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viernes, 07 de mayo del 2021

Ricardo Trigueros de León: perfil en el aire

Por Víctor Manuel Ramos (*)

Mientras estudiaba la carrera de Maestro de Educación Primaria en el Instituto Departamental de Occidente de La Esperanza, en el Departamento de Intibucá, conocí a Óscar Acosta. Cuando el poeta regresó a Tegucigalpa, depositó en el correo postal, un paquete de libros para mí, que llegaba por medio del avión de SAHSA: Poesía Menor, El Arca y Tiempo detenido, un poema de amor extraordinario por su ternura y sencillez de lenguaje. El último libro pertenecía a la Colección Caballito de Mar, editada por la Dirección de Publicaciones del Ministerio de Educación de El Salvador, a cargo de Ricardo Trigueros de León. El formato del pequeño libro me impresionó y como en la solapa venía el recuento de los títulos publicados en la Colección, de inmediato tomé mi vieja máquina de escribir marca Remington –la había recibido de segunda mano como regalo de mi Tío Camilo Rivera Girón- para redactar una carta para el Señor Trigueros de León en San Salvador. Le contaba que era un joven estudiante de la secundaria y que me había impresionado la Colección Caballito de Mar, que él dirigía, que conocía a través del libro de Óscar y que, si no había inconvenientes, le solicitaba que me enviara todos los números impresos y otros libros editados por la Dirección. Para mi sorpresa, pasadas unas semanas, el cartero llegó a mi casa con un paquete. Contenía libros de la Dirección de Publicaciones que me enviaba su Director el escritor Ricardo Trigueros de León, acompañados de una bella carta, que he perdido, firmada por el mismo Director, en ella me invitaba a seguir con mi vocación por la lectura. Venían en el paquete: la Colección Caballito de Mar completa, ejemplares de la Revista Cultura,  algunos ejemplares de la Biblioteca Popular y de la Colección Poesía. Tres o cuatro paquetes más llegaron a mis manos con abundantes ejemplares editados primorosamente bajo la dirección de Trigueros de León. Con esas lecturas llegué a un conocimiento muy grande de la literatura salvadoreña, de sus nombres más connotados e insignes.

            De pronto los envíos cesaron y de un extenso artículo que yo escribí sobre la obra poética de Claudio Barrera y que había enviado para la Revista Cultura no recibí noticias. El artículo fue publicado por el Quincenario El Heraldo de la Sociedad Cívica y Unionista la Juventud que dirigía acertadamente Humberto Rivera y Morillo en San Pedro Sula. Gustó tanto al poeta Claudio Barrera a tal grado que lo colocó en su libro Hojas de otoño (s/f). Cada vez que pensaba en Don Ricardo lo imaginaba un señor por encima de los setenta, con pelo blanco, bigote y barba poblados, ojos encendidos y andar firme, gesto reposado y espejuelos con aro de grueso carey, seguro y erguido y lleno de energía y entusiasmo. Al ver a mi maestro Don Ibrahim Gamero Idiáquez, en La Lima, mientras yo ejercía el magisterio en la Escuela Esteban Guardiola, siempre recordaba al amigo que me enviaba libros desde San Salvador a La Esperanza, en la más alta meseta de la Sierra de Opalaca. Mis temores eran que le habían despedido los políticos huérfanos de cultura.                                                                                                                                                                                            

            Dolor inmenso. Don Ricardo Trigueros de León había fallecido y no era un anciano bonachón, como yo lo imaginaba; había muerto antes de cumplir los 48 años. Como en ese tiempo las comunicaciones no eran tan fluidas como hoy, yo me enteré muy tardíamente de su triste deceso y fue entonces cuando comprendí el por qué había cesado el flujo de libros que su cariñosa mano ponía para mí en el correo y porqué mi artículo se perdió. Ahora, a través del internet, he visto sus fotografías: era un hombre de buen talante, mirada penetrante, pelo oscuro peinado hacia atrás y sin partido, vestido elegantemente con saco y corbata y rebosante de juventud.  Había nacido el 13 de noviembre de 1917 en la ciudad de Ahuachapán (un año antes que mi madre), y falleció en San Salvador, el 20 de mayo de 1965.

