Por: Carlos F. Imendia
La dictadura sandinista parece tener podridos sus cimientos (por lo menos los familiares), a pesar de crear esa imagen sólida de la vigencia del Sandinismo en el pueblo nicaragüense usando como siempre al ejército respaldando a la dictadura, que sufrió su más grave crisis en abril de 2018 y la matanza de los jóvenes que salieron a protestar pacíficamente.
Sin duda hay un desgaste, la senilidad ya le pasa factura a Daniel Ortega, se las cobra en ausencias en actos públicos, lagunas mentales en televisión abierta, incoherencia cognitiva, caminar lento y descoordinado, etc. Mientras Rosario Murillo, parece ser una mujer fuerte con sangre fría de perversa mirada, a pesar de ir perdiendo poco a poco su dentadura, y rehusarse a utilizar implantes dentales, su debilitamiento cognitivo trasciende en la desconfianza total de todos, y cuando se dice de todos, esto alcanza a sus propios hijos de sangre.
Murillo procreó dos hijos con un fulano Narváez, Rafael y Zoilamérica, en una convulsa y explosiva declaración en mayo de 1998, Zoilamérica declaró a los medios nacionales e internacionales que Ortega la violó en múltiples ocasiones durante una década. Narváez declaró a los tribunales que Daniel Ortega comenzó a acosarla y tocarla cuando ella tenía 12 años provocando un grave trauma psicológico. Ante los sucesos políticos que sobrevivieron a esa grave denuncia, la frivolidad de una madre obstinada por el poder, desvirtuó la denuncia y rompió la relación entre madre e hija.
El régimen descansa en un Matriarcado, entre los hijos no biológicos de Ortega (adoptados) y los biológicos suman 9 hijos. Todos en puestos claves del gobierno, algunos dominando medios de comunicación y propaganda. Dentro las paranoias de Co-dictadora, es detectar la falta de aceptación de su descendencia por parte de las bases y mandos sandinistas de confianza, entre los casos más impactantes fue el de las declaraciones negativas a Infobae del ex General Humberto Ortega hermano de Daniel Ortega , respecto de no ver capacidad en la nueva generación de los Ortega y eso le valió el arresto domiciliar de facto que desmejoró su salud y lo llevó a la muerte en custodia de la Policía sandinista en septiembre 2024.
Pero el más cruel y despiadado acontecimiento producto de la paranoia de Murillo fue contra su propio hijo Juan Carlos y su nuera la ex reina de belleza Xiomara Blandino a la cual la policía sandinista custodia y restringe libertad en la casa de sus padres, le retiraron su pasaporte y lo más cruel y desalmado se le restringió la custodia de su hijo menor.
En un poema desgarrador, y como un medio válido para poder comunicar su sentimiento, Juan Carlos Ortega hizo público el poema titulado: “Vas destruyendo todo”. Un dardo certero al insensible corazón de Rosario Murillo, pero que también da una señal de fracturación familiar que pudiera dar origen a la disolución por desgaste del régimen más arrinconado y en la mira de USA.



