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martes, 03 de agosto del 2021

Apuntes sobre la gordura

Gordura, tema dominical vespertino, patente cuando el botón del pantalón no cierra y el estómago y las llantas de la cintura se desparraman al frente y a los lados.

Te sientes pesado, lo eres, no puedes amarrarte las agujetas por ese remedo de absceso de tejido adiposo que se parece al embarazo. Desde que dejaste de fumar comiste sin ton ni son todo lo que se te pusiera en los ojos.   

Fuiste permisivo con tus vicios, si ayer tolerabas andar como chimenea, porque no te podía faltar un cigarrillo en la boca, lo de hoy es saciar las ansiedades con golosinas y colaciones.

Ancho y lento, transitas por la vida con parsimonia y si eras propenso a morir de un enfisema pulmonar o de un infarto ahora es probable fallecer de una inundación de colesterol.

No te has querido comprar pantalones de tallas superiores porque sabes que los rellenarás sin recato, sólo bastará sentirte cómodo una vez para iniciar la terrible, irremediable y definitiva expansión de la grasa.

Eres como un buche ávido (1) y quieres imaginar que la obesidad obscena aún está lejana aunque existan partes de tu cuerpo visiblemente impactadas por la gula. Por el momento, habitas en el amplio espectro del sobrepeso. 

Culo, piernas y caderas fueron las víctimas amplificadas por la mirada, todo lo imposible cabe en los intestinos y todo lo posible se acumula en los músculos en reposo.

Pero tú te justificas por haber conservado durante más de 30 años tus 31 pulgadas de talle. A nadie le has dicho que actualmente cruzar las piernas es un verdadero suplicio que casi te escalda ese rincón  donde jamás se asoma el sol.

Gordito o rollizo incipiente, te estremece la sensación de redondez y universalidad, tú que tanto te burlaste de la gente paquidérmica estás en vías de transformarte en uno de ellos.

Y por segunda ocasión en tu existencia, si quieres volver al peso y a la agilidad de otros tiempos, tendrás que someterte a un régimen estricto, dictadura vil en el que se ofrenda el libre consumo de lúpulos, azúcares y harinas, en otras palabras, adiós a las gloriosas chelas, a los espléndidos dulces y al pan nuestro de cada día.

Y recurrirás a las ryvitas con queso cottage, al atún en agua, a las verduras hervidas y a las aguas de sabores endulzadas con sacarina y seguirás a la luna y a la marea y la gordura será un recuerdo para ser leído en apuntes públicos y una experiencia estridente en el anecdotario.    

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(1) Imagen de Robert Bloch

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