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martes, 21 julio 2026
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Escrito en una servilleta: La cientificidad social: la propuesta sui géneris de la sociología

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Por: René Martínez Pineda (@ReneMartinezPi1)

En artículos previos he afirmado que la cuestión teórica urgente, de la sociología, es decidir desde cuál perspectiva epistemológica desplegará su constructo teórico, si con la de las víctimas o con la de los victimarios. En el interior del dilema habita la cientificidad como premisa y fin. El problema ontológico es que primero hay que resolver si es posible “la cientificidad” en una disciplina social o, cuando menos, definir en qué medida se logra ésta en el marco de las reflexiones desde la verdad pragmática de la gente, la que es una subjetividad que se objetiva cuando modifica el comportamiento. En mi opinión, la cientificidad en sociología es un acápite sui géneris, por lo que hay que hablar de una “cientificidad social” que comprende y explica el porqué del comportamiento social, y por lo tanto no es predictiva ni se resume en fórmulas matemáticas.     

La sociología es la primera disciplina (podríamos llamarle “ciencia” si le aplicamos la misma premisa de la cientificidad social) que decodificó los cambios en la sociedad moderna -a raíz de la revolución industrial inglesa- que era cada vez más compleja, y por ello se prestaba -y presta- a múltiples interpretaciones que pueden ser incluso antagónicas, razón por la cual es difícil determinar si aquella ha progresado, en lo académico y político-teórico, a lo largo de sus dos siglos de existencia. Yo creo que la sociología ha progresado y retrocedido, al mismo tiempo, pues hoy hallamos, por un lado, sociólogos negacionistas, y, por otro, a sociólogos reinvencionistas. Los primeros se amparan en la sociología de las ausencias (narrativa del victimario) y la memorización lineal de las ideas de intelectuales foráneos cuyo apellido no saben pronunciar (memorización estéril, pues no produce ideas propias ligeramente significativas). Los segundos, nos guarecemos en la sociología de las presencias que se expresa en la narrativa de las víctimas.    

Es la sociología reinvencionista la que actualiza (readecua) el constructo teórico desde la concepción de cientificidad social, trastocando el hábitus del análisis obtuso, y expulsando de sus fronteras la falacia de las hipótesis y la perversión de los sofismas (la pre-mentira con la máscara de posverdad) que buscan que el pasado vuelva a pasar, rompiendo con ello el carácter histórico de la sociedad y el de la teoría que la refleja.

Aunque no está oficializado por la Academia, hay un silencioso debate en torno a la cientificidad de la sociología, el cual se generó ya que, a la hora de interpretar la realidad, hay por lo menos dos posturas antagónicas, cada una reclamándola como suya para darle un criterio de autoridad a sus reflexiones, y eso le da vigencia al concepto de “cientificidad social”. Y es que la sociología, retirando el lastre de los sociólogos resentidos y pétreos, está en proceso de reinvención de su teoría para, desde ella y con ella, transformar la realidad con audacia política (replicabilidad) y sensatez conceptual. No obstante estar reinventándose, la sociología salvadoreña se ve obliga a volver sobre sus conceptos originarios (clásicos) para readecuarlos o excluirlos, tales como: utopía, revolución social, transformación social, tiempo-espacio, ciudadanía, socialización, relaciones sociales, por citar algunos.

El retorno a los conceptos clásicos -descubrimiento de sí misma- es lo que propicia el debate, debido a que los sociólogos de papel quieren dejarlos tal cual fueron creados (para que la literalidad impida el avance de la sociedad, con la coartada de la teoría por la teoría), mientras otros lo hacemos para comprender, con un nuevo paradigma, los sucesos de la sociedad del siglo XXI al que entramos de forma tardía. Aunque hablamos de posturas antagónicas, ambas implican una refundación epistémica (de la que, por conveniencia, algunos sociólogos no se dan por enterados), en tanto ruptura-apertura, algo así como el choque frontal entre lo dado (la teoría -per se-) y lo dándose (las evidencias que pugnan por nuevos conceptos), o sea el choque entre la vieja sociedad que se niega a morir, y la nueva que se tarda en nacer debido al asedio al que es sometida su partera empírica: el pueblo.

La sociología que se reinventa para luchar contra la sociología estéril tiene como misión plantear constructos teóricos seculares que superen el pensamiento mágico religioso de los sociólogos que, halándola del pelo, meten la realidad en la teoría, en lugar de readecuar la teoría con las evidencias de la realidad (lo concreto pensado) que plantea otras interrogantes, revela las anomalías y hace suyo el conocimiento social para tejer el conocimiento de lo social. Entre la teoría sociológica que explica menos (o nada), porque está prendida del pasado (lo dado, lo conjetural, lo etéreo), y la sociología que amplía el presente reduciendo el pasado (sin borrarlo), la elección es casi natural.

En estos años en los que las barreras entre las ciencias sociales (e incluso las ciencias duras) están siendo permeadas por la realidad (los constructos teóricos son cada vez más interdisciplinarios, a tal punto que la sociología debe recurrir a la Física Teórica para definir qué es el tiempo-espacio sociológico), la sociología es algo cada vez más complejo que navega en las turbulentas aguas de lo que es y lo que queremos que sea.

La anterior es una afirmación baladí hasta que “lo que queremos que sea” la sociología, se da un baño de pueblo para ser lo que debe ser: un pilar para la transformación social desde los imaginarios y condiciones heredadas. Y es que no se puede transformar la realidad sin la motivación social y principios morales que siempre están presentes e intactos en la población, aun en las horas más oscuras en las que sería comprensible su ausencia. El sociólogo que afirma que “la población salvadoreña se ha desensibilizado y carece de moral” (una afirmación infame que vuelve más infame a quien la dice) sólo pone en evidencia que hay algunos sociólogos “encumbrados” que tienen las neuronas en el hígado y las sinapsis en la lengua. Eso podrá sonar como una frase pedestre, pero no es más pedestre que despreciar a la población.

El hígado, órgano curioso y antípoda que, por eso de las casualidades causales, está a la derecha.

René Martínez Pineda
René Martínez Pineda
Sociólogo y escritor salvadoreño. Máster en Educación Universitaria

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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