Zarko Pinkas |
Madre e hija comparten una historia de disciplina, arte y deporte marcada por la perseverancia, el amor por El Salvador y la convicción de que los grandes sueños se construyen un día a la vez.
Detrás de cada atleta hay una historia que pocas veces se cuenta completa. Una historia de sacrificios silenciosos, madrugadas, entrenamientos interminables, decisiones difíciles y sueños construidos paso a paso. Pero también hay familias, maestros, entrenadores y valores que acompañan el camino mucho antes de que lleguen las medallas o los reconocimientos.
En el caso de Sol Solórzano, una de las principales exponentes de la gimnasia rítmica salvadoreña, que desde los 13 años logró sobrepasar los 19 puntos en Brasil (nota más alta para El Salvador en ese año), y cuyo recorrido ha estado marcado por la disciplina, la perseverancia y una profunda convicción personal. A sus 17 años, ha representado a El Salvador en importantes escenarios internacionales, y actualmente quedando en primer lugar en los tres clasificatorios para el Campeonato Panamericano 2026 y Juegos Centroamericanos del Caribe 2026 y quién continúa preparándose para nuevos desafíos que la llevarán nuevamente a portar los colores nacionales en competencias de alto nivel, como por ejemplo el Campeonato Mundial 2026 en Alemania, plaza adquirida en su participación en Rio de Janeiro 2026.
A su lado ha estado siempre su madre, Rebeca Dávila Dada, una mujer cuya trayectoria en el arte, la cultura, el modelaje, la gestión de proyectos y el ámbito empresarial también ha estado definida por la constancia, la preparación y la búsqueda de la excelencia. Desde experiencias distintas, ambas han aprendido que el éxito no se construye únicamente a través de los logros, sino mediante la capacidad de superar obstáculos, mantenerse fieles a sus valores y encontrar fortaleza en los momentos más difíciles.
Esta conversación es un recorrido por las lecciones que han marcado sus vidas, el significado de representar a El Salvador, los desafíos que enfrenta una atleta de alto rendimiento y el papel fundamental que juega la familia cuando los sueños exigen entrega absoluta.
Madre e hija comparten una misma convicción: los resultados son importantes, pero el verdadero triunfo consiste en convertirse, día a día, en una mejor versión de uno mismo.
1. Zarko Pinkas: Ambas han vivido procesos de disciplina y exposición desde edades muy distintas. ¿Cómo sienten que esas experiencias las han formado como personas?
Rebeca :
Desde muy joven entendí que la disciplina no solamente tiene que ver con alcanzar metas, sino también con aprender a conocerse a uno mismo: reconocer cuáles son tus fortalezas, tus talentos y tus dones; fijar un objetivo a la vez; confiar en tu proceso y en tus decisiones.
Esa fue una lección que aprendí de mi padre, Carlos Ramón Dávila, un hombre honorable, poeta, economista y abogado de gran trayectoria, que literalmente era una enciclopedia en vida. Mi padre decía: “Hay dos clases de personas en el mundo: las inteligentes y las ignorantes. Tú eliges dónde quieres estar”. Tomé ese consejo como un lema para mi vida.
La danza, el modelaje, la actuación y los espacios culturales me enseñaron constancia, responsabilidad y también sensibilidad humana. Ganar una beca Fulbright, una beca de JPMorgan Chase y una beca universitaria para la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York, requirió mucho trabajo y concentración.
Comprendí que la excelencia radica en los detalles, en dar esa milla extra, en la repetición, en la práctica y en la inteligencia para distinguir cuándo llega una oportunidad y tener la valentía de tomarla. Creo que todas esas experiencias hoy me ayudan a comprender mejor el proceso que vive Sol y a compartir con ella esos consejos que una vez recibí de “Monchito” Dávila, mi papi.
Sol:
La gimnasia me ha enseñado a ser más organizada, más fuerte emocional y mentalmente, y también a confiar más en mí misma.
