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domingo, 17 de octubre del 2021

Ante la naturaleza, los pobres los más afectados

La falta de ordenamiento territorial no solo es culpa de que la ley no se aplique, es cierto, pues por años y años la sobre población y la desigualdad han ido de la mano en paí­ses como los nuestros.

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A todos  nos ha conmovido lo que ha pasado en Guatemala, nos hace ver lo vulnerables que somos ante la naturaleza, misma de la que muchos se creen  dueños. No se puede evitar la fuerza de la naturaleza, es cierto, pero sí­ los desastres que causa si tan solo existiera un ordenamiento territorial justo y eso no pasa en nuestro paí­s, ni en Guatemala, ni en muchos otros paí­ses.

Por ejemplo en El Salvador existe la Ley de Ordenamiento y Desarrollo Territorial pero entró en vigencia en 2012 para reforzar la Ley de Medio Ambiente en El Salvador, según información de la página oficial del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), sin embargo entró muy tarde quizás y con la mera intención de cumplir con un listado de leyes a favor del medio ambiente, qué se yo, porque por ahora no está sirviendo de mucho para evitar asentamientos en zonas de alta vulnerabilidad y menos para reubicar a aquellas familias que tienen años de vivir en esas zonas.

El Salvador por estar en una zona de volcanes conocida como "cinturón de fuego del Pací­fico" está expuesto a frecuentes erupciones, según información del MARN brindada en 2016 a ContraPunto,  son seis volcanes que están activos: El volcán Chichontepec en San Vicente, Ilopango y Quezaltepec en San Salvador, Izalco e Ilamatepec en Santa Ana y el Chaparrastique en San Miguel.  ¿Qué tienen en común? En toda esas zonas existen asentamientos humanos y estamos potencialmente expuesto a un panorama igual o peor que lo que actualmente se vive en Guatemala.

En 2013, el 29 de diciembre el volcán Chaparrastique hizo erupción, alrededor de 1,635 familias, la mayorí­a de escasos recursos,  fueron evacuadas de la zona ese dí­a  y regresaron al suponer que el peligro ya habí­a pasado. Hasta le fecha el volcán sigue dando señales de que está activo y si bien e reconoce que las autoridades competentes se movilizaron y aún tienen un monitoreo constante de la actividad del coloso y también planes sobre cómo actuar ante esas emergencias,  la naturaleza es impredecible y las familias de la zona serán las más afectadas.

La falta de ordenamiento territorial no solo es culpa de que la ley no se aplique, es cierto,  pues por años y años la sobre población y la desigualdad han ido de la mano en paí­ses como los nuestros.

¿Cómo evitar el panorama desolador vivido en Guatemala por le erupción del Volcán de Fuego cuando los más pobres sufren la exclusión social y deben ir a habitar a las orillas de los rí­os, basureros o a las faldas de un volcán activo?  ¿O cuando la ambición hace que muchos vendan casas o terrenos en zonas donde saben perfectamente que habrán daños al pasar un evento como este? ¿O cuando la corrupción es más fuerte que las ganas de ayudar a los más pobres o más afectados? No tengo la respuesta acertada.

En El Salvador la corrupción ( y la impunidad) se combinaron con el desastre causado por los terremoto de 2001 que dejaron cientos de muertos y miles damnificados, sobre todo en Las Colinas, Santa Tecla. En este caso,  el ya fallecido expresidente, Francisco Flores, se vio involucrado. Él, según investigaciones de la Fiscalí­a General de la República (FGR), era acusado de recibir a través de cheques personales fondos que habí­an sido enviados por el gobierno de China Taiwán para proyectos de mitigación en El Salvador por los terremotos de 2001, sin que hasta la fecha se sepa a ciencia cierta sobre su destino.  Fue un largo proceso que dejó en evidencia que en muchas ocasiones los más afectados no son el centro de atención para dirigir la ayuda.

En paí­ses donde la corrupción, la desigualdad y la injusticia reina, el pobre solo es un peón más en el juego,  no se mira, no se escucha y menos se ayuda solo porque tiene derechos humanos. El pobre solo existe en momentos como este porque no queda de otra más que mirarlos, porque no se puede tapar el sol con un dedo. Estos eventos nos muestran lo vulnerables que somos, pero también desenmascara a aquellos que por años solo se han engrandecido a costa de las mayorí­as desamparadas y no han velado por su seguridad en ningún aspecto.

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Redacción ContraPunto
Nota de la Redacción de Diario Digital ContraPunto
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