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Amores Perros

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“Rocco ha muerto” fue el mensaje que les mandé a sus amigos. Cada vez que me preguntaban por él yo les respondía que seguía envejeciendo elegantemente", lamentó Nelson L. Rojas, tras la muerte de su perro

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Por Nelson López Rojas


“Rocco ha muerto” fue el mensaje que les mandé a sus amigos. Cada vez que me preguntaban por él yo les respondía que seguía envejeciendo elegantemente, pero ya no. Ahora aquí estoy, recogiendo uno a uno los pelitos que esparcía por toda la casa para ver si encuentro los suficientes para hacerlo de nuevo y no lo consigo. Los olores que ha dejado se quedan impregnados en mi corazón como tinta china.

Ahora que te vas de Christian Daniel suena sin cesar mientras me aferro a la idea que estarás en casa cuando regrese. Es ilógico, lo sé. Yo mismo propongo que la gente debe saber el momento cuando ya es hora de retirarse.

Estoy con el corazón en trizas al verte llorar, sé que querías quedarte conmigo para no lastimarme. El día que te fuiste te mentí, te dije que no te aferraras más a mí, que te fueras tranquilo y que yo iba a estar bien. Ha pasado casi una semana y no estoy bien. Me levanto cada madrugada para ver si estás en tu almohadón y no estás. No estoy bien, pero yo sé que vos estás bien, que ya no te quejás mientras dormís, que te reís de la gente que decía que eras un chucho-viejo, que te hacés pipí donde sea y las flores crecen aún más.

Cuando estuvo en el hospital, al parecer porque los riñones no le funcionaban bien, tenía ya 14 años y como persona emocionalmente estable pensé que estaba preparado y me decía que si se iba, ojalá que fuese rápido y sin dolor. A los días salió y regresó a casa. En los últimos meses se la pasaba durmiendo la mayor parte del tiempo, caminaba poco y ya no era tan activo como antes. Dicen que los de su raza duran de 10 a 12 años y él, con 15, ya estaba en tiempo extra.Te dije que el día que te fueras me avisaras con tiempo para tomarnos la última cerveza juntos, pero no nos quedó tiempo ni de eso. Mi alma se llena de saudade y de melancolía, se desintegra al verte partir, me despido y se me quiebra la voz, me transfiguro en niño, en padre, en hermano y no puedo contener el llanto, aunque me hayan dicho que los hombres no lloran.

Te has ido, viejo amigo y es desolador. Me enseñaste a conocerme más, a tener paciencia, a soportar a la gente que detestaba a los perros, pero no me enseñaste a desprenderme de vos.

Los recuerdos van y vienen y los 15 años que pasaste a mi lado pasan en un ir y venir y me arrebatan el aire. 15 años encierran tanto: tu amor por la nieve y tu aversión a la lluvia; tu apoyo moral mientras le gritaba a la tele en un partido de fútbol; tus pequeñas victorias cuando aterrorizaba a las ardillas. Estoy sentado en mi oficina viendo el último dibujo que hice en mi libreta. Te dibujé contento, con la mirada hacia mí. Sólo mi memoria sabe lo que encierra.

Reviso mis fotos y te veo saludable. Cierro los ojos y te imagino en una pintura de los Testigos de Jehová rodeado de pastos verdes y ríos para nadar. Veo tus fotos mientras escucho a Tom Jobim decir que la tristeza no tiene fin, pero sí la felicidad. Hago chistes para distraerme y ausentarme de esta realidad.

Andate en paz, Rocco. Algún día me tocará a mí, pero ahora solo me queda la satisfacción de haber compartido esta acuarela de vida con vos.

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Nelson López Rojas
Nelson López Rojas
Catedrático, escritor y traductor con amplia experiencia internacional. Es columnista y reportero para ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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