Mi recorrido en el deporte ha estado lleno de retos. El primero ha sido combinar mis estudios académicos con los entrenamientos y alcanzar la excelencia en ambos, ya que inicié en la gimnasia rítmica hace diez años.

El segundo ha sido pasar por diferentes entrenadoras, cada una con metodologías técnicas e historias personales distintas. Algunas más humanas, otras más estrictas; algunas indiferentes, otras más sabias, estratégicas o complejas. Todo eso me enseñó a confiar en mí misma, a fortalecer mi mente y a comprender que el éxito dependía de mí.
En las competencias estoy sola sobre el tapete, con mis aparatos y mi música. Allí entendí que podía arriesgarme. Reconozco y agradezco cada momento difícil o cansado que he tenido que superar, porque siento que todo eso me ha ayudado a crecer como persona y a valorar aún más cada logro.
2. Zarko Pinkas: Sol, a tu edad ya has tenido la experiencia de competir y representar a El Salvador fuera del país. ¿Cómo vives esa responsabilidad mientras continúas con tus estudios y tu vida cotidiana?
Sol:
No siempre es fácil, porque hay que aprender a equilibrar muchas cosas al mismo tiempo, pero también es una experiencia muy bonita.
Competí en Brasil en un Campeonato Panamericano por primera vez a mis 13 años, ahora tengo 17 años y mientras la mayoría de mis amigos están socializando, muchas veces yo debo quedarme en casa descansando o entrenando. Tengo citas con nutricionistas que llevan un control de mi peso, por lo que no puedo comer cualquier cosa. Asimismo, cuento con el apoyo de mi psicóloga, Laura, de Costa Rica, quien me ha ayudado a encontrar calma en momentos de ansiedad.
También está el respaldo de mi familia, que ha vivido junto a mí cada paso del camino y ha estado pendiente de cada gestión necesaria con la Federación de Gimnasia y con mi colegio, el Liceo Francés.
Aprovecho para agradecer a la mayoría de mis profesores y al director del colegio, quienes han mostrado su apoyo para que pudiera continuar con mi carrera deportiva a lo largo de tantos años. También agradezco a Iliana Milanova, mi primera entrenadora, por inspirarme y motivarme en este deporte.
Lo que más disfruto es competir, representar a mi país y, al mismo tiempo, continuar con mis estudios y mi vida cotidiana. He representado a El Salvador en los Juegos Bolivarianos 2025 en donde clasifique a 3 finales, Campeonatos Panamericanos y Copas del Mundo, como por ejemplo en Portugal 2025 que participe junto a la atleta Olivia Fischer, también de la selección de El Salvador. En julio representaré a El Salvador en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026, en República Dominicana, así como en el Campeonato Mundial de Alemania 2026.
Creo que todo requiere organización y la certeza de que existen personas que sí creen en ti.
Rebeca:
En mi vida he enfrentado muchos retos: ser Miss El Salvador, empresaria, coordinar proyectos culturales y ambientales junto a organismos de cooperación internacional. Sin embargo, ser madre de una deportista ha sido el desafío más grande de todos.

Como mamá, uno aprende a acompañar estos procesos entendiendo que detrás de cada competencia también existen cansancio, sacrificio y presión emocional. También implica gestionar ante las instancias correspondientes para que se atiendan las necesidades que requiere una atleta de élite y para que reciba el lugar que merece. Además, supone velar por el respeto de sus derechos como menor de edad.
Es fundamental saber distinguir cuándo una exigencia deportiva contribuye a su crecimiento como atleta y cuándo puede poner en riesgo su salud. También, buscar financiamiento y apoyo económico para competencias y procesos de formación internacional ha significado muchísimo trabajo, ahora estamos organizándonos para recaudar fondos y patrocinios para la participación de Sol en el Campeonato Mundial 2026, porque sabemos que esas oportunidades muchas veces solo llegan una vez en la vida. Esperamos lograr este desafío.
