lunes, 15 abril 2024
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¿Acuerdos de Paz? Sí. Acuerdos de Paz

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"Los Acuerdos de Paz, como hito histórico, no fueron más que una declaración de intenciones para pasar a otra etapa de cambios sociales y económicos": Carlos Velis.

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Por: Carlos Velis.

Mucho se está hablando de si sí o si no. Porque en este país, como buenos cristianos, nuestra gente es maniquea. Blanco o negro, bueno o malo, Dios o demonio, conmigo o contra mí.

A lo largo de mi vida he visto cómo instituciones enteras se han borrado con la rapidez de un actual “delete” y han iniciado otras, que sufrieron la misma suerte. Sin hacer un verdadero análisis de lo que se va a destruir.

Ahora les ha tocado a los Acuerdos de Paz. Con un paso, como arabesque de ballet, el presidente dice que esos no valen, no sirvieron para nada y no se conmemoran más. La Asamblea Legislativa les cambia nombre y ahora se conmemora el Día de las Víctimas. Lo aplaudo, pero ni el proceso del Mozote ha avanzado mucho, como para ver algo de coherencia en esos propósitos. Antes se decía: “amor son obras, no buenas palabras”. Al mismo tiempo, la oposición protesta, pero poquito y tampoco argumenta mucho. ¿A qué estamos jugando?

Mi pregunta va porque, por un lado, aunque los Acuerdos de Paz, como hito histórico, no fueron más que una declaración de intenciones para pasar a otra etapa de cambios sociales y económicos pero, por otro, hemos vivido un congelamiento histórico de dicho proceso. No podemos negar que abrieron el terreno para la democracia política y permitió una presencia parlamentaria más amplia, donde hubo representación popular y de la izquierda; pero no fueron suficientes para dar el paso a un cambio más profundo.

Las partes del conflicto no asumieron su responsabilidad con verdadera voluntad. La derecha, en el mismo momento en que comenzó la nueva etapa, comenzó una campaña para demoler cualquier intento de cambio. Esto no lo vio la izquierda, que comenzó su gran carrera por las curules legislativas y los gobiernos locales. La mayoría de militantes del frente, valga decirlo, se retiraron a sus actividades económicas, atendieron a su familia y retomaron su vida civil. Fue la minoría la que ingresó a la política, no precisamente la más capaz. El resultado ha sido un verdadero desastre, dos periodos presidenciales de caquistocracia, contubernios legislativos con la derecha y hacerse de la vista gorda de la implantación del law fare (gobierno de los jueces).

Una vez demolido el intento histórico de un nuevo pacto social, se nos volvió a implantar una dictadura, ahora “dictablanda”, que pasaba por la inmovilidad de la población. Ni sindicatos, ni asociaciones ni nada. No hubo más participación ciudadana ni pesos y contrapesos. Solo leyes y resoluciones judiciales que amarraban las manos del Ejecutivo.

Pero lo más indignante es que no hubo justicia para la población, que la clamaba “tumultuosamente”, como diría nuestro santo. Las heridas de la guerra no se pueden obviar. Existen. Los crímenes de ambos bandos están a flor de piel.

La voz que se alzó fue que el frente había traicionado. Con eso, lamentablemente, se ponía en entredicho toda la historia heroica y de sacrificio del pueblo entero que, durante veinte años (no doce), enfrentó y derrotó a la oligarquía, el Ejército y los cuerpos represivos. Los que traicionaron, amigos, fueron los que se metieron a la política, sin saber ni la O por lo redonda en ese tema. Se dedicaron a pelear por el clientelismo electoral y a coyotear los intereses populares.

Esa es la realidad que nos llevó a las elecciones de 2019 Así llegó el día en que la población le ha dado su total voto de confianza a este gobierno.

A treinta y un años de aquellos acuerdos, con una plaza llena de gente abrazándose y llorando, reconociendo a los que se fueron y regresaban, rememorando a los que se quedaron; otros ojos ansiosos buscando rostros de desaparecidos, como última esperanza de que estuvieran vivos, aunque fuera con secuelas. Cuando nacía una esperanza de un futuro mejor, aunque nadie notó que en aquellas enormes mantas no se mencionó ningún gremio, ni sindicato, ni alguna asociación civil. Pero eso no importaba. De entonces en adelante, el pueblo iba a tomar su camino en sus manos. Pero era un callejón sin salida. Ahora, hay razón para repudiar a aquellos que no supieron comportarse a la altura de aquellos momentos.

Sin embargo, los Acuerdos de Paz siguen siendo válidos. Es nuestro momento más glorioso el que abrió el camino para cualquier logro posterior. No seamos tan insensibles con nuestra propia historia.

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Carlos Velis
Carlos Velis
Escritor, teatrista salvadoreño. Analista y Columnista ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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