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sábado, 24 de julio del 2021

Contaminación Polí­tica

¡Bienvenido 2018! Y ya muchos tení­amos bien claro que con el inicio del año vendrí­a la campaña polí­tica de Alcaldes y Diputados. Con las promesas de todos los colores y sabores; rostros nuevos y no tan nuevos.

En el ejercicio de la democracia debemos saber que es necesaria la campaña polí­tica, para revisar las nuevas propuestas y lo que le conviene al paí­s. Como ciudadanos y profesionales pertenecientes a todos los sectores de la sociedad salvadoreña quisiéramos que estas propuestas se encaminaran acorde a la realidad social y económica y que salieran de personas con sentido común; un buen currí­culum académico y profesional; técnico.

Administradores públicos que sepan darle un buen uso, planificado y ejecutado a los fondos provenientes de la contribución de los ciudadanos. Ya que los polí­ticos engañan a la gente mediáticamente haciéndoles ver que las obras sociales y de infraestructura son parte de la benevolencia del polí­tico y que lo sacan de su bolsillo, y lo peor aún que el pueblo les debe agradecer votando otra vez por ellos. Lo cierto es que las obras son posibles por las contribuciones de los ciudadanos ¡Los polí­ticos están en la obligación de administrarlos bien!

Por imagen sacrificamos capacidad. A la polí­tica le gusta coquetear con la imagen mediática y el arrastre de las masas que pueda poseer determinada personalidad de la farándula, los deportes y la cultura popular, sin embargo la polí­tica (en el mayor de los casos) elude las capacidades de gestión. Ya hemos visto el penoso caso de que algunas estrellas no cuentan con el potencial intelectual que demanda una nación con tantos problemas como la nuestra que necesita soluciones acertadas y efectivas.

Será mucho pedir a la polí­tica criolla salvadoreña que cambie la forma de seleccionar los perfiles de diputados y alcaldes? Arrancar ese apego a lo popular que al final no es tan beneficioso. Que los alcaldes y diputados sean idóneos en sus cargos.

Un alcalde deberí­a obligatoriamente conocer de gestión territorial, un diputado deberí­a ser abogado, administrador y en menor cantidad politiquero ideológico, mentiroso populista. Deberí­an dominar dos idiomas y saber cómo mí­nimo geografí­a centroamericana.

Una nación contaminada polí­ticamente con recurso humano incapaz es vulnerable a: Crear un cí­rculo vicioso de egoí­smos, fomentar la impunidad, extirpar la visión de paí­s, más polarización, que predomine más lo partidario que lo social.

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