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miércoles, 04 de agosto del 2021

Uso y abuso de la libre expresión

En todo, el uso es bueno el abuso es malo. La libertad es buena el libertinaje es malo. Los medios de comunicación (MCS) no son malos, lo malo es el uso que, a veces, se hace de ellos. Estos excesos perjudican, de manera muy significativa, la salud mental de la población honrada de El Salvador; y quizás hoy más que nunca, cuando el ambiente rebalsa del abuso y el libertinaje, en materia de libre expresión.

La actual campaña electoral, para elegir al Presidente y Vicepresidente de la República 2019-2024, el próximo 3 de febrero, es claro ejemplo de cómo puede manipularse o usarse mal la comunicación hasta el exceso, mediante insultos en conversaciones, en falsos debates, en las redes sociales; y, especialmente, en algunos de los más importantes MCS, que hasta con tono casi desafiante alienan al pueblo salvadoreño.

El pueblo no merece ser receptor obligado de este mal uso de los medios y otras maneras de expresión social; y menos, enterarse de que, a veces, la aparente defensa de las libertades no es otra cosa que la defensa de privilegios o beneficios para unos pocos.

Veraces e imparciales es el binomio con el que se auto califican algunos medios, que, al final, resulta mera teorí­a. La realidad comunicacional es otra, casi a la inversa. Y aunque a simple vista pareciera que, por su potencial económico, la falta de veracidad e imparcialidad no les afecta, lo cierto es que, quizás sin darse cuenta, los MCS pierden lo que más necesitan: credibilidad.

Urge el estilo, pero también la ética. Estilo y ética juntos, para el correcto ejercicio periodí­stico, en lí­nea de verdadero compromiso profesional con la sociedad. Una muestra de lo que, en el real ejercicio periodí­stico, se deberí­a cumplir, es el ideario del fundador de La Prensa Gráfica (LPG), José Dutriz p.:

“La principal misión del periodista -sentencia el ideario- es decir al pueblo la verdad, y su más imperiosa necesidad es lograr ser independiente. El propietario de un periódico que necesita para sostenerlo de las subvenciones gubernativas o de ayuda de partidos polí­ticos, ha fracasado en su alta misión de servir lealmente a los intereses de la comunidad”.

Hace 54 años (1965-1966), fui reportero/redactor de La Prensa Gráfica. La década de los años 60, aunque quizás no tan violenta como hoy, era también de convulsión polí­tica; y el papel del periódico, bajo la dirección entonces de José Dutriz h, pese a su lí­nea editorial conservadora, asumí­a el esfuerzo de cumplir con aquel ideario de su fundador. Nunca, recuerdo, alguna orden para apoyar/destacar, con evidente parcialidad, las acciones inútiles de algún polí­tico; y, por el contrario, tampoco ningunear o minimizar las buenas acciones del adversario, aunque este fuera desafecto al periódico.

Lamentablemente, a la luz del mundo lector, aquellos principios de sabidurí­a periodí­stica, ahora parecen tirados por la borda. Una realidad que, evidentemente, se generaliza en otros MCS …y, de manera puntual, también se da en editorialistas, columnistas, presentadores de TV, quienes hacen caer muy bajo su prestigio, cuando, con lenguaje inapropiado, descalifican al polí­tico que les es desafecto, hasta con insultos y epí­tetos de odio insuperable, aunque, a veces, el descalificador resulta ser el descalificado…

“Ver una injusticia y no combatirla es cometerla”, dijo el patriota y poeta cubano José Martí­. Y de eso, precisamente, se trataba -se trata- la intención de aquel ideario, orientador del buen ejercicio periodí­stico, especialmente en cuanto a la relación de los MCS con la polí­tica y los polí­ticos. El papel fiscalizador de los MCS, denunciando la injusticia, sin tomar partido y con independencia, para lograr la credibilidad y confianza de la sociedad honrada, ahora más que nunca necesitada de la opinión/información veraz y oportuna.

Ningún interés partidario de opinar a favor o en contra de personas o entidades, sólo la experiencia de varias décadas en los MCS, ante los justos reclamos del pueblo salvadoreño, que precisa la denuncia, veraz y oportuna, de los MCS, ante el contraste entre el evidente beneficio para unos pocos y la crisis integral que agobia a las mayorí­as. Un accionar en vitrina de los polí­ticos que, por cierto, se ve mal, muy mal…

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