Creo que es importante que los padres de deportistas escuchemos a nuestros hijos y que el sueño de alcanzar una meta no nos haga olvidar lo verdaderamente importante: que disfruten el deporte cuidando su salud física, mental y emocional.
Muchas veces, como padres y representantes legales de Sol, hemos tenido que decir: “Dale con todo, amor”, y otras veces: “Esto no nos parece”. Este viaje ha requerido equilibrar muchos factores, pero siempre respetando una prioridad absoluta: la felicidad de nuestra hija.
Tratamos de que Sol viva esta etapa con equilibrio y que también disfrute plenamente su juventud.

3. Zarko Pinkas: Rebeca, viendo hoy a tu hija dentro de un mundo competitivo y exigente, ¿qué recuerdos de tu propia juventud vuelven a ti?
Rebeca:
Hay unas palabras que siempre le he dicho a Sol: “La práctica, la preparación y la planificación hacen al experto”.
Verla crecer en este mundo me recuerda la importancia de la preparación, la constancia y también las inseguridades que a veces uno puede sentir cuando se desarrolla en ambientes tan exigentes.
Estudiar actuación en Nueva York, en el Producers Club; participar en audiciones con más de cien personas; involucrarme en modelajes y concursos internacionales; asistir a entrevistas para universidades extranjeras y becas; negociar trabajos soñados; y actuar en el Teatro Nacional, fueron experiencias que me permitieron conocer mis defectos, aceptarlos y superar mis mayores inseguridades.
También aprendí a decir “no” cuando algo comprometía mis valores. Creo que por eso trato de acompañar a Sol desde la comprensión y no únicamente desde la expectativa, recordándole que, en ocasiones, también es válido decir: “No estoy de acuerdo”.
Sol:
Siento que mi mamá comprende muchas cosas que quizá otras personas no entienden tan fácilmente, porque ella también vivió procesos en los que la disciplina y la exposición pública eran importantes.
Mi papá también ha sido un ejemplo para mí. Armando Solórzano se convirtió, gracias a mucho esfuerzo, es un empresario importante para el turismo en El Salvador con sus hoteles, tiendas y restaurantes en la playa. Además, es compositor y músico reconocido en el país.
Antes de cada competencia, mi mamá siempre se toma el tiempo para guiarme en ejercicios de relajación basados en yoga, meditación, oración, automotivación y visualización. Sin embargo, sus últimas palabras casi siempre son las mismas: recordarme que soy una Solórzano Dávila.
Con ello hace referencia a todo lo que ella y mi papá han tenido que superar para llegar hasta donde están, desafiando muchos imposibles e ignorando energías negativas. Me recuerda que ese esfuerzo se construye día a día, una cosa a la vez.
Sobre todo, me hace saber que tengo el poder de lograr lo que quiera porque Dios habita dentro de mí.
4. Zarko Pinkas : ¿Qué significa para ustedes representar a El Salvador desde espacios tan distintos como el arte, la cultura y el deporte?
Sol:
Para mí es un orgullo muy grande.
Cada vez que compito siento que llevo conmigo no solo mi esfuerzo personal, sino también el nombre de mi país y de todas las personas que me apoyan.
A veces me preocupa decepcionar a quienes amo o a mi país, pero mis padres siempre me han dicho: “Tú no le debes nada a nadie, sino a ti misma. Tu logro será también el logro de El Salvador”.
Entiendo que esto lo hacen porque un atleta competitivo lleva sobre sus hombros mucho más que sus propios sueños: lleva a su familia, amigos, entrenadores, jueces, a una federación completa y, de alguna manera, a un país entero.
Antes de competir, mi mamá suele recordarme: “Cada punto te lo has ganado; nadie te lo ha regalado. Lo puedes lograr”.
Rebeca:
Representar a El Salvador siempre implica una gran responsabilidad, pero también un profundo amor por nuestras raíces.
Creo que tanto el arte como el deporte son formas de mostrar la sensibilidad, el talento y la capacidad de nuestra gente, pero sobre todo el amor por nuestra bandera.
