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jueves, 05 de agosto del 2021

Cooperación para el desarrollo

La seguridad pública por un buen rato seguirá siendo depositario de importante demanda de cooperación, sobre todo en materia de polí­ticas y planes de prevención y reinserción.

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Entre el 7 y 11 de noviembre se celebró la séptima jornada conmemorativa a la cooperación internacional, componente decisivo para el progreso del paí­s, denominada “Tejiendo alianzas para financiar el desarrollo sostenible e inclusivo, veinticinco años más” y el sábado 19 el programa “Casa Abierta” del Presidente Sánchez Cerén con buena parte del cuerpo diplomático y actores de la cooperación. El conflicto armado y  los acuerdos de paz nos posicionaron en el mundo; tras los efectos de aquel cruento conflicto armado que vivimos por cerca de doce años se abrió una importante brecha que contribuyó al proceso de reconstrucción del paí­s.

En el último cuarto de siglo la cooperación internacional ha tenido las más amplias modalidades, desde la institucional de gobiernos amigos,  organismos internacionales del sistema de Naciones Unidas y otros multilaterales, hasta la solidaridad no gubernamental, gremial, municipalista, religiosa y comunitaria. Lo cierto es que como sociedad debemos sentirnos muy agradecidos por todo el apoyo recibido, cuyo resultado se expresa en buena parte del fortalecimiento de las instituciones surgidas o transformadas por el acuerdo de paz: PNC, ANSP,  FAES, PDDH, CSJ, CNJ, TSE, RNPN, entre otras.

Simultáneamente esos mismos esfuerzos solidarios facilitaron condiciones básicas que permitieron repoblaciones y nuevos asentamientos  humanos; incluyendo en muchos casos construcción de viviendas, servicios básicos de salud, educación, agua, alumbrado, caminos, infraestructura comunitaria, capacitación y acompañamiento productivo, así­ como el apoyo en programas encaminados a la integración y convivencia pací­fica después de un conflicto de aquellas dimensiones.

Hoy, a veinticinco años de construcción democrática, conviene analizar las nuevas condiciones, espacios, retos y tendencias de la cooperación internacional, para proyectar nuestro rumbo. Por un lado Europa muestra sus prioridades en los conflictos del lejano, medio y cercano oriente, en los paí­ses de Europa del Este recién incorporados a su unión; África vista por analistas como su región exclusiva y la atención a los asuntos internos de sus paí­ses miembros como Grecia y las  derivaciones de la crisis de unidad con Reino Unido.

En el caso de Estados Unidos sus prioridades están en la mayorí­a de los mismos espacios, sea en cooperación o en disputa con Europa, y en compromisos muy especí­ficos de su interés como Israel, en el que, de acuerdo a una publicación de septiembre del periódico El Paí­s de España,  su ayuda a esa nación alcanzará los 38,000 millones de dólares durante los próximos diez años, a razón de 3,800 millones anuales, y esa es solo  una de sus más importantes prioridades, sin hablar de Irak, Afganistán o  Siria. Con el reciente arribo del señor Trump a la presidencia -con fuertes declaraciones como candidato-, manejos muy distantes de los intereses de nuestra región y paí­s, por el peso y la importancia de la relación de Estados Unidos con el área, tenemos la obligación de proyectar un análisis más profundo de esas tendencias.

En el caso de nuestra América es previsible que la hermana Colombia capitalice buena parte de la cooperación con la terminación de su conflicto, comprensible desde nuestra experiencia sobre la complejidad de los procesos de reinserción y reconstrucción. Por ende aunque el panorama no es muy esperanzador, no niega todo el esfuerzo que debemos continuar para fortalecer y buscar abrir nuevos espacios a nuestras relaciones con el mundo. Proyectar los próximos veinticinco años en cooperación, sobre todo con la calificación injusta dada de “paí­s de renta media”, implica hacer de nuestras relaciones internacionales y búsqueda de cooperación, un mayor esfuerzo de unidad nacional, que nos presente como paí­s y sociedad unidos en un mismo esfuerzo y propósito, hablando un idioma de interés nacional lo más comprensible y homogéneo posible.

En ese sentido, pasar del concepto de “Un paí­s productivo, educado y seguro” a hacer de ello un esfuerzo de nación, implica un enorme reto en  el que la prioridad debe ir encaminada a fortalecer nuestras capacidades productivas, aspirando a obtener mayores programas de transferencia de tecnologí­as, más acceso a educación superior y técnica,  mayor capacitación y formación de mano de obra; y sobre todo, atracción  de nuevas inversiones, aportando a la vez trabajo constante en la apertura de nuevos mercados.

La seguridad pública por un buen rato seguirá siendo depositario de importante demanda de cooperación, sobre todo en materia de polí­ticas y planes de prevención y reinserción. Todo indica que en las canastas que agrupen beneficios para sectores de mujeres y juventud continuarán estando los más importantes motores que debidamente ampliadas y cubiertas, nos llevarán al desarrollo.

Para el futuro, una mayor capitalización de la cooperación dependerá mucho del enfoque debidamente orientado de nuestra polí­tica de relaciones internacionales, del debido avance de la unión centroamericana -y en ese contexto del triángulo norte-, de la capacidad  de coordinación y cooperación interinstitucional para este propósito y las suficientes muestras de unidad nacional; siendo la mejor contrapartida que podemos ofrecer para estimular una mayor y más enfocada cooperación una profunda reforma tributaria progresiva que muestre un verdadero compromiso de paí­s por el progreso.

Tomado de www.avances.sv/cooperacion-para-el-desarrollo/

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