miércoles, 11 de mayo del 2022
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Convento de San Gabriel Arcángel

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Por Rubén Aguilar Valenzuela

Centro histórico – Tacuba
Municipio de Miguel Hidalgo, Ciudad de México 

Toponimia
 
El vocablo náhuatl tlacopan viene de tlacotl (vara) y pan (lugar). Se traduce como: “Lugar sobre las varas”. ​Otra versión dice que tlacopan quiere decir: “Sobre las “jarillas” o “Sobre los mimbres”.
 
Historia
 
Tlacopan fue el centro rector de la región tepaneca a partir de la caída de Azcapotzalco y de la conformación de la Triple Alianza de la cual era parte junto con México-Tenochtitlan y Texcoco.
 
A la llegada de los españoles la ciudad contaba con un centro cívico-religioso que tenían  que le fue concedido según se ro Corti principal. una plaza rodeada de edificios con azoteas. A las orillas se ubicaban las casas del tlatoani y los pipiltin, y en las afueras las chozas de los macehualtin y las tierras de cultivo.
 
En la Gran plaza se ubicaba el teocalli principal. Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo se refieren a ella. Sobre ésta se construyó el conjunto conventual por la Provincia del Santo Evangelio de la Orden de Frailes Menores (OFM).
 
La única fuente de información precisa sobre la construcción del conjunto conventual es indígena. Está en el Código Juan Bautista. De acuerdo con este documento la sacristía de la iglesia se inauguró en octubre de 1566.
 
En 1569 en el Códice Franciscano se dice que Tacuba había caído como asentamiento indígena. Los españoles se habían apropiado de tal forma del lugar que ningún indígena poseía tierra en el distrito circundante.
 
El convento, entonces, se encontraba habitado por cuatro frailes. Estos atendían a 5,000 familias distribuidas en 15 poblaciones. (G. Kubler)
La construcción se hizo con el apoyo de don Diego Cortés Chimalpopoca, descendiente del señor de Tacuba. En 1552, el cacique y gobernador de Tacuba don Antonio Cortés Totoquihuaztli solicita al rey Carlos V un escudo de armas para su pueblo que le es concedido.
 
En la construcción del conjunto conventual se utilizaron piedras del teocalli y de una cantera en las cercanías del Santuario de Los Remedios. En la visita de 1584, fray Alonso Ponce dice que la iglesia y el convento estaban terminados y que vivían cuatro frailes. Había una huerta sembrada con frutales y hortaliza.
 

Portada
 
Entre 1582 y 1584, aquí vivió, antes de ordenarse, fray Juan de Torquemada, quien cuenta que en Tacuba se sintió un gran temblor que hizo tañer el campanario, a pesar de que las campanas eran muy grandes, y que la torre se inclinó “más de dos varas”.
 
En 1679 fray Agustín de Vetancurt en su Crónica de la Provincia del Santo Evangelio indica la existencia de una “suntuosa” iglesia. Y dice que en el convento viven cinco frailes que atienden a una población de 200 españoles y 1000 indígenas. Nada que ver con la población de 1570. Se atendía a 18 pueblos de visita.
 
En 1729 el comisario general de la Orden, fray Fernando Alonso González, ordena al guardián del convento transformar la planta basilical en una estructura de solo una nave. El argumento es que los fieles que asisten a los servicios religiosos no pueden ver el altar. La obra continuó hasta 1755. La iglesia estaba ya en manos del clero secular. El conjunto siguió teniendo diversos tipos de modificaciones y añadidos a lo largo del siglo XIX y todavía del siglo XX.


La torre.

Descripción
 
– Atrio
 
Desde su origen el atrio ha sufrido una gran cantidad de modificaciones. El actual es de dimensiones muy reducidas sobre lo que fue la traza original. Tiene dos entradas con arcadas de tres puertas. Son obra de la década de los ochenta del siglo pasado.
 
