spot_img
spot_img
domingo, 09 de mayo del 2021

Amor por internet

La incapacidad de entenderse del ser humano no es nada nuevo, cualquiera puede estar rodeado de multitudes y sentir esa soledad mortuoria, de personificar a un ser único, irrepetible y percibir que el universo gira hacia el interior sin que nada lo detenga, creerse sólo y, peor aún, estarlo.

Hoy en día, abunda la gente solitaria, clientela regular de los terapeutas, quienes juegan el rol de confesores impertinentes, escarbadores de lo prohibido, de charlatanes necesarios para mentes endebles, a algunos les cuesta la vida hablar y socializar y lo intentan con ahínco como si de eso dependiera su felicidad, se creen enfermos, se piensan anormales, no lo son.

Buscan amar y ser amados, reconocerse en el otro o los otros, porque nadie puede vivir sin amor, sea este de la clase que sea, filial o carnal, azul o rojo, terso o espinoso, virtual o real, es inconcebible transitar en el mundo sin acariciar un rostro o cuando menos tener la idea de que uno le importa a alguien en otra parte.

La impresión de orfandad amorosa se acentúa en las grandes ciudades, mientras las luces de los edificios brillan las lágrimas escurren porque los solitarios son noctámbulos, sus ánimos cambian como las fases de la luna, se refugian en lo oscuro y en las pantallas titilantes de celulares y computadoras.

En la red no tienen género, ni nombre, son parte del anonimato de todas las voces, se liberan de atavismos y convenciones sociales, se transforman en ilusión tan real por ser imaginaria. Encuentran que hay millones como ellos en el planeta.

Se enamoran de su alma gemela, la distancia, y a veces, el idioma no son barreras para expresar lo que se escribe en el teclado con las gónadas y las hormonas.

¿Qué harías si estuviéramos frente a frente?, nos lo diríamos todo con la mirada, nos devoraríamos con las manos, hace tanto que nos extraviamos para hoy reencontrarnos.         

Y pasa la noche y cuando el sol sale hiere, las horas de intimidad se estancan en el recuerdo, y los solitarios ansiosos esperan y deliran ¿será esto el amor?

Y parafraseando a Jaime Sabines, nadie lo sabe de cierto pero suponemos que después de los espejismos lumínicos a lo mejor una mujer y un hombre se encuentran sabiéndose solos, se desnudan en silencio y se van llenando el uno al otro como se hace la luz dentro del ojo y no lo sabemos de cierto, simplemente, lo suponemos.     

Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

Últimas entradas