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sábado, 24 de julio del 2021

The Heat is On

El spot de COPREFA, con la música de The Heat is On, es una de las primeras ocasiones, en El Salvador, que se utilizó un «modelo» cinemático de propaganda, durante la guerra, con claros intereses polí­tico-ideológicos

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Una de las canciones más sonadas en 1984, en la radio, fue The Heat is On, de Glenn Frey, exmiembro de la banda The Eagles. El video de dicha canción fue uno de los más reproducidos por la cadena MTV durante ese año y el año siguiente; la canción era el soundtrack de la taquillera pelí­cula de acción Beverly Hills Cop (1984), dirigida por Martin Brest, y conocida en Latinoamérica como Un detective suelto en Hollywood con Eddy Murphy como protagonista, encarnando al alocado policí­a Axel Foley.

La canción alcanzó el número 2 en la lista Billboard Hot 100 de marzo de 1985, y el número 12 en la lista del Reino Unido de ese mismo año, entre otros. La canción posee un contagioso riff de saxofón, y el ritmo y su letra desataban el baile desenfadado en las fiestas de aquel año, incluyendo las fiestas en San Salvador, mientras en el campo se desarrollaba la etapa más cruda de la guerra civil. The Heat is On se traduce como «Está caliente», se refiriere a una situación intensa, complicada, apasionada o a un sentimiento cargado de adrenalina. Uno de los estribillos de la canción dice: The heat is on, oh it´s on the street, the heat is on, puede ser traducida como «Está caliente, prendido en las calles, está caliente».

A partir de 1984, en El Salvador de entonces, esta canción pasó a ser la música de fondo, tanto del inicio como del final, del Comité de Prensa de la Fuerza Armada de El Salvador (COPREFA), que como su nombre lo indica, era el organismo oficial de noticias de la Fuerza Armada de El Salvador (FAES). Cada semana, emití­a sus informes acerca de su interpretación de la guerra y los «logros» que iba obteniendo en su lucha en contra la guerrilla del FMLN.

Resulta irónico recordar, que en la edición del noticiero de COPREFA, el ritmo fiestero de la canción se mezclaba con las imágenes de helicópteros y aviones de la Fuerza Aérea, tirando bombas y metrallas en el campo, o de soldados “•cual héroes”• tirando balas a mansalva, como si se tratase justamente de una pelí­cula de acción; tomando en cuenta que un año antes, en marzo de1983, el entonces presidente de EE.UU. Ronald Reagan en uno de sus discursos sostuvo:

Estoy proponiendo que se asignen inmediatamente a El Salvador 60 millones de dólares de los fondos ya aprobados para nuestros programas de asistencia militar en todo el mundo. Aún más, a fin de crear la clase de ejército disciplinado y hábil que pueda tomar y mantener la iniciativa mientras respeta los derechos de sus pueblos, enmendaré mi petición suplementaria que se encuentra actualmente ante la consideración del Congreso, para reasignar 50 millones de dólares a El Salvador (“¦) haremos el mayor esfuerzo para apoyar la reforma, los derechos humanos y la democracia en El Salvador.

Como se sabe, la asistencia militar de EE.UU. para el Gobierno y Ejército de El Salvador, en aquellos años, alcanzó un promedio entre 1 y 2 millones de dólares diarios, eso a pesar del conflicto de intereses entre algunos miembros del congreso, quienes sostení­an una polí­tica de austeridad; y la Administración de Ronald Reagan se encontraba embarcada en una serie de conflictos que incluyó la invasión a Granada, el bombardeo a Libia y las empecinadas guerras de contrainsurgencia en Centroamérica.

Mark Pedelty, un antropólogo quien realizó una investigación sobre los corresponsales de guerra en El Salvador, en su libro Historias de guerra: la cultura de los corresponsales extranjeros (1995), comenta que, en una entrevista realizada a los directivos de COPREFA, estos admití­an que COPREFA se estructuró bajo el modelo de Voice of America (VOA), la red internacional de radio del gobierno de EE.UU., y que aquella teorí­a de la «revolución como importación extranjera» o «agresión del comunismo internacional» era, según el director de COPREFA, «más propaganda que verdad».

Precisamente, el spot de COPREFA, con la música de The Heat is On, es una de las primeras ocasiones, en El Salvador, que se utilizó un «modelo» cinemático de propaganda, durante la guerra, con claros intereses polí­tico-ideológicos, siguiendo una directriz estadounidense, para alterar la visión de los hechos históricos donde los soldados y lí­deres del Ejército, responsables de graves violaciones a los derechos humanos, como torturas y masacres sobre la población civil habitante en las zonas en conflicto, aparecen re-situados bajo el velo del guion cinematográfico, como «guerreros heroicos» de una supuesta «salvación». La propaganda decí­a que se trataba de «salvar a El Salvador de la agresión comunista internacional», y tanto se abusó de los significados del «bien» y el «mal», que en la emisión de COPREFA, entre cada cápsula informativa, aparecí­a la imagen de un fusil que se acercaba a una serpiente real que la partí­a en dos de un disparo, todo ello como sinónimo de erradicar el «mal». Pero esta visión, con los años, y a la luz del Informe de la Comisión de la Verdad (1993) y de las causas penales abiertas en Cortes Internacionales, donde se responsabiliza de crí­menes de lesa humanidad a lí­deres del Ejército salvadoreño, ha tendido a devaluarse y caerse bajo su propio peso.