            Entre los libros que recibí, en la Colección Caballito de Mar, venía su texto Pueblo, el número 7 de la colección. Los volúmenes de Caballito de Mar eran breves, se leían de un tirón, además tenían letra grande y los autores escogidos eran realmente creadores de extraordinarias páginas que les habían hecho célebres, estrellas rutilantes de la literatura hispanoamericana: Francisco Gavidia, Joaquín García Monge, Claudia Lars, Carmen Lyra, Miguel Ángel Espino, Ermilo Abreu Gómez, Antonio Mendiz Bolio, Miguel Ángel Asturias, Joaquín Pasos, Juan Guzmán Cruchaga, Pablo Antonio Cuadra, Álvaro Menéndez Leal; Hugo Lindo, Óscar costa,  Pedro Geoffroy Rivas y César Brañas. No me llegaron los textos de Pablo Antonio Cuadra, Álvaro Menéndez Leal, Hugo Lindo y Pedro Geoffroy Rivas. La colección publicó algunos números más pero no conozco los títulos ni los autores. Clementina Suárez tenía varios ejemplares en venta de estos preciosos libros, pero nunca fui a buscarlos por mis ajetreos como estudiante en la Facultad de Medicina, luego tras el asesinato de la poeta no sé qué pasó con esas joyas bibliográficas.

 

            Pueblo es un opúsculo de 44 páginas. Cada folio contiene una acuarela hecha con palabras cotidianas de los paisajes de su ciudad natal Ahuachapán. Están escritos con una sencillez magistral, con una pluma que seguramente se deslizó con la mayor tranquilidad y pasión a la vez por las blancas hojas, para dejar esas huellas indelebles que retratan con extremado cariño y nostalgia la vida cotidiana de la ciudad:         

En un recodo del país, tirada cerca de una llanura, está la ciudad. Blancura de siglos, calles empedradas, hierba en los aleros. Bandadas de golondrinas vuelan hasta las torres de la iglesia.

            “Ciudad tallada en piedra y barro; cuna de los luceros, hermana delos jazmines, dueña de lindas mariposas.

“Un patio, una enredadera, unos rosales florecidos, una claridad sobre los hombros, una brisa, un aroma…l Es un rincón de la ciudad, en una casa antigua.

“El poeta –su poeta- Alfredo Espino, vio el patio y la enredadera y el rosal y a una anciana en medio de las flores. Y el poeta cantó:

                       

“Que tempraneras ella y las palomas:

                        A causa de que el patio se cubría

                        De flores, casi siempre amanecía

Bajo los árboles, barriendo aromas.”

 

            Las estampas, más que acuarelas son videos. En ellos las gentes se mueven, viven, realizan sus actividades, conversan, los chicos hacen travesuras y las gentes celebran sus tradiciones. Los pájaros vuelan, las campanas repican, los rosales perfuman el ambiente y se mueven provocadoramente con el empuje de la brisa. Los personajes más importantes y conocidos del pueblo son los actores y actrices principales del elenco. El autor, al escribir con verdadera añoranza estos sentidos recuerdos, nos deja saber su nostalgia por el tiempo que fue y que no volverá.

            Con motivo de la única Feria internacional del libro que se ha celebrado en Tegucigalpa, en los predios de la Universidad Pedagógica Nacional, compre una colección de 30 volúmenes en la Colección Biblioteca Básica de la Literatura Salvadoreña, publicada por la Dirección de publicaciones, se incluye con el número 20, un libro de Trigueros de León: Perfil en el aire.

