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sábado, 6 junio 2026
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Atrófica de Óscar López: aproximaciones desde el ruido y la textura

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Atrófica de Óscar López: aproximaciones desde el ruido y la textura.

Por Gabriel Otero.

El arte es dinamismo, el creador auténtico es incapaz de anclarse a un tiempo o espacio, necesita explorar, buscar nuevos recursos e ideas, ampliar sus horizontes o excavar hasta el centro de la tierra, hurgar adonde se pueda, en su conciencia, en los confines de la locura, o en lugares banales como la calle, las bardas, las paredes, las puertas de los baños de  bares y acaso los burdeles, tan estigmatizados en estas épocas, el estatismo implica que la originalidad fallezca de inanición y que la voz o la mirada se pierdan en lo cotidiano con solo jalar el sifón.

La obra del artista plástico Óscar López (El Salvador, 1982) siempre me ha sorprendido por sus diferentes etapas estéticas y su capacidad de conjugar la sinestesia con lo lúdico, lo irreverente con la profundidad, sus conceptos rebasan lo visual, hay que estar preparados para un festín de texturas y capas y contemplar colores añejados con olor a rancio o a decadencia.

Su exposición “Atrófica”, recientemente inaugurada en la Sala Toño Salazar del Museo de Arte de El Salvador (Marte), consta de 14 obras de diversos formatos, y en algunas emergen letreros contundentes como Taller López, la silueta del rostro de Mickey Mouse vandalizada o una Venus gorda de tanto comer hamburguesas o hot dogs, figuras rodeadas de palabras que dicen todo y nada como: bolos chucos, no se fía, guácala, horchata de morro, bla bla, talega, fentanilo y otras tantas ilegibles escritas con la urgencia del alcohol o la travesura.

No sabría si catalogar esta etapa de Óscar López como arte contemporáneo por su sabor a pueblo, y su añoranza por las antiguas calles del centro de San Salvador, a propósito de ello escribe Jaime Izaguirre, curador de la muestra, que “Atrófica nombra una cicatriz, una marca que no termina de cerrar y al menor roce vuelve a abrirse. Esto es una metáfora de la ciudad donde Óscar López ha vivido siempre….como un cuerpo herido que, cada cierto tiempo es raspado, pulido y ordenado”.

Esas texturas hieden a orines como el centro de San Salvador de mis recuerdos, tan romantizado por su caos y que aún suplica por no desvanecerse en la memoria. Dos piezas me llamaron la atención: el torso de un maniquí con la caricatura de Dexter y decenas de palabras y colores chorreados que me remitieron al video de la canción Tourniquet de Marilyn Manson y un portón antiguo con la palabra “Wet Back” (Espalda mojada) en su parte central, tal vez, como la dolorosa constancia de cientos de connacionales que nuestro país exilia desde que nacen.

La exposición “Atrófica” permanecerá en exhibición hasta junio de 2026, vale la pena visitarla y conocer la obra de uno de los artistas salvadoreños más originales e irruptivos de la última década. 

 

Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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