Por Víctor Manuel Valle Monterrosa
El ninguneado por algunos, poeta niño de El Salvador, Alfredo Espino, afirmaba que nuestro terruño hace gala de “….octubres preñados de ilusiones”. Ignoro qué lo llevó a esa afirmación; pero cae casualmente bien oportuna al saber que un día de octubre de 1981, hace 45 años, se desvaneció en la niebla de un combate, seguramente preñado de ilusiones, Roque Dalton Cañas, Roquito, un joven guerrilllero de las FPL que era parte de una fuerza insurgente que enfrentaba al Batallón de Infantería de Reacción Inmediata (BIRI) , el Atlactl.
El BIRI Atlacatl fue establecido el 1 de marzo de 1981 y entrenado como fuerza militar contrainsurgente en el Fuerte Braggs, Carolina del Norte, Estados Unidos. Reagan quería contener con eso, en El Salvador, al comunismo amenazante a la seguridad de Estados Unidos. Siete meses después, en los primeros días de octubre, el BIRI Atlacatl llevó a cabo un operativo en gran escala, con miles de soldados, para exterminar las guerrillas izquierdistas y sus poblaciones de apoyo al Norte de Chalatenango, El Salvador. El mismo Batallón fue el señalado como perpetrador de la masacre de El Mozote, Departamento de Morazán, en diciembre del mismo año 1981.
Roquito tenía 26 años al momento de su desaparición y era el primogénito del poeta y combatiente revolucionario Roque Dalton García que, 6 años antes, también había muerto y desaparecido por sus captores y asesinos en mayo de 1975, sólo que él no lo fue por sus enemigos políticos y militares, sino por algunos de sus propios compañeros que entonces comilitaban con Roque en el Ejercito Revolucionario del Pueblo, de El Salvador.
La violencia política en El Salvador, agravada en los decenios de los años 1970 y los 1980, causó la muerte de esos dos luchadores idealistas, Roque y Roquito, que seguramennte vivián preñados de ilusiones por un El Salvador mejor con dignidad para todos y sin duda eran idealistas, “…sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades» para parafresear al Che Guevara en una autosemblanza.
Roque Dalton García (1935-1975) murió asesinado en mayo de 1975 a manos de algunos de sus propios compañeros con quienes compartía clandestinaje y lucha revolucionaria, en un hecho trágico, grave y censurable. Su heroica vida en las letras, la filosofía y la lucha revolucionaria llegó a su fin en mayo de 1975, para entrar a la condición de desaparecido de creciente prestigio político y literario.. Sus captores y asesinos sobrevivientes no han dado cuenta del paradero de sus restos. Su cuerpo no está presente en ningún lugar para que, una familia perennemente adolorida, pueda honrarlo como merece un ser querido, anhelo elemental de nuestras culturas.
Roque Dalton Cañas (1955-1981) según un testimonio de familiar informado”…está como desaparecido, desde el 6,7 y 9 de octubre de 1981. (Cuando ocurrió un operativo militar en gran escala en el norte de Chalatenango, de “tierra arrasada”, “Yunque y Martillo” y para “secarle el agua al pez”) No hay certeza de si fue capturado, ni de que muriera en combate, ni quienes fueron sus victimarios. Nadie ha dado razón de él ni de su cuerpo”.

Cuando se cumplen 45 años de su presunta muerte -por combate o desaparición forzada- aún hay una espesa niebla de impunidad envolviendo la existencia y el recuerdo de Roquito. Una tarea pendiente es una biografía contextuada de este luchador, como hay muchos en nuestra historia patria, y que fue el hijo mayor de Roque Dalton García y su esposa Aída Cañas. Roquito, nacido en 1955, era el hermano mayor de un trío de hijos. Juan José, periodista, nacido en 1956, y Jorge, cineasta, nacido en 1960, completan el trío cuyas vidas con y por Roque y Aída son vastas en riqueza política e intelectual.
Sobre lo anterior, debe recordarse la excelente exposición “Mi más hondo anhelo”, sobre la vida y obra de Roque Dalton García, que organizó la familia con el apoyo del Ministerio de Cultura de El Salvador y estuvo expuesta al público, en BINAES, entre mayo y agosto del 2026 en curso,
Escribía Antonio Machado, el gran poeta español, en 1914, cuando se vislumbraban los horrores de la llamada primera guerra mundial: “La guerra es mala y bárbara; la guerra, odiada por las madres, las almas entigrece. Es bárbara la guerra y torpe y regresiva”.
A falta de informaciones precisas y fidedignas, se puede especular que la muerte de Roque fue en soledad y sin posibilidad de defenderse, pues al momento de recibir la muerte era cautivo. En el caso de Roquito, no se sabe si fue capturado y torturado hasta la muerte o murió combatiendo. El denominador comun de ambas muertes es la condición de que sus cuerpos y restos humanos están con paradero desconocido.
La guerra en El Salvador tuvo sus martirios, heroicidades y justificaciones; pero eso no le guita, como a toda guerra, sus atributos de torpe en sus motivaciones , mala y bárbara en su actuación y regresiva en cuanto al bienestar del pueblo. Pero en el caso de Roque y Roquito, sin duda alguna, invocando a Machado, la guerra es odiada por las madres que no han podido saber circunstancias de la muerte de sus hijos, ni del paradero de sus restos. Por de pronto, en la historia de las infamias de El Salvador, que son muchas, queda el hecho de que Roque y Roquito son héroes idealistas, desaparecidos, de cuerpos ausentes.
Gloria a Roque y Roquito. Que vivan siempre en la memoria colectiva.