            Recientemente recibí un inapreciable regalo desde México, de mi amiga y futura compañera en la Academia Hondureña de Geografía e Historia, la doctora María de los Ángeles Chapa Bezanilla, un interesantísimo libro de Ermilo Abreu Gómez titulado Sala de retratos. Es un libro extraordinario que muestra la magistral pluma del escritor yucateco y que fue reeditado por el amigo de la Academia Mexicana de la Lengua Adolfo Castañón en 2019. El libro de Abreu Gómez me recordó el de Trigueros de León: Perfil en el aire, pues ambos están hechos con semblanzas de personajes que fueron esenciales en la vida de ambos autores. El libro de Abreu Gómez es prolífico en la lista de nombres retratados, mientras que el de Trigueros de León tiene solamente 23 reseñas, pero hay coincidencia en algunos nombres: Enrique González Martínez, Alfonso Reyes, José Moreno Villa y Enrique Diez-Canedo. Trigueros de León vivió en México a finales de la década del 40 y principios de la del 50. El libro de Abreu Gómez estaba editado en1946. No puedo afirmar si Trigueros de León conoció este libro pero su estilo es lúcido y trasparente como el de Abreu Gómez. Leí, de manera comparativa, los textos en que coinciden los retratados. Cada quien tiene su propia estampa. Este libro –Perfil en el aire– muestra a Trigueros de León como un connotado y erudito ensayista y crítico literario. Uso palabras suyas al referirse a Diez-Canedo, su libro es “discreto, algo conceptual, equilibrado, sin rebrillos, pero si  con un dominio de matices que son ejemplo de buen gusto y de excelente técnica”.

            Ricardo Lindo, un destacado hombre de la literatura salvadoreña, al referirse en la Presentación de Perfiles en el aire, nos dice: “Este libro es un devocionario. Es un devocionario de las devociones literarias de Ricardo Trigueros de León”.

            Su primer libro fue Campanario (1941), “un cuaderno como para ser leído en el huerto familiar” según el poeta colombiano Carlos Martín. Nardo y Estrella aparece en 1943. Un libro de sonetos: Presencia de la rosa, en 1945, luego Labrando en madera, con prosas de una nitidez asombrosa. En 1955 sale Perfiles en el aire y en 1960 sus retratos y estampas de su Ahuachapán: Pueblo.

            Viajó por México, Centroamérica, Europa y Sur América. En España se licenció en derecho pero no ejerció la profesión, que su devoción eran los libros, la literatura y el periodismo cultural.

            En los medios radiales y periodísticos ejerció una cátedra al divulgar la actividad cultural de su país y del mudo. En la emisora YSU, que era escuchada en La Esperanza, hacía crítica literaria y presentaba libros.

            Pero su obra más grandiosa fue la fundación del Departamento Editorial del Ministerio de Educación de El Salvador en donde laboró hasta el día de su muerte. En los talleres de la Editorial se rescataron muchos  autores que eran casi desconocidos y se promovieron los escritores de las nuevas generaciones. Trigueros de León era un editor de una pulcritud asombrosa. Las ediciones que estuvieron a su cargo demuestran el buen gusto: los formatos discretos de los libros, las colecciones, las cubiertas sobrias y elegantes y, sobre todo, la esmerada selección de autores y textos que le aseguraron un puesto firme en el recuerdo de la intelectualidad salvadoreña. Su libro Perfil en el aire nos muestra sus admirables amistades en el mundo literario en México y su labor editorial nos desvela los nombres de sus amigos mientras hacía libros bellísimos para la posteridad, ofrecidos al pueblo a precios realmente baratísimos: Pueblo costaba 45 centavos de Colón.

            Ricardo Trigueros de León falleció a la edad en que no debió morir. Con su muerte el Departamento Editorial dejó de laborar durante varias décadas. El gobierno abandonó el trabajo que tanto orgullo nacional e internacional de había dado a Cuscatlán. “Murió joven, joven para edad en que es costumbre morir –escribió Ricardo Lindo-, en que es armonioso morir”. Joven fue también su producción sazonada con esmero a punta de buril y pluma.

En el momento de la entrega a la tierra del cuerpo de Ricardo Trigueros de León, Salarrué dijo estas conmovedoras palabras:

            “Pluguiera a Dios que esta fosa fuera un surco y este cuerpo una semilla para que Cuscatlán pueda tener una cosecha de hombres como él: hombres que se levanten y se hagan lucir como él lo hiciera, sin intención, con trabajo de amor.

            “En mayo suelen morir nuestros poetas, cuando se les llama en juventud. Con las cigarras se van, invocando la frescura del agua fecunda.

            “Él tiene el llanto delos que vemos impotentes a Destino tronchar de modo prematuro la vida y el cielo ya envía el llanto suyo. Brote el tallo verde de la esperanza y el de la milpa que nutre el afán de nuestro pueblo.

