Por Redacción ContraPunto
La informalidad económica —esa actividad económica que opera fuera del marco regulado del Estado— es una realidad extendida en muchas economías latinoamericanas. Recientemente, un estudio del Banco Mundial puso de relieve que El Salvador se encuentra entre los países con una de las economías informales más grandes de la región, medido como proporción del Producto Interno Bruto (PIB). Esto no solo refleja una característica estructural del mercado laboral salvadoreño, sino también plantea desafíos de desarrollo, recaudación fiscal y protección social para millones de hogares.
Una economía informal entre las más altas de la región
Según el informe titulado Repensar la tributación para impulsar el crecimiento en América Latina y el Caribe, publicado en septiembre de 2025 por el Banco Mundial, el grado de informalidad varía considerablemente entre los países de América Latina. El estudio sitúa en los primeros puestos, por el tamaño de su economía informal como porcentaje del PIB, a:
- Guatemala: alrededor del 50 % del PIB.
- Bolivia: aproximadamente 49.6 %.
- Belice: cerca de 44.6 %.
- El Salvador: cerca de 42.6 %.
- Honduras: alrededor de 41.4 %.
Estas cifras ilustran que en varios países de Centroamérica y parte de Sudamérica, una parte significativa de la actividad económica opera fuera del sector formal, sin cobertura social, sin bases tributarias amplias y con limitaciones de acceso a financiamiento y servicios básicos.
¿Por qué el Banco Mundial estudia este fenómeno?
El Banco Mundial no solo presenta estas cifras como meros indicadores, sino que analiza las causas y consecuencias de la informalidad económica. La institución señala que:
- Altos niveles de informalidad reducen la base tributaria, lo que limita la capacidad del Estado para financiar servicios públicos e infraestructura.
- La informalidad está asociada con baja productividad, empleo precario y menor acceso a servicios sociales, lo cual perpetúa la vulnerabilidad económica de los hogares.
- Cada país enfrenta retos particulares en términos de regulación, institucionalidad y estructura productiva, lo que exige enfoques distintos para promover una transición hacia la formalidad.
El informe compara también estos países de alta informalidad con otros de la región en los que el fenómeno es menos intenso. Por ejemplo, Chile registra una proporción de economía informal mucho más reducida, cerca del 13.1 % del PIB, y otros como Argentina y Uruguay también muestran niveles menores, lo que sugiere que políticas de formalización sólidas pueden hacer una diferencia.
- Distintas mediciones pueden presentar indicadores distintos. Por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que aproximadamente una de cada dos personas en América Latina trabaja en la informalidad, con variaciones importantes según el país y el sector económico.
- Por otro lado, los países con economías más formalizadas, como Chile o Uruguay, aunque tienen una menor proporción de economía informal, no están exentos de problemas laborales como precariedad o desigualdad, lo que muestra que la formalidad por sí sola no soluciona todos los retos sociales o económicos.


