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miércoles, 27 de octubre del 2021

Aniversario del Padre Rutilio y la Ley de Amnistí­a

Justo en el mes de un aniversario más del asesinato del P. Rutilio Grande y dos de sus amigos (marzo de 1977), por iniciativa y especial interés del diputado Rodolfo Parker y otros, en la Asamblea Legislativa se promueve el estudio de una Ley de Amnistí­a, con clara intención de otorgar impunidad total a tantos crí­menes contra la población honrada de El Salvador, en el marco de la guerra 1980-1992.

Conocida la intención del proyecto pro amnistí­a, la población honesta y limpia de aquellas implicaciones, ve con indignación y desagrado su posible aprobación.

Pero, el Pueblo Salvadoreño no está solo en su indignación. En un comunicado de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (OACNUDH), suscrito por la Alta Comisionada, Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile, y con fecha 6 de marzo/2019, pide a los diputados salvadoreños abstenerse de restablecer la amnistí­a para favorecer graves violaciones de los Derechos Humanos..

“Si esta ley se aprueba, se amnistiará a responsables de crí­menes de guerra y de lesa humanidad, se vulnerará el derecho de las ví­ctimas a la justicia y la aprobación serí­a un grave revés para El Salvador…”, afirma, entre otras cosas, el extenso comunicado de la Alta Comisionada de la ONU, Michelle Bachelet.

Si los diputados más interesados en la Ley de Amnistí­a, en su apresurado interés de su aprobación, no atienden y hacen caso omiso de la sugerencia/advertencia de la ONU y prosiguen con su intento anti popular, será su responsabilidad.

 Breve historia sobre el caso del P. Rutilio Grande:

El 12 de marzo de 1977, durante el perí­odo presidencial de Arturo Armando Molina, la Guardia Nacional asesinó al padre Rutilio Grande en la zona de Aguilares y El Paisnal, al norte de San Salvador. .El padre Rutilio encabezaba un grupo de sacerdotes y laicos, quienes mediante un intenso trabajo pastoral acompañaban a los campesinos, en su organización y reclamos de mejores salarios y mejores condiciones de vida.

Varias organizaciones campesinas, como la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) y la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) y numerosas Comunidades Eclesiales de Base (CEB), surgidas y creciendo a nivel de América Latina con el acompañamiento de la Iglesia Católica, creaban nuevos estados de conciencia, especialmente en el ámbito rural, en su lucha por la reivindicación campesina.

El asesinato del padre Grande aquel fatí­dico dí­a, hirió hondamente al entonces Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, quien exigió al Gobierno las investigaciones necesarias y con prontitud, para esclarecer el crimen. Igual petición harí­a en su oportunidad para que no quedaran impunes los crí­menes de varios sacerdotes, fieles como él a la verdad y al Evangelio:

Alfonso Navarro (11 de mayo de 1977), Ernesto Barrera (28 de noviembre de 1978), Octavio Ortiz (20 de enero de 1979), Rafael Palacios (20 de junio de 1979), Alirio Napoleón Mací­as (4 de agosto de 1979),  Cosme Spessoto (14 de junio de 1980), Ernesto Abrego (desaparecido 27 de noviembre de 1980), Marcial Serrano (28 de noviembre de 1980)…  y también los numerosos crí­menes de  catequistas, religiosas, obreros y campesinos, perpetrados por el ejército salvadoreño. Monseñor Romero seguí­a demandando justicia contra la galopante impunidad, como lo harí­a hasta el dí­a de su muerte, sin que fuera oí­do…

Hoy, mientras avanzan los esfuerzos desesperados en la Asamblea Legislativa, para lograr la amnistí­a y, por ende, propiciar la total impunidad, en el Vaticano también avanzan las posibilidades de la pronta canonización del P. Rutilio Grande, para regocijo de la feligresí­a católica salvadoreña y de muchas personas honestas no católicas…

Los trámites en la Asamblea Legislativa, para una Ley de Amnistí­a favorecedora del crimen, no pasarán. Las tantas ví­ctimas de los crí­menes de guerra (individuales y colectivos), demandan total justicia… ¡y el Pueblo Salvadoreño también!

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