Por Alonso Rosales
Periodista y analista internacional
Empleo informal: la EHPM 2025 registra 781,517 personas ocupadas en el sector informal en el área urbana, incluyendo el servicio doméstico; sin incluir este último, la cifra es de 707,386 trabajadores.
Aporte al fisco: no existe una cifra oficial que permita determinar cuánto dinero aportan directamente al fisco los trabajadores informales. No es correcto equiparar su aporte al PIB con impuestos pagados. Sin embargo, estos trabajadores sí generan actividad económica y contribuyen indirectamente mediante impuestos al consumo, principalmente el IVA, cuando realizan compras gravadas.
SAN SALVADOR. El Salvador continúa enfrentando uno de los principales problemas estructurales de su mercado laboral: una elevada proporción de trabajadores desarrolla sus actividades fuera de la economía formal, con menor acceso a seguridad social, financiamiento, capacitación y derechos laborales.
El panorama vuelve a quedar expuesto en el análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que advierte que la informalidad sigue siendo uno de los principales obstáculos para elevar la productividad, la inversión y la calidad del empleo en América Latina.
Según el informe citado, la informalidad laboral regional pasó de 49.6 % en 2019 a 49.7 % en 2021, en medio del impacto de la pandemia, para posteriormente iniciar una reducción hasta alcanzar alrededor del 48 % en 2025. Pese a esa mejoría, nueve de los 15 países con información disponible mantienen tasas cercanas o superiores al 50 %.
En ese grupo aparece El Salvador con una tasa superior al 60 %, de acuerdo con la medición utilizada por CEPAL, colocándose entre los países con mayor informalidad de la región, detrás de economías como Bolivia, Honduras y Perú.
La situación contrasta con países que han conseguido reducir de manera más acelerada la informalidad, entre ellos Chile y Costa Rica, donde la expansión del empleo formal ha estado acompañada por mayores niveles de productividad, inversión y cobertura de protección social.
Más de 780,000 trabajadores informales
Los datos de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) 2025, elaborada por el Banco Central de Reserva, permiten dimensionar el problema desde otra metodología.
La encuesta contabilizó 781,517 personas ocupadas en el sector informal en el área urbana, incluyendo el servicio doméstico. Si se excluye el servicio doméstico, la cifra es de 707,386 trabajadores informales frente a 1,139,486 ocupados en el sector formal.
Esto significa que la informalidad representa una parte sustancial del mercado laboral urbano salvadoreño. De hecho, los 707,386 trabajadores informales que excluyen el servicio doméstico equivalen al 38.3 % del total de ocupados urbanos registrado en esa medición.
La diferencia entre este porcentaje y el superior al 60 % citado por CEPAL se explica, en buena medida, por las distintas definiciones y metodologías utilizadas para medir la informalidad laboral. Por ello, las cifras no deben presentarse como si fueran mediciones idénticas.
La informalidad tampoco afecta de la misma manera a todos los sectores. Una parte importante de estos trabajadores se concentra en actividades por cuenta propia, comercio, ventas y servicios, donde los ingresos suelen ser más variables y existe una menor cobertura de seguridad social.
Un análisis divulgado sobre la informalidad en El Salvador señala que entre 75 % y 79 % de los trabajadores por cuenta propia del sector informal carecen de un local, desarrollando sus actividades desde sus viviendas, calles u otros espacios.
El costo de trabajar fuera de la formalidad
Para el trabajador, la informalidad significa mucho más que no tener un contrato.
También puede significar no contar con cotizaciones suficientes para una pensión, cobertura de salud, prestaciones económicas por enfermedad o accidente y mayores dificultades para acceder a créditos formales.
El Instituto Salvadoreño del Seguro Social dispone incluso de un régimen especial para trabajadores independientes, mediante el cual quienes trabajan por cuenta propia pueden acceder a servicios de salud y determinadas prestaciones económicas.
El problema, sin embargo, es que transformar a cientos de miles de trabajadores informales en trabajadores formales requiere algo más que controles administrativos.
La experiencia regional analizada por CEPAL muestra que las mayores reducciones de informalidad ocurrieron durante los años en que América Latina registró mayores tasas de crecimiento, acompañadas por incremento de la inversión, productividad y expansión del empleo asalariado formal.
Ese proceso perdió fuerza después de 2014, cuando el crecimiento económico regional comenzó a desacelerarse.
Un problema también para las finanzas públicas
La informalidad tiene además una dimensión fiscal.
No significa que una persona que trabaja informalmente no pague ningún impuesto. Un vendedor, trabajador por cuenta propia o pequeño comerciante puede pagar IVA de manera indirecta al comprar bienes y servicios gravados, además de otros impuestos vinculados a su actividad.
Sin embargo, al no existir una relación laboral formal o una empresa plenamente registrada, el Estado tiene mayores dificultades para recaudar impuestos sobre la renta, cotizaciones sociales y otros tributos asociados directamente al empleo.
Por esa razón, no existe actualmente una cifra oficial consolidada que indique cuánto recauda el Estado salvadoreño específicamente de los trabajadores informales. Dar una cantidad determinada como “aporte al fisco” sin una metodología oficial podría confundir la recaudación tributaria con la producción económica generada por este sector.
Esto es particularmente importante porque algunos estudios han estimado que la economía informal genera una proporción significativa de la producción nacional. Un análisis basado en información del BCR estimó que el sector informal representaba alrededor del 21.4 % del PIB, pero esa cifra corresponde a producción económica y no equivale a impuestos pagados al Estado.
El desafío de formalizar el empleo
El Ministerio de Trabajo ha reconocido el desafío y ha planteado programas destinados a facilitar el tránsito de trabajadores informales hacia empleos formales. En 2025, el ministro Rolando Castro afirmó que aproximadamente 66.5 % de los salvadoreños realizaba trabajo informal, y señaló la necesidad de desarrollar una estrategia para avanzar hacia la formalización.
La discusión, por tanto, no se limita a cuántos vendedores trabajan en las calles o cuántos pequeños negocios carecen de registro.
Detrás de las estadísticas existe una economía que emplea a cientos de miles de salvadoreños y que, pese a sus limitaciones, constituye una fuente fundamental de ingresos para numerosas familias.
El desafío para El Salvador consiste en conseguir que la formalización no signifique simplemente más trámites y mayores costos para el pequeño trabajador, sino mejores oportunidades de crédito, capacitación, seguridad social, productividad y acceso a mercados.
La reducción sostenible de la informalidad dependerá, en última instancia, de la capacidad de la economía para generar empleos formales que resulten suficientemente atractivos para trabajadores y empleadores.
Mientras ese proceso no avance con mayor velocidad, la informalidad continuará siendo uno de los principales obstáculos para elevar la productividad, ampliar la protección social y fortalecer los ingresos fiscales del país.


