Zarko Pinkas-Ramírez |
Tras la publicación de una reseña sobre Alma de Gallo, conversamos con su autor acerca del poder casi vivo de los libros, la lectura como acto de transformación y el realismo mágico como lenguaje indispensable para narrar América Latina.
El otro día publiqué una nota sobre la lectura de Alma de Gallo, una obra que considero estimulante en un momento en que el hábito de leer parece desplazado por el ruido digital y la inmediatez. Se trata de una novela de lectura ágil, pero cargada de reflexión, que rescata el vínculo íntimo entre el lector y el libro, y lo sitúa en un terreno casi místico. Más que contar una historia, la obra plantea una experiencia: la posibilidad de que el libro no sea un objeto pasivo, sino una presencia que escoge, interpela y transforma.
En esta conversación, el escritor salvadoreño Manuel Meléndez Morán profundiza en esa idea que atraviesa la novela: los libros que “eligen” a sus lectores, la lectura como conquista personal y la literatura como espacio de libertad interior.
1. En Alma de Gallo el libro no es un objeto pasivo, sino una presencia que parece escoger a sus lectores.
¿En qué momento sintió que la literatura podía tener ese poder casi vivo, casi consciente, sobre una persona?
Cada vez que visito algún país, enseguida pregunto por las ventas de libros usados. Tiendas muy populares que están en todas las grandes ciudades, desde México hasta la Argentina. Cuando entro a uno de esos pequeños locales atiborrados de libros, desde el techo hasta el piso, soy una persona feliz. Nunca voy con algo en mente, sino que me impulsa esa ilusión de ver qué encuentro. Cuando he tenido suerte descubro un libro que jamás había pensado leer y del cual muchas veces nunca había escuchado hablar. En esas vueltas he encontrado ediciones antiguas publicadas hace más de un siglo por autores desconocidos. Me encanta imaginar que tengo en mis manos el último ejemplar y soy el afortunado lector final.
De esa experiencia que he tenido desde adolescente me surgió la idea de que en esos lugares existen libros que escogen al lector. Siempre supe que esa era “la semilla” de un excelente relato, porque ciertamente no lo andaba buscando y salía con él bajo el brazo. Por alguna extraña razón se me aparecía y una fuerza extraña, que todavía no entiendo, me obligaba a llevármelo.
En el centro de San Salvador, allá por la década de los sesenta y setenta, visitaba dos tiendas de libros usados: la del “Choco Albino” y la del “Barbudo”. Esos eran mis grandes paseos y en uno de ellos compré mi primer libro de segunda mano, que me dejó sin el dinero del bus y me tocó caminar ocho largos kilómetros hasta la casa, bajo el sol terrible de un lejano verano.
2. Desde Gutenberg, el libro impreso se convirtió en una de las grandes tecnologías de la civilización.
¿Cree usted que leer es también una forma de construir humanidad, de sostener cultura, de resistir la barbarie?
Esa es una afirmación absolutamente cierta para quienes somos lectores o escritores, pero no para la gran mayoría de la raza humana que ha optado por un analfabetismo de facto, donde apenas leen instrucciones para echar a andar un electrodoméstico o preparar una receta de cocina.
Sin tratar de justificarlos, sino de comprenderlos, para nadie es un secreto que hoy la gente lee menos. Situación que, a mi manera de ver, tiene explicaciones que no son ninguna novedad para nadie. Ahora contamos con cientos de canales de televisión, además de todo el entretenimiento imaginable en internet. Esta saturación de opciones sobre qué hacer en nuestro tiempo libre es como la comida chatarra para el espíritu, que mientras más sabrosa, más dañina.
El ritual de la mayoría es que al llegar a casa encienden el televisor y apagan el cerebro. Es la salida fácil y adictiva para olvidarnos de nuestros problemas, donde lo último en que piensa cualquier vecino es en disfrutar de una lectura.
Contra esa realidad monstruosa se compite cuando se publica un libro: se tiene un público que, si bien es cierto, aprendió a leer, no dio el siguiente paso, que es aprender a leer literatura, que es una cosa muy diferente.
