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domingo, 01 de agosto del 2021

Sueño de escribir una novela

En estas vacaciones de fin de año decidí­ no leer novelas, especialmente porque tengo problemas de la vista. No tengo problemas para ver televisión, pero si para leer y escribir en la computadora, por tanto me dediqué a ver novelas por televisión. Durante los dos últimos tres años me he abstenido de leer las novelas más vendidas, tales como Cincuenta Sombras de Gray o Juegos de Tronos; por pura curiosidad fui a ver hace varios meses la pelí­cula basada en la primera novela, realmente salí­ un poco defraudado, esperaba más romanticismo y pasión, aunque la mayorí­a de los espectadores querí­an más erotismo.

Me deleité viendo al menos ocho pelí­culas basadas en novelas muy buenas, de escritores americanos y europeos.  El primero de enero hice una maratón, viendo por pura curiosidad varios episodios de Juegos de Tronos, me intrigó que no respetara las principales caracterí­sticas históricas de la edad media europea, de tal manera que pasé buscando esa verdad histórica, perdiéndome la oportunidad de aprovechar la belleza de la trama de relaciones de parentesco, románticas, de odio y traición. Vivo en la casa de mi hijo mayor, a quien le pago alquiler por el uso de una de las habitaciones, el cual se habí­a ido con su compañera y su hijo, a casa de su suegro. A las doce de la noche ya habí­a visto cinco episodios de esa novela de fantasí­a, ubicada temporalmente en la edad media y geográficamente en el Norte de Europa. Salí­ de mi habitación, revisé puertas y ventanas de la casa, me acosté meditando en mi soledad de anciano, viudo, incomprendido y marginado polí­ticamente, en el marco de la historia de fantasí­a que habí­a visto por televisión.

Empecé a soñar que me encontraba en la guerra de tronos entre los pueblos indí­genas de México y Centroamérica, trataba de encontrar explicación a mi problema descifrando los secretos que guardan las cabezas de jaguar,  que ha venido investigando con gran entusiasmo mi amigo Federico Paredes, así­ como la colección de pequeñas piezas arqueológicas que han logrado formar mis sobrinos, en sus juegos fantásticos de expediciones por varios rumbos de la finca que pertenece a mi familia en el Departamento de Ahuachapán. La mayor parte del sueño era mi proceso de toma de decisiones sobre si se trataba de un relato histórico o una novela (narración de acciones  fingidas en todo o en parte, cuyo fin es causar placer estético a los lectores) de fantasí­a, ciencia ficción, satí­rica, lí­rica, autobiográfica, dialogada, trivial, de aventuras o costumbrista, del tipo de Jaraguá escrita por mi tí­o Napoleón Rodrí­guez Ruiz,   la primera novela japonesa, o  las escritas por Miguel de Cervantes, Isabel Allende, León Tolstói, Carlos Fuentes, Julio Verne, Garcí­a Márquez o Vargas Llosa. Pretendí­a incorporar en mi sueño una escena en un bar, tomando con un amigo médico alguna bebida alcohólica como pulque, chicha de maí­z o de jocote de corona, escuchando  su frase favorita de “no jodas”.

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