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martes, 27 de julio del 2021

¿Simplemente fascismo?

Evelyn Martínez es una prosista precisa que articula con energía sus ideas eludiendo las exhibiciones retóricas. Contar con su experiencia y su sabiduría es algo que no solo enriquece al mundo académico de nuestro país sino que también a la opinión pública salvadoreña.

Como ella bien sabe, la opinión pública democrática es un espacio que revela su buena salud en la medida en que acoge discrepancias vivas y racionales. En dicho espacio no hay verdad sin desacuerdo, sin diálogo abierto a múltiples sujetos con derecho a la palabra. Y como ella bien sabe, lo primero que hacen los regímenes autoritarios es clausurar ese debate imponiendo una verdad presuntamente objetiva.

Esa tentación autoritaria también anida en las élites ilustradas cuya confianza en la razón exacta les hace ver el juego democrático de la opinión pública como un intercambio de opiniones de baja calidad. De ahí que Platón restringiese el diálogo de su gobierno ideal al debate entre los sabios. De ahí que los camaradas del partido estimasen que la verdad solo podía decidirse entre los expertos del comité central.

En el campo de la opinión pública, y dado que la política no es una ciencia exacta como la física, todas nuestras predicciones sobre los fenómenos del poder han de asumir la modesta condición de hipótesis abiertas al escrutinio de los hechos, de previsiones cuya formulación teórica deberá verse sometida al juego del debate abierto y racional.

Incluso antes de leer el desarrollo de “Simplemente fascismo”, adiviné cuáles iban a ser los movimientos del ajedrez argumental de Julia Evelyn Martínez: encajaría el fenómeno Bukele dentro de un tipo-ideal del fascismo, se adelantaría a las objeciones contra ese mecánico juego de las semejanzas, concluiría recomendando la formación de un frente popular en defensa de la democracia. Lo malo de conocer el pasado es creer que siempre se repite de la misma manera, como si el mundo estuviese regido por leyes deterministas que nos liberan de analizar la singularidad de los fenómenos. Basta con decir que Bukele será irremediablemente Hitler y ya está, hagamos un frente popular para impedirlo, sino la posteridad nos juzgará por nuestra falta de previsión.

Con independencia de lo discutibles que puedan ser sus analogías, lo que no dice Julia Evelyn es de cuál manga nos sacaremos ese Frente popular ni quienes van a liderarlo ni cómo van a impedir que Hitler-Bukele se adueñe del poder y suprima la democracia ¿Qué hacemos? ¿Nos sumamos a una alianza frentista liderada por Arena y el FMLN? ¿O apelamos a una izquierda radical democrática que aún no existe?

Se me dirá que las urgencias históricas y el realismo –ahí viene el lobo fascista– nos obligan a pactar con el diablo. El fantasma de Cayetano Carpio nos saldría al paso para preguntarnos ¿Pactarían con el diablo en condiciones de debilidad y a cualquier precio?

Pero no se equivoquen, no estoy diciendo que Nayib Bukele no deba preocuparnos: sería una mala noticia para nuestra “democracia” que Bukele controlase el poder ejecutivo y el legislativo. Ahora bien, la preocupación que desfigura los fenómenos y cae en un alarmismo que infecta el análisis tampoco es saludable, como tampoco sería saludable que el miedo a Hitler-Bukele nos hiciera bajar la guardia ante dos partidos como Arena y el FMLN. El problema de fondo es nuestra clase política y lo inviable que es también la democracia en tiempos del neoliberalismo global.

¿Qué hay que hacer para salirnos del dilema de tener que elegir entre lo malo y lo peor? ¿Se puede escapar ahora de dicho dilema? ¿Cómo?

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