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viernes, 15 de octubre del 2021

Un presidente sin partido

El triunfo eleccionario de Nayib Bukele generará una situación inédita: un Presidente sin partido, sin fracción legislativa en que apoyarse o, mejor dicho, con un solo diputado confiable, el del CD. Aunque ha sido candidato de GANA, ya que por imperativo legal tuvo que afiliarse en dicho instituto polí­tico, en muchos temas difí­cilmente encontrará respaldo legislativo en ese partido. El cual, por otra parte, cuenta con una fracción reducida, de tan sólo diez diputados.

Lo tiene difí­cil, a no ser que Bukele consiga hacer las paces con el FMLN. Cosa harto difí­cil y que, de todos modos, tampoco le resuelve, por lo disminuida que ha quedado la fracción parlamentaria del Frente tras las elecciones de marzo pasado. El FMLN mantuvo solamente 23 curules los cuales, incluso sumando el de CD y los de GANA, son insuficientes para lograr mayorí­a simple. Por lo tanto, en la relación entre Ejecutivo y Legislativo, Nayib Bukele lo tendrá cuesta arriba. Similar o peor situación respecto al Poder Judicial, cuya correlación se ha inclinado decisivamente hacia la derecha.

A nadie se le escapa que Nayib Bukele se inscribió en GANA, no por afinidad ideológica, sino a fin de poder ser elegido candidato presidencial en la elección interna de dicho partido. Al que verdaderamente Bukele pertenece es al partido Nuevas Ideas. Éste fue inscrito por El Tribunal Supremo Electoral tarde, deliberadamente tarde, a fin de buscar impedirle participar legalmente en el proceso eleccionario de 2019.

Pero, por otra parte, la verdadera naturaleza de Nuevas Ideas, me parece a mí­, es ser un “movimiento” y no un instituto polí­tico. Lo cual representa la auténtica novedad respecto al pasado reciente. Si algo ha tenido el paí­s, por lo menos desde la década de los sesenta, son partidos polí­ticos fuertes, permanentes, con identidad propia y sólidos idearios. Es lo que ahora se ve desgastado y roto. Implica, no únicamente renovación, sino verdadera ruptura respecto a ese pasado.

¿Cómo puede preverse que sea la Presidencia de un Presidente sin un partido pero con un movimiento? Plagada de obstáculos, a no ser que demuestre gran capacidad de negociación. Pero, por otro lado, con una novedad interesante: para no quedarse aislado y bloqueado en Casa Presidencial le queda un único recurso, respaldarse en el movimiento y buscar el apoyo de la movilización popular.

Considero que tal escenario puede ser propenso a empoderar a las mayorí­as populares, tan dejadas de lado y olvidadas por los partidos. Cabrí­a la posibilidad que esta vez el polí­tico, encumbrado al poder por dicha masa popular, pasara a ser el instrumento del sujeto histórico. Fuera interesante ver invertida la relación lí­der carismático/masa popular: que el viejo ejercicio populista de instrumentalización de la gente se invirtiese, convirtiendo al lí­der en instrumento del pueblo que lo elevó al poder.

Tal situación pudiera generarse a partir de la relación directa, sin intermediación, entre dirigente y dirigidos. Si esto hace nacer una nueva izquierda, entonces los mareos y náuseas, calenturas y dolores de parto, habrán merecido la pena.

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