda de un aristócrata.
Esa Inglaterra que, entre la década de 1790 y los años 1820, comenzó a verse sacudida por cambios lentos pero decisivos en sus costumbres, fue también el laboratorio donde el romanticismo dejó de ser una estética para convertirse en una filosofía vital. Ahí emergen las figuras de esta historia: hombres y mujeres que anticipan otra cultura y otra manera de concebir el amor como encuentro igualitario y, a la vez, como relación intelectual. Ese mismo ethos lo vivirían años después John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill, cuya unión representa una etapa más avanzada de esa aspiración emancipadora. Detrás de tales amores —y de sus fricciones— asoman las conmociones culturales de la modernidad.