– Portal de peregrinos
 
 
Los arcos originales del siglo XVI son los dos primeros de izquierda a derecha. Por años en el portal vivió una familia de escasos recursos. En 1964 se instaló ahí una tienda de refrescos. En 1965 se retira ésta y los arcos quedaron libres.
 

 

 
Al interior del Portal de peregrinos se encuentra este Santo Entierro.

– Iglesia

 
 
Exterior
 
En el siglo XVII se arremetió la fachada principal lo que creó un pequeño atrio entre esta y el paramento del convento del siglo XVI.
 
La portada tiene dos cuerpos y un remate. En el primero, el vano de entrada semioctagonal está flanqueado de columnas dobles estriadas. En el segundo cuerpo, al centro, un bajo relieve que representa la Anunciación de San Gabriel a la Virgen, flanqueado por dobles columnas estriadas.
 
En el remate una ventana octagonal enmarcada en dos relieves de adorno. La fachada termina en una forma mixtilínea. A decir de Elisa Vargas Lugo, la composición de la portada es muy semejante a la de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
 
La portada lateral (ver la siguiente fotografía) tiene un cuerpo y un remate. Al centro un arco semioctagonal enmarcado en pilastras estriadas ondulantes. Se asientan sobre dos grandes bases.
 
En el remate, al centro, un nicho con una imagen que no se ha identificado. Para Vargas Lugo “esta portada muestra clara influencia de la escuela de Miguel Custodio Durán y nos recuerda también la portada del Sagrario de la Iglesia de Regina Coeli de México”. 
 

Fachada lateral.
 

Fachada lateral y torre.
 
La torre se levanta a la izquierda de la fachada. Tiene cuatro cuerpos y un remate. Los dos primeros son lisos. El tercero en cada uno de sus cuatro lados tiene arcos de medio punto enmarcados en dobles pilastras. Son de mampostería. En el cuarto arcos de medio punto enmarcados en pilastras. Son de cantera. El remate es una pequeña cúpula con linternilla. Sobre ella una cruz.
 
 
Ventana del siglo XVI. Es la única que se conserva de la iglesia original. Está a la izquierda de los arcos del Portal de peregrinos.

Interior
 

 
La planta es de cruz latina. Tiene bóveda de cañón con crucero y cúpula. Las columnas del lado izquierdo de la planta basilical del siglo XVI desparecieron, pero las del lado derecho se conservan. Están detrás de la pared de la iglesia.


La bóveda es octagonal. Tiene ventanas en cada uno de los lados.
 
En Libro de Inventarios de asientos de la iglesia de Tacuba de 1767 se registra que había doce altares. Eran barroco churrigueresco. En los archivos consta también que después de la expulsión de los jesuitas de la Nueva España en 1767, el párroco Manuel Casela solicitó a la Junta Real de Aplicaciones, encargada de distribuir los bienes de los jesuitas, que se le otorgara, para la parroquia, la imagen de la Virgen de la Anunciata y el Arcángel San Gabriel de la iglesia del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo.
     
Argumentó que indígenas de Tacuba fueron los que construyeron la primera iglesia de los jesuitas que albergó la Virgen de la Anunciata. En 1780, el virrey, Martín de Mayorga, concede el pedido. Las imágenes se colocaron en el altar mayor. En 1782 se hizo una nueva solicitud de objetos, que también le fueron adjudicados. Entre ellos un púlpito y un altar de San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas.
 
Las investigadoras Teresa Serrano Espinosa y Emma Pérez-Rocha, que han estudiado el conjunto conventual de San Gabriel Tlacopan, sostiene que el acervo parroquial que se conservó de 1767 a 1790 desapareció. La nueva moda del estilo neoclásico arrasó con los retablos barrocos.
 

Interior de la iglesia.
 


Altar mayor.
 
En la década de los años setenta del siglo pasado, con el nombramiento del párroco José Reyes, las instalaciones de la iglesia fueron intervenidas y hubo mejoras considerables. Se retiraron los altares neoclásicos; se reparó la cúpula, el muro norte de la iglesia, el claustro y el coro, afectados por las obras de la Línea 2 del Metro; asimismo, se descubrieron las columnas y los arcos del templo basilical y el claustro del siglo XVI.
 