Cuando comencé a escribir mis relatos, de pronto me encontré con que tenía nueve terminados y listos para publicar. Era el trabajo de dos años y sentía que los personajes se negaban a seguir encerrados en la memoria de mi computadora y querían salir a la luz. Fue entonces que me preocupó pensar en quién los iba a leer, aparte de familiares y amigos.
Encima de esa preocupación tan válida, cuando entré a la plataforma de Amazon y me enteré de que allí se publican casi un millón y medio de títulos al año, me aterroricé, porque no es suficiente escribir una excelente obra, sino que hay que salvarla de morir sepultada bajo toneladas de libros en los que invierten miles de dólares para promocionarlos y hacerlos visibles en medio de esa vastedad, cuando yo no tengo ningún presupuesto.
La única razón, o a lo mejor la más importante, que me llevó a publicar Alma de Gallo se debe a que me dejé guiar por el espíritu contumaz de los personajes de mis novelas —entiéndase: necios, porfiados, que van contra todo lo establecido y no les importa estar equivocados—.
Podría decirte que para lanzarme a semejante aventura me amparé en la idea darwiniana de que, si la obra es buena, sobrevivirá por méritos propios y con el paso del tiempo muchos se divertirán leyéndola. En conclusión, publiqué mi primera novela confiando en que esa evolución de la naturaleza también se aplica a los libros. Idea que por de pronto solo yo me la creo y aunque no lo llegue a ver sé que mis obras saldrán delante de la barbarie de la tecnología en que estamos inmersos.

3. Su novela sugiere que un libro puede cambiar una vida no por entretenimiento, sino por transformación interior.
¿Qué es lo que realmente ocurre cuando un lector se encuentra con un texto que lo “despierta”?
Existe una realidad que en más de algún lugar debe estar científicamente comprobada, donde demuestran que leer es como llevar al gimnasio a tus neuronas. La lectura te obliga a tener una actitud activa y te pone en un estado de alerta y total lucidez. Siempre he sostenido que el hábito de leer literatura lo alcanzan quienes han aprendido a divertirse pensando. Esa es la transformación más importante que obtiene en su vida una persona a través de la lectura.
Pero ese hecho de despertarte a pensar tan solo es el primer paso. Porque la otra condición es que hayas elegido una lectura que te deje “algo” para cambiar tu vida de manera positiva o que llene tu espíritu literario, permitiéndote ver el mundo de diferentes maneras, como si viajaras a través de sus páginas.
El personaje de Alma de Gallo, durante todo el primer capítulo identificado como “Dos aclaraciones necesarias”, despotrica duramente contra los libros de autoayuda o motivacionales, que él llama de autoengaño, por considerarlos una farsa.
Este argumento advierte que no toda lectura te lleva a un despertar, sino que también puede llevarte a un adormecimiento, a ser víctima de una manipulación. Desafortunadamente, todos los días se publican más libros de este tipo que se venden por millones y realmente hacen mucho daño, porque dejan el mensaje equivocado de que tener éxito o triunfar en la vida tiene recetas mágicas.
4. El protagonista es un adolescente marcado por la dislexia, alguien para quien leer parecía imposible.
¿Por qué quiso que la lectura apareciera como una conquista, como un acto casi heroico y no como algo automático?
Existe un tema que recorre por debajo de todas mis narraciones, y es el de la discriminación, la marginación y el sufrimiento que padecen las personas que tienen alguna condición especial. Estamos ante un hecho heroico cuando cualquier ser humano la supera o la maneja.
Nuestro personaje padece dislexia en una época en la cual esa situación era incomprendida. Su juventud la vive durante los años sesenta y es blanco de burlas de todo tipo, a las que él responde convirtiéndose en el más pillo de los pillos. Su vida cambia cuando se encuentra con el libro, y de eso se trata el relato.
5. El subtítulo habla de “personalidad viril”, pero la novela se aleja del machismo tradicional.
¿Qué significa para usted la virilidad en un sentido filosófico: carácter, conciencia, responsabilidad?
Un gran recurso que utilizo en mis relatos es plantear preguntas que habitualmente no nos hacemos en nuestra vida. Y eso es filosofar. Alma de Gallo podría decirse que lanza una pregunta controversial: ¿cuál es la diferencia entre machismo y virilidad? La respuesta no es el resultado de ningún estudio sociológico ni antropológico, ni siquiera es una diferencia conceptual extraída de un diccionario. La respuesta se va construyendo con la evolución del personaje principal a través del tiempo literario de los doce años que dura el relato.

