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domingo, 17 de octubre del 2021

Tolerancia, apertura mental y pluralismo

La protección a la libre expresión debe aplicarse tanto a las ideas o información favorables, así­ como a las que son perturbadoras u ofensivas

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La libertad de prensa no es un derecho absoluto, hay lí­mites concretos como los derechos de los otros. En general no hay derechos, verdades, libertades que sean absolutas; tampoco se admite que se promuevan a  conveniencia.

Lo que se da en catalogar como libre información, en alusión a la ruptura de “cercos” tendidos por los que algunos llaman grandes medios, no debe ser visto como una luz verde para decir lo que se quiera. Debe existir ante todo responsabilidad.

Esta exigencia va para unos y para otros. No en vano, la palabra del año 2016 elegida por el Diccionario de Oxford, fue posverdad. Las bases de un sector de medios se estremecen con el auge de las redes sociales y digitales, en lo que pareciera ser un rediseño de los lí­mites del periodismo, en la medida en que se pone en duda la confianza y el compromiso de los medios con la rendición de cuentas y la audiencia.

Es casi generalizado el cuestionamiento de que la información que brindan los medios de comunicación no es veraz, y se usa como argumento parta desacreditar publicaciones. Esta perspectiva hace a un lado que el derecho a la información abarca todo, incluso aquellas que se les denomine incompleta o no oportuna. Sin caer en un juego de palabras, si hay información veraz, entonces hay información no veraz.

Las buenas prácticas, los contenidos basados en evidencias, la no manipulación ni el plegamiento a agendas son elementos que pueden servir para hacer frente a las tormentas causadas por la instantaneidad con que trascienden los hechos, principalmente en publicaciones  digitales, que, en muchos casos, de periodí­sticas, solo tienen la apariencia.

Tome en cuenta que las noticias falsas, posverdades, rumores y similares prácticas han existido  siempre; lo que ocurre es que con la explosión de las redes sociales y los bots han sido colocadas en el centro del debate sobre la calidad del periodismo, y para muchos son una amenaza para la convivencia democrática.

Es de tan relevancia el asunto que el Dí­a Mundial de la Libertad de Expresión de este año fue dedicado por UNESCO, la Unión Africana y el Gobierno de la República Democrática Federal de Etiopí­a a reflexionar sobre periodismo y elecciones en los tiempos de la desinformación; centrado en los desafí­os actuales de la prensa durante jornadas electorales, y el rol del periodismo en procesos de paz y reconciliación.

Uno de los temas fundamentales ha sido la defensa de los medios de comunicación a actos contra su independencia. La Corte Europea de Derechos Humanos ha establecido que la protección a la libre expresión debe aplicarse tanto a las ideas o información favorables, así­ como a las que son perturbadoras u ofensivas. ¿Cómo es posible? Esas son las exigencias de la tolerancia, apertura mental y pluralismo que deben ser parte de una sociedad democrática.

La principal responsabilidad es de los Estados, en cuanto son los primeros llamados a proteger a sus ciudadanos. En este contexto, es inaceptable la imposición de presiones polí­ticas o económicas para limitar a las personas o los medios de comunicación su derecho a expresarse.´

El uso del poder del Estado para tales lí­mites se presta al abuso. Acallar crí­ticas impide el debate, que es fundamental para una sociedad aspira a ser democrática. Como lo ha dicho el Secretario General de Naciones Unidas António Guterres: "Ninguna democracia está completa sin acceso a información transparente y fidedigna, que es el pilar clave para crear instituciones justas e imparciales, hacer que los lí­deres rindan cuentas y decirle la verdad a las autoridades". 

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Carlos Domínguez
Periodista salvadoreño; defensor de los derechos humanos. Colaborador y columnista de ContraPunto
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