Personalmente, he tenido el honor de portar la bandera de El Salvador en presentaciones internacionales, negociaciones de país y diversos espacios de representación. Sin embargo, también he sentido ese orgullo cuando Sol ha ganado cada medalla y se ha envuelto en la bandera de El Salvador, cuando se ha coronado campeona centroamericana con medalla de oro, cuando ha clasificado a finales en los Juegos Bolivarianos o cuando ha conseguido plazas para la participación de El Salvador en competencias internacionales.
Aprovecho también para hacer un llamado a las instituciones responsables del deporte en nuestro país. Lo más importante son los atletas, porque son ellos quienes obtienen los trofeos y las medallas para El Salvador. Sé que detrás de cada atleta existe una historia llena de experiencias maravillosas, pero también de desafíos. Por eso considero fundamental que sean escuchados y que siempre prevalezca el deporte justo y transparente.
5. Zarko Pinkas : Sol, detrás de cada competencia también existe una parte emocional que el público casi nunca ve. ¿Qué pasa por tu mente antes de salir a competir?
Sol:
Pasan muchísimas cosas por mi mente. Siempre hay nervios, pero también emoción.
Es precisamente allí donde el papel de la entrenadora se vuelve vital. La conexión que existe con ella, cuánto te conoce y cómo logra encontrar las palabras exactas y las acciones necesarias para apoyarte antes de salir al tapete, marca una gran diferencia.
Ella es la última persona con quien tienes contacto antes de competir. Allí es donde se distinguen las entrenadoras extraordinarias: aquellas que, además de dominar la parte técnica, poseen inteligencia emocional.
Una vez que salgo al tapete pienso: “Esta es mi rutina. Son mis aparatos. Ya lo he logrado antes. Puedo hacerlo”.
Entonces me digo a mí misma: “Respira, Sol, respira”.
Intento concentrarme y crear mi propia burbuja dorada, llena de luz y brillo intenso, donde solamente existimos mi música, mis aparatos y yo.

Rebeca:
Ufff… esa es una pregunta muy difícil.
Entender que entre tres y ocho horas de entrenamiento diario se reducen a un minuto y treinta segundos frente a aproximadamente diez jueces que evalúan cada detalle es algo impresionante.
Es un minuto y treinta segundos en el que el corazón se acelera al máximo, la respiración se vuelve áspera, como cuando estás a punto de saltar al vacío, y recuerdas cada fisioterapia, cada lágrima, cada sonrisa y todo lo que ha significado llegar hasta allí para tu hija.
Piensas en los clasificatorios, en los años de sacrificio, en las horas sentada observando entrenamientos, en los viajes solitarios, en las risas nerviosas, en las conversaciones con personas extraordinarias, en los desacuerdos, los aciertos y los errores.
Es un instante en el que sabes que cualquier cosa puede suceder, porque lo has visto y lo has vivido.
En esos momentos me siento profundamente agradecida y, al mismo tiempo, incrédula ante la capacidad de mi hija. La admiro por su compostura, su arte y su valentía.
También agradezco a cada persona que ha dejado una huella positiva en Sol y, curiosamente, también a quienes han puesto obstáculos en su camino. Esos desafíos existen en todas las profesiones y, en su caso, la han hecho más fuerte, más resiliente y más integral.
Como madre, vivo esos momentos con mucha emoción y también con nervios, pero al final lo más importante es verla feliz haciendo lo que ama.
6. Zarko Pinkas: Rebeca, ¿cómo ha sido acompañar a Sol en este proceso sin dejar de ser mamá antes que todo?
Rebeca:
Creo que lo más importante ha sido acompañarla desde el amor y la confianza.
Para atletas de este nivel, el mensaje que transmitimos como padres muchas veces va más allá de las palabras. Sol una vez me dijo: “Mamá, tenías una cara; la vi desde el tapete”. Desde ese día siempre intento sonreír, porque sé que al terminar su rutina ella me buscará entre las butacas para interpretar el mensaje que refleje mi rostro.