6. Muchos escritores han dicho que leer expande la mente porque nos permite vivir otras vidas.
¿Diría que la lectura es una forma de libertad interior, incluso cuando el mundo exterior es limitado?
Yo diría que, más que permitirnos vivir otras vidas, la literatura es lo más parecido a que, durante la lectura, te vas produciendo una película dentro de la cabeza que nadie más puede ver. Estableces un vínculo único, porque te armas imágenes, les das colores y les imprimes tu propia experiencia. Eso es lo hermoso, por ejemplo, de leer Cien años de soledad y lo triste de ver la serie de Netflix, no porque sea mala, sino porque no tiene mucho que ver con esa película que ya te hiciste en la cabeza cuando la leíste y tu imaginación supera la producción.
Esa obra llegó a mis manos por primera vez cuando tenía 17 años, durante el bachillerato, y mi último encuentro con Macondo fue a los 60, ya durante mi jubilación. Ciertamente, si algo te genera el paso del tiempo es que, por todo lo vivido, tienes un mundo interior más amplio que te hace disfrutar de otra manera tus lecturas, porque, aunque sea la misma obra, es diferente debido a que tú has cambiado.
Pero con los años me ha pasado algo que no me esperaba con la literatura. Cuando comencé a escribir mis novelas, hace unos doce meses, tuve que dejar de leer porque escribir me absorbió todo el día y la vista ya no da para tanto. Mi conclusión fue que había comenzado a leerme a mí mismo. Esa práctica de contarme mis propios cuentos me causó un sentimiento nuevo que me impulsa a seguir tecleando en la computadora, porque necesito saber qué más hay dentro de esta cabeza, qué historias tengo que sería un pecado que se fueran conmigo y nadie las conociera, ni siquiera yo.
7. Alma de Gallo está atravesada por anotaciones, huellas de antiguos lectores.
¿Qué representa esa idea de que un libro también es una conversación entre generaciones, una memoria colectiva?
Para responder esto, se hace necesario volver a la tienda de libros usados donde apareció Alma de Gallo. Cuando compras un libro de segunda mano, por lo general se encuentran en él anotaciones y marcas que le han hecho los antiguos propietarios. Esto, para mí, es parte del encanto que tiene adquirir un libro usado, porque son textos que ya han tenido un recorrido y me divierte tratar de descifrar el significado de los subrayados y las anotaciones que hayan hecho en él sus anteriores propietarios.
Esto no sucede en un libro nuevo, donde se considera un sacrilegio escribirle cualquier cosa en sus márgenes o marcarlo de alguna manera grosera.
Alma de Gallo no es para nada un manual de buenas costumbres masculinas, sino que trata sobre la historia de un libro único en ese universo casi infinito de la literatura, donde el autor invita a quienes lo posean a escribir en los márgenes sus opiniones sobre ese tema tan controversial como es la virilidad.
Es el único libro, que yo sepa, que tanto en la ficción como en la vida real invita a una conversación en sus páginas, convirtiéndose en una memoria colectiva, en un ser tan vivo que llega un momento en el que muere.
8. Usted inscribe la novela dentro del realismo mágico.
¿Qué le permite este género que no le permitiría un realismo puro? ¿Qué parte de América Latina exige todavía lo mágico como lenguaje?
El realismo mágico ha existido, sin recibir ese nombre, desde que los primeros humanos narraban sus historias alrededor de una fogata. Esos relatos eran memorables en la medida en que tenían una explicación que iba más allá de la lógica y de aquello que podían ver. Entraban en el ámbito de lo inexplicable y lo misterioso. Esta narrativa mantenía en vilo a los oyentes, quienes echaban a volar su imaginación, y los mantenía despiertos, porque era una explicación mágica de la realidad que los rodeaba y no comprendían.
En definitiva, el realismo mágico es un recurso literario, como pueden ser el monólogo interior o los saltos de tiempo, que los escritores han utilizado para metaforizar la realidad. A ese recurso narrativo, que es tan antiguo como la humanidad, le pusieron nombre y se popularizó con García Márquez y los geniales escritores del boom latinoamericano.