No hay que perder de vista en este contexto los dispositivos de propaganda cultural de EE. UU. y en particular Hollywood, donde ya en 1982, pero de manera más precisa en términos ideológicos, aparece en 1985 la segunda parte de la saga cinematográfica Rambo, la cual mereció los elogios del presidente Ronald Reagan hacia Sylvester Stallone, por encarnar al «sí­mbolo del Ejército de Estados Unidos».

Entonces, que la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) utilizara, en este contexto, metodologí­as de comunicación de carácter cinemático, no resulta extraño, tampoco es lo más grave, ya que visto de manera simple, se trata de un inter-cambio de significaciones entre «buenos» y «malos», puesto que, al mismo tiempo, la guerrilla del FMLN también tení­a sus propios medios de comunicación a través de Radio Venceremos y Radio Farabundo Martí­, donde se desmentí­a toda la información desplegada por COPREFA; lo más grave de este asunto, es que aún después de pasada la guerra civil de El Salvador, prevalezca esta mirada maniquea, la cual ha servido para continuar la polarización polí­tica en El Salvador y ni de cerca se vislumbra la extensa escala de grises que poseen los hechos en una guerra civil.

Salvador Samayoa en su libro El Salvador. La Reforma Pactada (UCA ed. /2002) señala que una de las formas más perversas de la guerra psicológica, montada por los organismos de inteligencia de la FAES y de EE.UU., fue cooptar y reclutar mandos operativos del FMLN, para convertir a combatientes guerrilleros en infiltrados-colaboradores del Ejército, y de esa manera, cometieran asesinatos grotescos contra pobladores campesinos, que también colaboraban con el Ejército. Todo era una macabra puesta en escena. El objetivo de estas masacres contra campesinos colaboradores del Ejército, era crear una imagen de repudio hacia la guerrilla del FMLN; Salvador Samayoa señala que, si bien los asesinatos ya eran enteramente repudiables por los métodos utilizados, y por tratarse de personas desarmadas, la «razón cí­nica» de estos hechos, era «sacrificar vidas de sus propios colaboradores como recurso para envenenar las relaciones del FMLN con la población». El hábito no hace al monje, aunque a veces parezca que sí­.

El FMLN interpretó estos hechos “•según Salvador Samayoa”• como «deformaciones polí­ticas e ideológicas» y fueron sancionadas severamente, ignorando la verdadera causa de las graves violaciones hacia los derechos humanos en las que incurrí­an «sus combatientes»:

Cada degradación en los rangos de la guerrilla significó para estos elementos infiltrados un ascenso en los grados que ostentaban como agentes en las filas gubernamentales.

Entonces podemos preguntar: ¿Qué llevó al comandante Mayo Sibrián, a «ver» infiltrados en sus filas y en toda la población cercana al Frente paracentral de San Vicente? ¿Qué generó las purgas masivas que estuvieron bajo su dirección y significó uno de los episodios más horrorosos de la guerra civil de El Salvador? ¿Por qué el soldado desertor de la FAES César Vielman Joya Martí­nez no recibió el estatuto de asilo polí­tico en EE.UU. cuando confesó ser parte de los Escuadrones de la Muerte en El Salvador y estaba dispuesto a desmantelar parte de sus estructuras ante miembros del Congreso, a pesar que el afamado intelectual Noam Chomsky, instó al gobierno de EE.UU. a que se le diera protección para conocer la verdad sobre los Escuadrones de la Muerte? ¿Tendremos los salvadoreños alguna vez la oportunidad de conocer los pormenores de la guerra civil en El Salvador? ¿Qué tan dispuestos estamos, como sociedad, a encarar los hechos que nos acerquen a un posible rasgo de la verdad, no solamente en relación a la guerra civil sino también ante los crí­menes de la violencia actual y sus ramificaciones? ¿Es posible comprender de manera más amplia y profunda la historia de El Salvador, sin asumir que la violencia ha sido el dinamismo histórico, que ha configurado a la sociedad salvadoreña, y sin asumir que su contraparte constante e inquietante, expresada como impunidad e injusticia ha sido la presencia del silencio que organiza como mal estructural nuestra actual sociedad salvadoreña? ¿Somos capaces de un poco de verdad o seguiremos relatando «una pelí­cula» que alguien nos contó al estilo The Heat is On?

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Erick Chávez Salguero
Escritor y columnista
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