Como padre o madre, a veces no sabes exactamente qué decir cuando aparecen el dolor físico, la fatiga, la ansiedad o la duda. Es entonces cuando debes confiar en el amor.
Ellos necesitan saber que, pase lo que pase, nuestro amor permanecerá intacto.
También es difícil encontrar el equilibrio entre ser firme para impulsar y ser suave para calmar. Creo que eso se aprende con los años, especialmente cuando el deporte es un mundo completamente nuevo para uno.
Incluso llegué a representar a los padres de familia en la Junta Directiva de la Federación de Gimnasia durante un año, con la intención de contribuir a mejorar muchas cosas para las atletas.
Con Sol siempre procuramos realizar un análisis después de cada competencia. Le recuerdo constantemente que lo más importante es identificar qué aprendizaje obtuvo de cada experiencia para que la siguiente sea aún mejor.
También quiero reconocer a personas clave en su carrera deportiva, como Elena Nikolashkina de Rythmic Art Gymnastics en Miami, a Lyudmila Polivanova entrenadora basada en Colorado, Estados Unidos y Carmel Kallemaa, Janika Molder y Tuany Tiburcio de Glimmer Athletic Club en Toronto, Canada, quienes han confiado en ella, la han motivado y han significado muchísimo tanto para Sol como para mí.
Los años 2025 y 2026 han sido especialmente exigentes debido a la cantidad de clasificatorios. Sin embargo, gracias al apoyo de personas maravillosas que creen en su talento, Sol ha logrado obtener el primer lugar entre las atletas salvadoreñas en las competencias y clasificatorios: Juegos Centroamericanos 2025, Juegos Bolivarianos 2025, clasificatorios nacionales e internacionales para los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 y el Campeonato Panamericano de Brasil 2026.
Pero, más allá de cualquier resultado, para mí siempre será más importante que ella se sienta segura, feliz y motivada.
Sol:
Mi mamá siempre ha estado a mi lado, apoyándome y ayudándome a mantener el equilibrio cuando las cosas se ponen difíciles.
Nos reímos porque solemos decir: “Sos mi manager, mami”. Sé que mi familia es mi fan número uno.
A veces me molesto cuando me dice: “No te arriesgaste, y la vida es de riesgos; no tengas miedo”. Pero cuando estoy sola reflexiono sobre sus palabras y entiendo que lo hace para impulsarme con amor hacia el siguiente nivel.
He aprendido mucho de su convicción. Ella me ha enseñado que aquello que parece imposible sí puede lograrse y que, cuando somos buenas personas, las bendiciones siempre encuentran el camino hacia nuestras vidas.
Me cuenta cómo presentó a grandes artistas internacionales como Gustavo Cerati y Héroes del Silencio, y cómo logró cosas extraordinarias cuando apenas tenía 23 años, en una época en la que alcanzar ese tipo de metas en el país era especialmente difícil, sobre todo para una mujer.
Su ejemplo me inspira a creer que los límites muchas veces existen solamente para ser superados.
7. Zarko Pinkas: Muchas veces se habla de la competencia únicamente desde los resultados. Pero más allá de las medallas o los reconocimientos, ¿qué sienten que les ha enseñado personalmente este camino?
Rebeca:
Sol ha ganado medallas de oro, plata y bronce por ejemplo este año en Chicago Cup que obtuvo 4 medallas de bronce y en los Juegos Centroamericanos 2025 también ganaron el bronce, pero le ha tocado vivir la experiencia de un cuarto lugar. Ha obtenido calificaciones cercanas a los 23 puntos en Costa Rica, 19 puntos en Brasil y 20 puntos en Portugal. Ha sido Campeona Centroamericana, Campeona Nacional muchas veces, clasificó a tres finales en los Juegos Bolivarianos de Lima 2025, formó parte del equipo que obtuvo la plaza para los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026, y su participación en el Campeonato Panamericano de Brasil le permitió acreditar una plaza para el Campeonato Mundial de Alemania 2026, entre muchos otros logros.