Todo lo que escribo parte de una realidad que se metaforiza, comenzando porque son acontecimientos que pueden suceder en cualquier barrio de alguno de nuestros países de América Latina o en algún lugar imaginario, como sucede con “Cien Ceibas”, el pueblo de Alma de Gallo. Los personajes de mis novelas están armados a partir de cientos de individuos que he conocido a lo largo de mi vida, donde la magia surge en el relato cuando adquieren vida propia y comienzan a narrar su historia, haciendo de cuenta y caso que yo no existo.
Soy un convencido de que la literatura necesita del realismo mágico, a menos que estemos hablando de novelas históricas, donde la creatividad está en descubrir y decir la verdad bien dicha.

9. Vivimos una época donde se consume información, pero se lee menos literatura.
¿Qué cree que pierde una sociedad cuando abandona los libros como experiencia profunda y se queda solo con lo inmediato?
La sociedad pierde lo que ya hemos perdido. Ahora vivimos en una etapa oscura de “borreguismo”, donde se adora lo ordinario y se glorifica la patanería, desde la música espantosa que los jóvenes escuchan hasta los políticos impresentables que los pueblos eligen para gobernarlos, y ese no es invento mío, sino una triste realidad. Supe que el mundo se había descompuesto cuando pasamos del jazz al rap.
Leer no te hace una mejor persona, pero al menos te hace más crítico ante todo lo que te rodea y pretende condicionarte. Una de esas cosas es la sobresaturación de información, donde las noticias y mensajes, al abrir tu teléfono, son pura basura, por no decir una palabrota, porque es propaganda disfrazada de periodismo o de estudios de opinión pública que te quieren imponer, a fuerza de repetición, una narrativa que no tiene nada que ver con la realidad.
Algo similar ha ocurrido con todo aquello que se publica bajo el prestigioso formato de un libro, donde a cualquier escrito se le llama literatura. El desafío consiste en encontrar la manera de alertar a la gente que no lee sobre cómo rechazar una noticia falsa o detectar cuándo una obra no es una pieza de arte, sino un mamotreto.
Encima, para terminar de confundir ese ya confuso panorama, nos cae de golpe la inteligencia artificial.
Hasta este momento que vivimos, parece que la avalancha de basura está ganando la partida. No tengo respuesta sobre qué hacer, salvo tratar de que la gente comience a leer y volverla más crítica. Me imagino que esto puede estar en la base de la solución, pero resolverlo será una tarea que deberán asumir las nuevas generaciones de intelectuales.
10. Finalmente, más allá de la trama, la novela deja la sensación de que nada es casual, de que el lector también es elegido.
¿Le gustaría que Alma de Gallo funcione como una invitación a recuperar el vínculo íntimo entre persona y libro, como un acto casi sagrado?
El fin más noble que puede tener un escritor en nuestros tiempos es el compromiso de contribuir a recuperar ese vínculo que antes existía entre el lector y la literatura. No es que sienta nostalgia por regresar al pasado, sino terror por un futuro donde presagian que los libros desaparecerán, así como sucedió con los discos de vinilo y como ya está pasando con las librerías y los periódicos impresos. A quienes no hayan hecho esta reflexión los invito a leer Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, publicada en 1953.
En mi caso, sería lograr que los próximos libros que estoy por publicar sean bien recibidos por quienes hayan tenido la experiencia de leer Alma de Gallo y sigan la lectura de esta saga durante todo el 2026.
En definitiva, mi invitación es a que luchemos para que quienes hayan perdido su hábito de leer se reencuentren con la literatura y quienes no la conozcan la descubran. Es una quijotada, por supuesto, pero de lo más legítima y necesaria que existe en el mundo, tanto como puede ser salvar las especies en peligro de extinción o la lucha contra la descontaminación de los ríos y mares.
Alma de Gallo se encuentra disponible actualmente en Amazon, donde puede adquirirse en formato impreso o digital. Dejamos el enlace: https://www.amazon.ca/ALMA-GALLO-Compendio-sabidur%C3%ADa-personalidad/dp/B0GLVKVDXL