            “A veces lo ausentamos llamándole: insustituible por todo lo que él había para una labor de Belleza y Cultura. Nos dejaron sin él, nos dieron de él a medias; tendremos que conformarnos, como siempre.

            “Pluguiera Dios que esta fosa fuera un surco y este cuerpo una semilla. Y luego el abrazo cálido de la tierra y sobre ella el vasto silencio de nuestro cielo constelado.”

 

 

Tegucigalpa, 26 de diciembre de 2020.

Víctor Ramos, unidad y diversidad

Mi querido y entrañable amigo, de infancia y compañero Víctor Ramos, me dedica unos párrafos de su estima, lo cual agradezco muchísimo.

Nos conocemos desde que tuvimos conciencia en la juventud y madurez sobre nuestro rol, desde nuestra perspectiva de artistas que hemos bregado en la búsqueda del vellocino de Oro de la literatura y el arte, mismo que posiblemente lo hayamos encontrado sin darnos cuenta.

Hemos aportado en esta dimensión algo de nuestro acervo creativo de la palabra y su esencia estética.

En esos caminos paralelos he tratado en la medida de mis posibilidades éticas exponer mi reflexión con relación a la lealtad a los amigos, al arte y a quien seguimos como líderes que impulsan la transformación de la Patria.

Por norma personal no ataco a nadie, ni entro en polémicas insustanciales, no respondo insultos, empero, trato de exponer mis conceptos tal como soy, una persona serena, reflexiva.

No me mueve jamás exponer un raciocinio visceral, y sé que a Víctor Ramos tampoco, fuimos formados ideológica mente él en el PCH y yo en el PCH-ML. Víctor ha tenido una carrera brillante en su especialidad científica universitaria y ha logrado muy honrosos premios literarios  nacionales e internacionales, es un dariano muy reconocido, actualmente es  el presidente de la Academia

Hondureña de Geografía e Historia.

No estamos en bandos contrarios sino en mismas veredas políticas seguros que el camino es este, y tal vez haya otro, pero este de las elecciones es un sendero  trazado por Libre para alcanzar al menos una primera grada del ascenso hacia un posible poder popular.

Así como hay críticas y propósitos contrarios a la gestión de Mel Zelaya, en su rol de Coordinador General del Partido, hay otras voces que salen en su defensa, esa es una dialéctica ideológica  diversa. Esa interacción de ideas debe enriquecernos.

Mis espadas que no son tales si no ideas contrapuestas en una discusión en donde nuestro líder Manuel Zelaya está puesto en tela de duda en su honestidad e idoneidad al frente de una estructura partidaria que bien que mal ha sido la única referencia opositora verdadera e histórica frente a la dictadura aplastante que ha sumido al pueblo hondureño en un estadio de ignominia impresionante.

Víctor Ramos, mi querido amigo de la infancia no es mi enemigo, en nada posible, es mi compañero de lucha, como otros, es un amigo de infancia con quien jugamos en Jesús de Otoro en tierras de mi tío Lorenzo Amador.

En donde no coincidimos es con la descalificación de nuestro camarada Mel Zelaya, conductor de dos triunfos inobjetables ante un dictador apoyado por el Comando Sur, la Cía, la ultra derecha fáctica mediática, etc.

La crítica y la autocrítica fue método de pensamiento de los partidos de izquierda, la argumentación es una forma del pensamiento lógico, con ambos caminos metodológicos seguiremos conversando para enriquecernos.

Cuánto me alegra que mi amigo Víctor Ramos vaya nominado en el Movimiento 5 de julio, en la casilla de Designado Presidencial acompañando a otro  amigo, Nelson Ávila como pre candidato presidencial en Libre.

Les deseo los mejores y gratos resultados electorales.

Hemos sido compañeros de militancia política y proseguiremos en esa dimensión.

Pero más nos une el arte y la literatura de humanismo universal.

Abrazos siempre a mi compañero de infancia, allá en las silvestres campiñas del Valle de Otoro, en donde hoy reside mi entrañable amigo y hermano poeta Marden Nóchez que según sus versos, el paraíso de estas tierras lo tiene como un príncipe encantado.

(*) Académico e intelectual hondureño

              

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