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martes, 19 de octubre del 2021

Consuelo Suncí­n de Saint-Exupéry: la artista que no existe

No solo la esposa de Saint-Exupéry, no eres solo un adorno, eres una rosa, roja, blanca, amarilla, fucsia, rosa

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Entro en tu mundo. Me pinto los labios y me visto de negro. Te imagino de también de color negro, y de otros colores. Con tu sofisticada presencia, sos como un sol nocturno, sin sonreí­r tanto. Sencilla, en la sencillez está el truco. Leyendo tus memorias, tu amor lo siento mí­o. Observadora, contadora de historias que plasmas en tus dibujos, pinturas y esculturas, o en tus escritos. Porque sos mas que solo Consuelo, sos una artista, y aun así­ sos la artista que no existe. Porque no has sido reconocida.

Manos pequeñas, delicadas, pero fuertes al tomar el pincel, o el cincel, el barro o  la pluma. Pero me detengo esta vez en tu pintura. Colores intensos, tonos pastel. Perfectamente imperfectos. Lí­neas, trazos, mezclados, a veces sin definir. Pintando lo que ves, lo que sentí­s. Casas, rostros, mares, rí­os, barcas, detalles, árboles en otoño e invierno, flores, personajes, luces y sombras; destellos de vos quedan en esas pinturas que nunca he visto de cerca. Dejas testimonio de tus vivencias en lienzo o papel, ahora perdidos en el tiempo, en el mundo. Provocando curiosidad hasta mis dí­as, escucho jazz de la época.

Atravieso el hilo del tiempo imaginando tus pasos. Naces con el siglo el 16 de abril de 1901. La Armenia de tu niñez, San Francisco, México DF, Parí­s, Buenos Aires, España, Casablanca, New York… y más. Tus manos buscando pintar, escribir, tocar para vivir. También en soledad, en medio del bullicio, o ver escribir a “Tonio”, acariciando a  Youti, tu chucho.

Según tu partida de nacimiento naciste a las 10 p.m. Entonces sos ave nocturna con sol, sos un “Vol de Nuit”, un vuelo nocturno. Contáme entonces, lleváme de tu mano,  mostráme más de vos.

Es en San Francisco, California, donde pintaste. Deben haber rastros de esos primeros trabajos. Donde bailaste, donde amaste, tomaste vino y te reventaste en fiestas de seguro. Eran los 20´s. La ciudad inspira. No volviste ahí­. Tení­as 19 años y eras una mujer casada. Ahí­ es donde conociste a tu primer esposo. Un par de años después abandonas eso, te vas a México, y te inunda el asombro. Justo conoces a grandes personajes de la pintura y la cultura. Viviendo intensamente, objetivos trazados y cumplidos. Pero eso no basta. No sos solo un adorno, sos una rosa, roja, blanca, amarilla, fucsia, rosa.

Busco archivos en algún lado, en Internet, o pregunto, pero nadie sabe dónde o quien puede tener algo tuyo. Mireille me ha ayudado, me trajo algunos recuerdos. Edgardo Quintanilla, desde San Francisco, me ha impulsado a indagar o a preguntarme. Por ahora, mucha gente habla de vos, pero hablan por que eras la esposa del aviador y escritor Antoine de Saint-Exupéry, y vos sos más, sos una artista. No solo la esposa de Saint-Exupéry, antes la esposa de Enrique Gómez Carrillo, antes la ex de José Vasconcelos, antes la esposa de Ricardo Cárdenas. Las personas no se atan a otras. Vos sos Consuelo, nada más. La vida en un rí­o. El agua es memoria, somos agua, somos fuego.

Sos más que la mujer viajera, sos más que la amante, la esposa varias veces. Sos la amorosa, cantora de palabras, embajadora de los volcanes vecinos de Armenia. Una viajera con un corazón que arde. Sos amiga de las ceibas, de desiertos, de mares. Sos hija de Cuzcatlán. Sos luz en la ciudad luz, Parí­s. Sos luz en una ciudad en el desierto, Casablanca. Sos luz, en Buenos Aires. Sos más. Sos y lograste ser.

Encontré en las búsquedas intensas, fotos desconocidas, de grandes como la sesión que te hizo el fotógrafo Man Ray. También supe que hiciste radio, aunque tampoco sé si hay archivos de eso. En un sitio oficial llamado Consuelo de Saint-Exupéry, en francés, se pueden apreciar 16 pinturas realizadas desde 1932, hasta los cincuentas. Me sorprendés, toqué la pantalla de mi laptop para creerlo, son estupendas. Son tu registro y herencia. También hiciste esculturas de “El Principito”, obra maestra de tu “Tonio”, esculpiste el rostro y cuerpo de Antoine, el niño grande, el hombre fuera de serie, como vos.

Duermes eternamente con tus ojos de bella. Reposas desde mayo de 1979 en el cementerio Pere Lachaise, Parí­s, junto a tu segundo esposo, Gomez Carrillo. No con tu “Tonio”. Pero qué importa eso. Ahora importa que no seas más la artista que no existe, porque existí­s.

Dedicado a Mireille Escalante, sobrina de Consuelo y al Dr. Edgardo Quintanilla.

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Tania Primavera
Promotora cultural, museóloga, escritora y periodista salvadoreña. Colaboradora en temas de Artes y Columnista de ContraPunto
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