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lunes, 02 de agosto del 2021

Roque Dalton

En Roque hallé a alguien que parecía conocerme la historia, los sueños, los miedos, los amores, los deseos

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La verdad es que no sé cuándo fue la primera vez que leí a Roque Dalton. Tengo el lejano recuerdo de sus Historias prohibidas y Taberna en el librero de mi padre, así como una vaga referencia a su nacionalidad: salvadoreño, como mi madre.

Tal vez Roque Dalton se volvió parte de mi vida cuando pise su país, que también es el mío. Me gusta pensar en mi llegada a El Salvador como mi personalísimo viaje a la semilla. No estoy segura, pero es muy probable que ahí, en esa tierra que no conocía pero intuía, Roque se me volvió entrañable. No sé si porque me hablaba de una historia que era mía, aunque yo no la conociera, o porque me contó de la rebeldía que deseé para mi vida desde pequeña. Tal vez Roque es tan importante para mí, porque es la mixtura de la historia de mi madre y los sueños de mi padre.

 Tal vez fue sólo porque sus letras me revelaron una verdad lapidaria: Poesía/ perdóname por haberte ayudado a comprender/ que no estás hecha sólo de palabras. O porque me hizo pensar en aquel amor al que llamé ojos de profunda miel de miel oscura; quizás porque, como él, amo los días celestes de enero y creo, fervientemente que la poesía es –o debe ser- como el pan, de tods. Tal vez porque dicen que tenía un peculiar sentido del humor, y yo estoy enamorada de la risa. Seguramente tuvo qué ver el que le gustaba la cerveza… como a mí.

 Debe ser todo eso. Porque en Roque hallé a alguien que parecía conocerme la historia, los sueños, los miedos, los amores, los deseos. Porque en estos días de encierro me recuerda que aunque hay momentos en que he sentido que de no ser por este corazón,/ por este palpitante planeta musical,/ ya me habría marchado a tratar de morir, hay cosas maravillosas acá adentro, como afuera. Porque no estoy sola, porque junto a mi miedo el miedo que vencieron los muertos,/ junto a mi soledad la vida que recorro,/junto a la diseminada desesperación que me ofrecen,/ los ojos de los que amo/ diciendo que me aman.

 Sospecho que el repertorio experiencias en mi vida podrán seguir siendo contadas con las palabras de Roque, o así me gusta pensarlo. Es lindo imaginar que una vive tan intensamente –y tan bonito-, que una ama la vida tan profundamente, como Roque lo expresaba. 

 Escribo todo esto porque a Roque lo mataron el 10 de mayo; pero hoy, a la víspera, lo traigo metido en la memoria…. Y no dejo de pensar, de sentir, las palabras que le escribiera otro poeta, como él, acongojado frente a la certeza de que la muerte, esa que no era suya y que le llegó tan temprano, no sabría qué hacer con tanta vida.

 Han pasado cuarenta y cinco años de su asesinato, aún impune; y yo, que sólo lo conozco por sus letras, siento un huequito pequeñito (como nuestro Pulgarcito), y pienso, como él mismo dijera: hace frío sin ti, pero se vive.

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