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lunes, 02 de agosto del 2021

Sin las mujeres, la recuperación será más lenta

La solución transformativa del país depende de cuánto involucramos a las mujeres, su capacidad, su calidad humana, su enfoque y su prestancia. Se puede lograr el “milagro salvadoreño”, las mujeres son la clave.

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Los efectos de la crisis psico-social y de la recesión económica, causados por la pandemia de la COVID 19, son mayores en las mujeres y las niñas. Esta es una conclusión generalmente aceptada en diferentes foros a nivel global.

Se alerta de que los impactos en niños y jóvenes podría ser permanente, téngase en cuenta que mil millones de niños en el mundo dejaron de asistir a la escuela; el llamado es a actuar ya, para proteger una generación de la extrema pobreza y la falta de oportunidades. La tarea es: más inversión en la gente, para detener y revertir el peligroso incremento de las desigualdades y la inestabilidad política.

Melinda Gates, dijo la semana recién pasada, en el marco de la reunión anual del Banco Mundial, que “…sabemos que más hombres están muriendo <por la COVID 19> pero, las mujeres han sido más afectadas en la pérdida de empleo remunerado al doble de la tasa que la de los hombres, tienen dificultades de acceso a financiamiento <y en la vida diaria> se ha incrementado la carga de trabajo no pagado por el cuido de los niños <que han dejado de asistir a la escuela> y los adultos mayores…”, y que: “las mujeres asumen dos y media veces más responsabilidades en las tareas de la casa y se ha incrementado la exposición a violencia de género”.

Si revisamos las actividades económicas más afectadas durante los confinamientos a nivel global, han sido aquellas en las que hay mayor participación de mujeres: los servicios de hostelería, restaurantes, comercio y manufacturas; generando desempleo, temporal o permanente, además, son actividades que tardarán más en reactivarse.

Las mujeres, tienen mayor participación laboral en las actividades de mayor exposición al contagio: en los servicios de salud (70 por ciento) y son mayoría en los servicios sociales, de cuido y de limpieza.

El teletrabajo, que ha sido una respuesta laboral en el mundo, pero que genera para las mujeres un incremento desproporcionado de la carga laboral, lo de la triple o cuarta jornada, es más real hoy.

Pero también, son las mujeres, las que tienen mayor presencia en las actividades económicas de la economía informal (60%) siendo severamente afectadas en su actividad y en sus ingresos durante la crisis. Las niñas y las mujeres jóvenes, enfrentan la amenaza mayor de pobreza y exclusión.

La pandemia ha mostrado como los trabajadores del cuidado, mayoritariamente mujeres, son un componente esencial para la vida y para la economía. Como se reconoce en el preámbulo del convenio 189 de OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, su “…contribución significativa de los trabajadores domésticos a la economía mundial, que incluye el aumento de las posibilidades de empleo remunerado para las trabajadoras y los trabajadores con responsabilidades familiares, el incremento de la capacidad de cuidado de las personas de edad avanzada, los niños y las personas con discapacidad, y un aporte sustancial a las transferencias de ingreso en cada país y entre países”.

No obstante, como bien se reconoce, en ese Convenio “…el trabajo doméstico sigue siendo infravalorado e invisible y que lo realizan principalmente las mujeres y las niñas, muchas de las cuales son migrantes o forman parte de comunidades desfavorecidas, y son particularmente vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de empleo y de trabajo, así como a otros abusos de los derechos humanos”.

A nivel local, la situación no es diferente, si revisamos, los datos de planillas del ISSS a julio con relación a enero de este año, las actividades más afectadas en la crisis por la pérdida de empleos (permanente o temporal) son: Comercio, restaurantes y hoteles, transporte, almacén, actividades de alojamiento y servicios de Comida (25 000 empleos menos); Industrias manufactureras (18 000 empleos menos); actividades profesionales, científicas, técnicas y de servicios administración y de apoyo (12 000 empleos menos); y, servicios (4 000 empleos menos). Es, en estas actividades, donde hay mayor presencia de mujeres en el empleo formal de nuestro país, se excluye, el sector público, ya que este se ha mantenido estable con leve tendencia al alza.

Pero, en cuanto a las mujeres trabajadoras por cuenta propia, en la economía informal, estas que representan 2 de cada 3 trabajadores en este sector, han sido altamente afectadas, en sus ingresos, lo que condiciona su desarrollo y progreso.

Es clara la correlación entre pobreza y economía informal y la razón de porqué son las mujeres las que tienen mayor participación en este sector, debido a: las mayores barreras a su acceso al empleo formal, la falta de políticas activas con enfoque de género, su condición socioeconómica base y la menor formación de capacidades para el mercado de trabajo local.

Estar ocupadas en el sector informal es para las mujeres, una condicionante de pobreza, por los menores ingresos por remuneración, sin derechos laborales y sin protección social; en general, hay que entender que no son empresarias, son trabajadoras por cuenta propia.

Con base a los datos de la EHPM 2019, y asumiendo que 2 de cada 3 trabajadores en la informalidad son mujeres, entonces, podemos inferir que 500 mil de los 750,000 trabajadores cuenta propistas sin local y 60 mil de los 90,000 cuenta propistas con local, son mujeres. Un proxi de 600 mil mujeres está ocupada en el sector de la economía informal. Si agregamos las cerca de 130 mil trabajadoras domésticas, y lo relativo al empleo formal (donde las mujeres representan cerca del 40 por ciento), podemos tener una dimensión mayor de los impactos de la COVID 19 en la mujer trabajadora salvadoreña, sea por: ingreso, por estabilidad laboral, por violencia, por triple o cuarta jornada, por oportunidades de salida de la crisis. Y, con base a éstos plantearse los diferentes programas de apoyo con una premisa de inclusión preferente.

Hay un tema, que he planteado desde hace varios años a dirigentes sindicales, para que se reivindique, es el de la inactividad laboral, con base a los datos de la EHPM 2019, la tasa de inactividad de las mujeres es del 53.2 por ciento frente al 19.5 de los hombres, para un país donde el 52.93 por ciento de su población son mujeres y más mujeres que hombres entre 15 y 60 años. Es paradójico, no darnos cuenta de cuanta riqueza estamos desperdiciando.

Es claro lo difícil, que es crear empleos para quienes lo han perdido y más difícil crearlos para quienes no lo tenían, pero si hablamos de “milagro salvadoreño”, este sólo puede ser real si las mujeres están en el centro de la política pública de empleos, acceso a educación y salud, protección social y desarrollo humano. Hay que crear líneas de apoyo para mujeres, eso debe incluirse en el fideicomiso FIREMPRESA y otros programas de apoyo a las actividades económicas.

La solución transformativa del país depende de cuánto involucramos a las mujeres, su capacidad, su calidad humana, su enfoque y su prestancia.

Se puede lograr el “milagro salvadoreño”, las mujeres son la clave.

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Francisco Martínez
Columnista y Analista de ContraPunto. Consultor en temas sociolaborales, ex dirigente sindical, ex militante insurgente. Con experiencia en capacitación y organización popular, formación en finanzas corporativas, gestión de recursos humanos
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