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martes, 27 de julio del 2021

Taiwán, una gran experiencia y esperanza

En el mes de octubre pasado estuve por una semana en Taiwán. Fui invitado a formar parte de una delegación de periodistas internacionales para participar en los festejos del Aniversario de fundación de aquella pequeña e impresionante isla.

No niego mi cierto poco entusiasmo por aquella visita. Quizás mi razonamiento era más de orden histórico-ideológico. Taiwán ayudó al ejército salvadoreño durante la guerra civil, igualmente que después de la guerra apoyó al partido ARENA a ganar elecciones. Todos conocemos las formas en que partidos conservadores y derechistas de Centroamérica recibí­an de Taipei fondos con tal de ser reconocido diplomáticamente frente al reclamo de Pekí­n de sumar la “isla rebelde” a su gigante territorio.

El escándalo de los 15 millones de dólares por los que se acusó al fallecido ex presidente Francisco Flores, discí­pulo del expresidente taiwanés Chen Shui-bian, quien guarda prisión perpetua, fue parte de aquella corrutela, de la cual seguramente no se ha llegado a todos sus confines. Todo aquello me producí­a malos recuerdos y sabores.

No obstante, al llegar a Taiwán y conocer lo que hoy es esa pequeña isla súper poblada y con un territorio un poco mayor al de El Salvador, mi entusiasmo cambió positivamente.

Taiwán ha emprendido un ataque frontal contra la corrupción interna; sus formas de gobierno son cada vez más democráticas al estilo occidental. Pekí­n reclama el territorio como suyo, pero dudo que los taiwaneses deseen estar gobernados bajo la tutela de un solo partido polí­tico.

Lo que observé es una buena y efectiva organización socioeconómica. Vi modernidad y capacidad de gestión. Claro que el poco tiempo que permanecí­ en aquella isla no me permite tener un juicio a profundidad.

Pese a que Taiwán tiene una densidad de población que duplica la nuestra (668 hab./km²), no vi el desorden que prima en nuestro paí­s. En una semana vi un solo choque de tránsito, pese a que hay miles de motos y bicicletas en las calles, túneles y paso a desniveles. Hay gran tráfico, pero nunca el desorden y la suciedad que prima en nuestras calles.

Me impresionó una cosa; creo que esto dice mucho de las prioridades que tiene una nación. Mientras nosotros nos debatimos en el mundillo miserable de las intrigas polí­ticas, donde los liderazgos se dan zancadillas por detrás y por delante se abrazan, Taiwán quiere dar a sus jóvenes bienestar social. La presidenta Tsai Ing-wen en su informe a la nación el 10 de octubre dijo que los jóvenes al salir de la universidad, tienen que tener trabajo y vivienda, que era una prioridad del Estado. Para nosotros eso es hablar en “chino”.

Así­ que creo que los taiwaneses son laboriosos, respetuosos e inteligentes. Ojalá que la historia determine que este pueblo viva en paz y en independencia, y jamás vuelva la dictadura ni la corrupción del pasado reciente.


Juan José Dalton saludando a la presidenta Taiwán
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