De este párroco es la idea de construir un retablo, similar a los del siglo XVII o XVIII, tomando como base nueve pinturas originales de los apóstoles encontradas en la iglesia. En su remate estaría el Padre Eterno y en la parte central la escultura de Cristo Crucificado, retablo que fue colocado al término de los ochenta.


 
El altar se puede considerar como un solo gran cuerpo con cinco calles y un remate. En la calle central en la parte baja el sagrario, arriba una imagen de la Virgen María y luego un gran crucifijo. En las otras calles las imágenes de los apóstoles en medio de columnas salomónicas. En el remate el Padre Eterno.
 
Convento
 
Los arcos del claustro fueron tapiados en el siglo XVIII. En 1907 se destruyó una parte del convento del siglo XVI, para construir la Capilla del Señor del Claustro. En la actualidad del claustro del siglo XVI se pueden ver los arcos del segundo, que continúan cubiertos para dar forma a varios salones. En el patio una cruz de cantera. El espacio lo utiliza la parroquia. En la visita de 2022 no pude entrar.


 
Comentario
 
El conjunto conventual por el crecimiento y nueva traza de la ciudad, ya en la década de los ochenta del siglo pasado, quedó en medio de grandes vías y pasos a desnivel. El entono de intenso tráfico y comercio ambulante. Es una isla en medio de esa realidad. 
 
En el edificio que ahora vemos quedan muy pocos elementos del siglo XVI. A principio del siglo XVIII la iglesia fue totalmente renovada. Pasó de una planta basilical de tres naves a contar con una sola de estas. El convento también sufrió distintas transformaciones.
 
La iglesia en el periodo de 1760 a 1790 tuvo una docena de altares, algunos de ellos del barroco churrigueresco, e imágenes y un altar que perteneció al Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de los jesuitas, pero de eso no queda nada. La entrada del estilo neoclásico arrasó con todo.
 
En el terremoto de septiembre de 2017, el conjunto sufrió algunos daños. En la visita de 2022 (febrero) se sigue trabajando en la restauración, pero se ve que ya están a punto de terminar.
 
El párroco José Reyes, en la década de los años setenta del siglo pasado, tuvo la idea, a partir de que se encontraron nueve cuadros de los apóstoles de la época colonial, de construir un retablo similar a los del siglo XVII o XVIII. Se ve muy bien.
 
Siempre he pensado que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en acuerdo con la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), en los seminarios diocesanos debería impartir un curso sobre conservación del patrimonio.
 
Días atrás, en una reunión en la que coincidí con sacerdotes de la arquidiócesis de la Ciudad de México, hablé de esto y ellos reaccionaron de manera muy positiva. Dijeron que les ayudaría mucho.
 
Uno de ellos acababa de mandar una imagen colonial de San Antonio de Padura, muy dañada, pero de muy buena factura, a restaurar al Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR). Los obispos y los sacerdotes deben ser los grandes aliados del INAH en la conservación del patrimonio.   


Puerta de la iglesia.
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– Visitas
 
En 1966 viví muy cerca del conjunto conventual y entonces lo visité en tres o cuatro ocasiones. En 1973 otra vez y ahora en 2022 (febrero).
 
– Fuentes consultadas 

  • Notas de las visitas.
  • Kubler, George, La Arquitectura Mexicana del Siglo XVI, FCE, México, 1983.
  • Serrano Espinosa, Teresa E. y Emma Pérez-Rocha, “Una visión histórica de la parroquia de San Gabriel Arcángel, Tacuba”, en Dimensión Antropológica, vol. 13, mayo-agosto, 1998, pp. 45-74. Disponible en: http://www.dimensionantropologica.inah.gob.mx/?p=1340
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Rubén Aguilar Valenzuela
Columnista y analista de ContraPunto. Doctor en Ciencias Sociales, con una Licenciatura y Maestría en Sociología y Estudios de Desarrollo Institucional; exfuncionario del gobierno mexicano.
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