La participación electoral alcanzó el 77,7 %, la más alta desde 1999, mientras los partidos árabes aumentaron su representación parlamentaria y podrían convertirse en actores decisivos para definir el próximo gobierno.
Por Alonso Rosales
Las elecciones parlamentarias celebradas este martes 27 de octubre en Israel dejaron un escenario político incierto para el primer ministro Benjamin Netanyahu. Los sondeos a pie de urna otorgan una ventaja al bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot, pero no le conceden los 61 escaños necesarios para formar gobierno por sí solo, lo que anticipa una compleja negociación para definir el futuro político del país.
De acuerdo con las proyecciones difundidas por el Canal 12 de Israel y recogidas por France 24, el Likud, partido de Netanyahu, y sus aliados habrían obtenido 50 de los 120 escaños de la Knéset, el Parlamento israelí. Por su parte, las fuerzas opositoras sumarían alrededor de 52 curules, mientras que los partidos árabes alcanzarían entre 17 y 18 escaños.
Estas cifras, todavía preliminares y pendientes de confirmación oficial, reflejan un retroceso del bloque gobernante, pero también evidencian que la oposición enfrenta el desafío de construir una mayoría parlamentaria capaz de desplazar a Netanyahu del poder.
Una participación histórica en medio de la polarización
Uno de los datos más relevantes de la jornada fue la elevada participación ciudadana. La Comisión Electoral Central informó que 5.695.682 personas acudieron a votar, equivalentes al 77,7 % del padrón electoral.
Se trata de la participación más alta desde 1999 y de un incremento de casi ocho puntos porcentuales respecto de las elecciones de 2022.
El repunte estuvo marcado por la movilización de los ciudadanos árabes de Israel. En localidades como Um al Fahm, la participación pasó del 38,3 % registrado en 2022 al 75,7 % en estos comicios. En Nazaret aumentó del 48,3 % al 72,2 %, mientras que en Rahat pasó del 60,6 % al 82 %.
Este comportamiento electoral podría tener consecuencias directas en la distribución de los escaños y en las negociaciones posteriores. Los partidos árabes, que en las elecciones anteriores consiguieron diez curules, podrían elevar su representación hasta 18, según las estimaciones iniciales.
Su influencia, sin embargo, dependerá de la capacidad de las distintas fuerzas para alcanzar acuerdos políticos y parlamentarios.
Eisenkot busca desplazar a Netanyahu
El dirigente opositor Gadi Eisenkot afirmó que los resultados preliminares reflejan una pérdida de confianza en el actual primer ministro y manifestó su intención de impulsar un cambio de gobierno.
Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y líder del partido Yashar, sostuvo que actuará para hacer cumplir lo que considera la voluntad expresada en las urnas y establecer un gobierno de movilización nacional.
En la proyección del Canal 12, el Likud habría obtenido 24 escaños, frente a los 22 atribuidos a Yashar. Aunque la diferencia entre ambas formaciones sería reducida, la disputa por el liderazgo del próximo gobierno no se resolverá únicamente por el número de escaños de cada partido, sino por la capacidad de reunir apoyos suficientes en el Parlamento.
Por su parte, el ex primer ministro Yair Lapid calificó el resultado preliminar como una derrota para el bloque de Netanyahu. Sin embargo, las declaraciones de los dirigentes opositores deben distinguirse de la distribución definitiva de fuerzas: las encuestas a pie de urna ofrecen una estimación inicial y no sustituyen el escrutinio oficial.
Los partidos árabes, protagonistas de la negociación
El crecimiento de la representación árabe constituye uno de los elementos centrales de esta elección.
La Lista Conjunta habría conseguido entre diez y once escaños, mientras que el partido islamista Ra’am obtendría aproximadamente siete, según las proyecciones difundidas durante la noche electoral.
En un Parlamento fragmentado, estos representantes podrían influir en las negociaciones necesarias para formar una coalición. No obstante, disponer de un número importante de escaños no garantiza automáticamente su participación en un eventual gobierno opositor: las diferencias ideológicas, las condiciones políticas y la disposición de los demás partidos a pactar serán determinantes.
La cuestión también plantea un desafío para Eisenkot. Si pretende encabezar una alternativa a Netanyahu, deberá demostrar que puede articular una mayoría parlamentaria entre fuerzas con posiciones distintas sobre seguridad, política exterior, identidad nacional y relaciones con la población árabe.
El 7 de octubre y la guerra, trasfondo de las elecciones
Los comicios se celebraron en un contexto marcado por las consecuencias de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva militar israelí en los territorios palestinos.
La jornada electoral también estuvo precedida por demandas de sectores de la sociedad que reclaman una investigación independiente sobre los acontecimientos de aquel día y las decisiones políticas y de seguridad que los rodearon.
Estos asuntos forman parte del escenario en el que los electores evaluaron al gobierno de Netanyahu, aunque los resultados preliminares, por sí solos, no permiten atribuir el comportamiento del electorado a una única causa.
La seguridad nacional, la conducción de la guerra, la situación de los rehenes y las responsabilidades políticas del Ejecutivo han sido temas relevantes en el debate público israelí. La composición del próximo gobierno determinará qué prioridades tendrán mayor peso en las decisiones futuras.
Netanyahu conserva margen de maniobra
Pese a la ventaja preliminar de la oposición, Netanyahu no queda automáticamente apartado del poder. Mientras se completa el escrutinio y comienzan las negociaciones para formar una coalición, el primer ministro conserva margen político e institucional.
El resultado podría desembocar en varios escenarios: un acuerdo entre las fuerzas opositoras y otros partidos, negociaciones prolongadas que permitan a Netanyahu intentar reconstruir una mayoría o, si persiste el bloqueo, una nueva etapa de incertidumbre política.
El umbral decisivo sigue siendo de 61 escaños. Sin esa mayoría, ningún bloque puede garantizar por sí mismo la formación de un gobierno estable.
Por ello, la principal conclusión de la noche electoral no es todavía la salida de Netanyahu, sino el debilitamiento de su bloque y la apertura de una disputa por la mayoría parlamentaria. La oposición dispone de una oportunidad para impulsar un cambio político, pero deberá convertir su ventaja en acuerdos concretos.
En conclusión, las elecciones israelíes muestran una sociedad movilizada y un Parlamento potencialmente más fragmentado. El avance opositor y el crecimiento de los partidos árabes complican las perspectivas de Netanyahu, pero la definición del próximo gobierno dependerá de las negociaciones que sigan a los resultados oficiales. Hasta entonces, hablar de una derrota definitiva del primer ministro sería prematuro.
Fuente: France 24, cobertura de las elecciones parlamentarias de Israel del 27 de octubre de 2026, con proyecciones a pie de urna atribuidas al Canal 12 israelí. Los resultados descritos en esta nota son preliminares y deben contrastarse con el escrutinio oficial.


