Por Alonso Rosales
América Latina se encuentra ante uno de los mayores desafíos climáticos de los últimos años. La confirmación del inicio del fenómeno El Niño, catalogado por diversos organismos científicos como uno de los más intensos de las últimas décadas, ha llevado a gobiernos, instituciones meteorológicas y organismos internacionales a activar planes de prevención para reducir sus impactos en la agricultura, el abastecimiento de agua, la generación de energía y la seguridad alimentaria.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 63 % de que la temperatura superficial del océano Pacífico supere los 2 °C por encima del promedio, umbral que clasifica el evento como muy fuerte.
Los efectos ya comienzan a proyectarse en prácticamente toda la región. Mientras algunos países enfrentarán sequías prolongadas, otros sufrirán lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos de tierra.
Expertos advierten sobre un fenómeno sin precedentes recientes
El climatólogo Maximiliano Herrera, reconocido por su seguimiento de récords climáticos mundiales, considera que el calentamiento simultáneo del océano Pacífico y del Atlántico podría convertir este episodio en uno de los eventos meteorológicos más extremos registrados en el continente.
“La combinación del calentamiento oceánico con el cambio climático incrementa la probabilidad de fenómenos extremos simultáneos, como sequías históricas e inundaciones severas”, ha señalado el especialista en diversos análisis internacionales.
Por su parte, Juan Declet-Barreto, científico principal de clima de la organización estadounidense Union of Concerned Scientists, sostiene que el cambio climático está amplificando los efectos naturales de El Niño.
Según el investigador, el fenómeno “ya no ocurre bajo las mismas condiciones de hace treinta años”, pues las temperaturas globales más elevadas intensifican las olas de calor, favorecen incendios forestales y aumentan el riesgo de pérdidas agrícolas.
El meteorólogo brasileño Gilvan Sampaio, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), advierte que Sudamérica enfrentará un fuerte contraste climático: mientras la Amazonía experimentará déficit de lluvias y sequías prolongadas, el sur de Brasil podría registrar precipitaciones extraordinarias con potencial de provocar inundaciones y pérdidas económicas significativas.
Centroamérica, una de las regiones más vulnerables
Los pronósticos elaborados durante el Foro del Clima de América Central indican que Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá podrían experimentar una importante reducción de lluvias acompañada de temperaturas superiores al promedio.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) estima que cerca de 16 millones de personas en América Latina y el Caribe podrían verse afectadas por los efectos del fenómeno, especialmente por el incremento en los precios de los alimentos y la reducción de las cosechas.
En respuesta, gobiernos como los de El Salvador, Guatemala y Honduras ya trabajan con productores agrícolas para introducir técnicas de adaptación que permitan reducir las pérdidas en cultivos de maíz, frijol y otros productos básicos.
Impactos diferenciados en la región
En Argentina, los especialistas prevén un aumento de lluvias y temperaturas durante los próximos meses.
En Brasil, las autoridades monitorean posibles sequías en el norte amazónico y lluvias intensas en los estados del sur.
Chile ha elaborado planes específicos por regiones para enfrentar inundaciones, déficit hídrico y bajas temperaturas.
Colombia advierte sobre disminución del caudal de ríos, riesgo de incendios forestales y posibles afectaciones al suministro de agua y energía hidroeléctrica.
Ecuador ha intensificado el monitoreo oceanográfico mediante nuevas tecnologías para seguir la evolución del calentamiento del Pacífico.
En México, el Gobierno fortalece los sistemas de alerta temprana y prevé una temporada de ciclones más activa en el Pacífico.
Paraguay desarrolla planes preventivos frente al riesgo de inundaciones.
Mientras tanto, Perú mantiene una alerta permanente y estima que El Niño podría prolongarse hasta abril de 2027, afectando tanto la pesca como la agricultura.
Un desafío regional
Especialistas coinciden en que la diferencia entre una emergencia controlada y una crisis humanitaria dependerá de la capacidad de los gobiernos para actuar de forma preventiva.
La experiencia de fenómenos anteriores demuestra que las inversiones en infraestructura, sistemas de alerta temprana, gestión del agua y apoyo oportuno a los agricultores resultan mucho menos costosas que responder a desastres una vez ocurridos.
Con el calentamiento global intensificando los eventos extremos, América Latina enfrenta ahora la prueba de fortalecer su resiliencia climática y preparar a millones de personas para un escenario que podría marcar los próximos meses.
Fuentes: Sol Amaya, Merlin Delcid y Gonzalo Zegarra, de CNN; Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA); Programa Mundial de Alimentos (PMA); Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE); Servicio Meteorológico Nacional de Argentina; Senamhi (Perú); Ideam (Colombia).