Menciono todo esto porque, aunque son resultados importantes, no son suficientes para describir cuánto ha crecido como persona ni el impacto que estas experiencias tendrán en su vida. Estoy convencida de que las memorias que está construyendo durante su juventud marcarán una diferencia profunda en su futuro.
La gimnasia rítmica es un deporte sumamente exigente. Es como el Mundial de Fútbol, donde tradicionalmente existen países favoritos y con una gran trayectoria. Sin embargo, como dice el dicho, “de tanto golpear la piedra con el cincel, finalmente logramos penetrarla”. La perseverancia termina abriendo caminos.
Además, es un trabajo de equipo. Cada país cuenta con jueces cuyo rol es velar y defender, de manera justa, los intereses de sus atletas dentro del panel de evaluación.
Todo esto me recuerda experiencias que viví al participar en concursos internacionales, también al desempeñarme como Directora del Centro Nacional de Arte y posteriormente como Directora Nacional de Formación Artística de El Salvador.
Esas experiencias me enseñaron que el verdadero crecimiento no se encuentra únicamente en los resultados, sino en la disciplina diaria, en la perseverancia y en la capacidad de levantarse incluso durante los momentos más difíciles.
Sol:
He aprendido a ser paciente conmigo misma, a no rendirme fácilmente y a valorar todo el esfuerzo que existe detrás de cada meta.
Recuerdo momentos en los que tuve que cumplir jornadas de entrenamiento doble en el polideportivo en El Salvador junto a Laura de México, mientras me preparaba para mis exámenes finales del bachillerato salvadoreño y francés. Es allí donde entra la comprensión y el acompañamiento de la entrenadora. Su entendimiento de cada momento que atravesamos como atletas. También recuerdo constantes fisioterapias junto a mi amiga y también atleta Gaby Iraheta, largas horas de entrenamiento junto Carmel de Team Canada; sesiones intensas con Olivia Fischer en Colorado, en medio de la nieve y la lluvia; y etapas de preparación en Miami, donde se le exigió a mi cuerpo realizar movimientos que en algún momento pensé que no sería capaz de ejecutar.
Agradezco cada medalla que he conseguido porque solo yo conozco el esfuerzo que ha requerido alcanzarlas. Sin embargo, también reconozco que esos logros no me pertenecen únicamente a mí, sino también a El Salvador.
Más agradecida aún estoy por cada recuerdo, cada oportunidad y cada persona que ha formado parte de este camino. Agradezco el acompañamiento de mis entrenadoras, cada corrección de Cristian en ballet, el equipo de atletas salvadoreñas que son mis amigas y compañeras y cada aprendizaje que me ha permitido crecer.
Sobre todo, este recorrido me ha enseñado a enfrentar el estrés, el cansancio y la ansiedad. He aprendido que los mayores desafíos no siempre están fuera de nosotros, sino dentro de nosotros mismos. Y que el verdadero triunfo consiste en aprender a dominar esos temores, dudas y limitaciones para seguir avanzando.
8. Zarko Pinkas: Sol, ¿qué tanto influye el apoyo de tu familia en los momentos de mayor presión o cansancio?
Sol:
Creo que esta pregunta puedo responderla con una sola palabra: todo.
Saber que tengo personas que me aman y que creen en mí, que se preocupan por mí genuinamente, que sufren conmigo, que celebran mis alegrías y que siempre están presentes no importa los resultados, es algo indispensable. Ese apoyo me ayuda a seguir adelante incluso en los momentos en los que me siento cansada, sola o nerviosa.
Mi familia me recuerda constantemente que no estoy sola en este camino. Su amor y confianza me dan la fuerza necesaria para seguir avanzando cuando los desafíos parecen más grandes.
Rebeca:
La familia se convierte en una especie de refugio emocional.
Creo que el acompañamiento es fundamental en cualquier proceso competitivo. Para un deportista, el triángulo formado por padres, entrenadores y atleta es vital. A este nivel, las entrenadoras muchas veces llegan a convertirse en una segunda madre, porque viajan con las deportistas y, en ocasiones, pasan más horas con ellas durante los entrenamientos que las que comparten en casa con sus propias familias.
Por ello, no solo deben velar por su desarrollo deportivo, sino también cuidar su motivación, su inspiración y su bienestar mental y emocional.
A lo largo de los años hemos visto casos de abuso en distintas disciplinas deportivas, donde, bajo la idea de impulsar el rendimiento, se enfatizan más los defectos que las fortalezas; se reprende constantemente a los atletas; se les compara con otros deportistas o se realizan críticas ofensivas sobre su apariencia física.
He observado este tipo de situaciones también en el mundo del arte y del modelaje. Sin embargo, puedo afirmar que, en cualquiera de esos ámbitos y especialmente en el deporte, ese tipo de formación no funciona a largo plazo.
El verdadero crecimiento se construye desde el entendimiento y la comprensión del otro, desde la paciencia, la convicción y el respeto mutuo. Los grandes resultados nacen cuando existe confianza, comunicación y una genuina preocupación por la persona detrás del atleta.
9. Zarko Pinkas: ¿Qué admiran la una de la otra?
Sol:
Admiro mucho la fortaleza y la sensibilidad de mi mamá. Siempre ha sido una persona muy dedicada y creativa, pero también alguien que inspira a los demás.
Ella ha trabajado constantemente por mejorar el mundo en el que vivimos, impulsando el desarrollo del arte y la cultura, la conservación de la biodiversidad, la reducción del cambio climático y la prevención de la violencia.
Pero, sobre todo, admiro su lado humano: su capacidad de resolución de conflictos, de negociación, su determinación y su coraje para expresar cuando algo no le parece justo o no es correcto.
Admiro su valentía y su capacidad de mantenerse firme en sus convicciones.
Rebeca:
Admiro la determinación y la disciplina de Sol. Admiro cómo se fija objetivos y los va alcanzando. Admiro cómo vence sus propios miedos y cómo entiende qué batallas realmente vale la pena enfrentar.
Admiro su capacidad de discernir a quién escuchar y a quién no. Admiro cómo se para en el tapete, sonríe y brilla a pesar de la presión y de la cantidad de jueces observándola.
Admiro cómo, con determinación, supera cada obstáculo en su carrera deportiva y en su vida.
Admiro su coraje y su valentía.
10. Zarko Pinkas: Si tuvieran que describir esta etapa que están viviendo juntas en una sola palabra, ¿cuál sería y por qué?
Sol:
Aprendizaje. Porque siento que cada experiencia me ayuda a crecer y a conocerme más profundamente.
Siento que he aprendido muchas cosas a nivel académico, sobre mi cuerpo, mi mente y mis emociones, pero sobre todo cómo funcionan muchas cosas en la vida. He aprendido a sobre pasar el miedo a equivocarme, he aprendido de mis errores, pérdidas, así como de mis éxitos.
Espero nunca dejar de aprender.
Rebeca:
Evolución. Porque como madre también se aprende y se evoluciona acompañando el crecimiento de un hijo. Cada día evolucionamos hacia algo distinto; así también evoluciona el mundo. Yo solo espero seguir evolucionando hacia una mejor versión de mí como ser humano.
Las historias de éxito no se definen únicamente por los resultados, sino por el camino recorrido para alcanzarlos. Detrás de cada logro existen procesos invisibles que construyen carácter, identidad y propósito.
La conversación entre Rebeca Dávila Dada y Sol Solórzano refleja precisamente eso: una relación donde el deporte, la familia y la vida se entrelazan en una misma lección de crecimiento.
Más allá de las medallas, queda una certeza compartida: el verdadero triunfo es seguir avanzando con disciplina, amor y humanidad.














