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sábado, 24 de julio del 2021

RESEÑA: Tania Primavera al centro

Para los que crecimos en un El Salvador y tenemos casi 50 años viviendo en California del Sur, Primavera traza en sus escritos vestigios de un pasado histórico cruel (el cual no viví) atado a un presente, su vida personal como artista y escritora, quizás imaginando un mejor futuro para su patria

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Para Silvia Álvarez de Marroquín

LOS ÁNGELES.     El libro “Mujeres al centro: Relatos y ficciones de escritoras centroamericanas” (Editorial Cholsamaj, Guatemala, 2019) me llegó cuando el débil  invierno de California está por irse, la pandemia del COVID-19 amaina, dejando miles de muertos e ilusiones de empresarios en quiebra, y en mis sueños extraño no ver a la gente caminando con mascarillas multi-colores escuchando la música de Jazz en Sirius XM, Canal 67. 

Destella en este tomo de “voces diversa de las mujeres del siglo XXI” en América Central, como dice la coordinadora del proyecto Guisela López de Guatemala–tres relatos de Tania Primavera, licenciada en relaciones públicas de la UTEC en El Salvador y quien desde el 2008 ha sido encargada de comunicaciones para el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) en San Salvador, donde ha conducido talleres con jóvenes sobre memoria y derechos humanos, aparte de ser colaboradora para varias publicaciones, incluyendo a CONTRAPUNTO.  

Para los que crecimos en un El Salvador y tenemos casi 50 años viviendo en California del Sur, Primavera traza en sus escritos vestigios de un pasado histórico cruel (el cual no viví) atado a un presente, su vida personal como artista y escritora, quizás imaginando un mejor futuro para su patria.  La famosa escritora estadunidense Joan Didion en su ensayo publicado en 1976 (el mismo año que Primavera nació en Santa Ana) “Por qué escribo” (“Why I write”) dijo que la literatura es el acto de llamar la atención a otros y otras diciendo, “escúchame, ve las cosas como yo, cambia tu pensar (“listen to me, see it my way, change your mind”).   Espero que la idea de cambiar el pensar de todos y todas haya sido la razón por qué Susana Reyes, académica de la UCA, incluyó a Primavera junto con los escritos de Anna Delmy Amaya Aguilar, Jorgelina Cerritos, Jeannette Cruz Coreas, Ana Escoto, Teresa González, Nancy Gutiérrez, Isimei Lino Guandique, Claudia Reneé Meyer, y Nicole Membreño, como representantes de la literatura escrita por mujeres en El Salvador actual.   

La llorona de Alfonso Kijadurías 

En “Cuando fuimos a cortar” Primavera escribe de sus padres, “Ya estábamos en guerra.  Quedamos con ella, sola ella, el guitarrista se fue con la llama de la utopía”.    Para apreciar este pasaje poético, se tiene que entender el contexto histórico de la lucha armada del FMLN como  oposición al militarismo y autocracia del gobierno salvadoreño (mangoneado por el gobierno de los Estados Unidos) en los años ochenta y el efecto de dicha guerra en el destino de una familia que quedó dividida , victimizada, traumada, y a cargo de una mujer que como madre tenía que salir adelante.   Al mismo tiempo, y sin hacer un discurso político, Primavera da en el blanco al hacer ver que cuando un artista se incinera en la llama de la utopía, el ideal artístico muere.   En sus colaboraciones para CONTRAPUNTO, Primavera ha recalcado que ella escribe “gotas” de su visión como artista que lidea con el pasado, la realidad que vive, y el futuro como mujer y artista.  

En “Veredeando entre El Espino” Primavera ficcionaliza en parte la vida de una mujer campesina mientras conjuga el sufrimiento de dicha mujer: “Su vida sería el trabajo, siendo recolectora de café.  Ella sola dio a luz, en esa tierra de El Espino, entre Antiguo Cuscatlán y San Salvador”.   Si el sistema de salud en Cuba supera al sistema de salud en El Salvador es porque ninguna cubana da a luz a un bebé a solas y sin ayuda médica.  Hallé interesante el uso de la palabra “recolectora” de café. No creo que ir de cortadora de café a recolectora de café signifique progreso.   Recolectar denota un mundo de desperdicios de plástico, latas, botes, y botellas en El Salvador de la segunda década del siglo XXI.  Al usar Primavera la palabra “recolectora” diestramente pone a su protagonista dentro de un nuevo mundo.  En la década de los años sesenta en Santa Ana asistí a una velada artística en la nueva capilla de la iglesia mormona cerca de la calle 25.  De parte del ministerio de educación llegó a bailar esa noche la célebre Morena Celarié (1922-1972) y otras danzantes acompañadas al piano por la etnógrafa y compositora María de Baratta (1890-1978).   Entonces desconocía todo el apoyo que de Baratta le dio al eximio guitarrista y compositor paraguayo Agustín Barrios “Mangoré” (1885-1944) durante los últimos cuatro años de su vida en San Salvador y lo misógino de la famosa tonada de Lara.  Al concluir la danza de las cortadoras de café del compositor santaneco Francisco “Pancho” Lara (1900-1989) todos nos pusimos de pie y las ovacionamos.  

Tania vedediando en El Espino

En “Las plañideras de Santa Ana”, Primavera nuevamente entrelaza el impacto negativo del militarismo salvadoreño en su vida (presente y pasado) al contar: “Entré al lugar donde torturaron al músico matemático que era mi padre.  El piso era el mismo.  Sentí el frío del recuerdo latente.  La cerradura de la puerta por donde logramos verlo y encontrarlo”.   La pérdida de un músico y de un matemático no solamente fue la pérdida de una familia sino de todo un país y de Centro América.  Me remonto a los años ochenta en las clínicas legales de EL RESCATE en Los Ángeles a mujeres salvadoreñas con niños chiquitos que llegaban para asesoría sobre el asilo político (el cual los jueces de ley migratoria se los negaron en su mayoría).  Las mujeres habían visto a sus familiares desaparecer a manos de las fuerzas armadas salvadoreñas .  La triste realidad es que la casta militar en El Salvador ha quedado incrustada en el poder en un país que tiene menos de la extensión territorial que el condado de Riverside en California.    En el 2021, la mayoría de hombres y mujeres de El Salvador en procesos de deportación temen ser torturados en su otrora patria.  

Los relatos de Primavera tienen la sutileza de una artista que describe el pasado con breves pinceladas poéticas para centrarlo a su presente como mujer y artista.   Su sentimiento de entender el pasado y de conocerse como mujer y como escritora me hacen pensar en el libro de la escritora afro-estadunidense Nadia Owusu, “Aftershocks” (Simon & Schuster 2021).   Espero que el MUPI publique los escritos completos de Primavera en un libro y que nos inviten a su lanzamiento en un espíritu de solidaridad con la mujer salvadoreña del Siglo XXI en un mundo post-COVID-19.    Mis felicitaciones a las creadoras y escritoras de “Mujeres al centro”.

(*)  Abogado de ley migratoria en Sherman Oaks, California, y columnista de CONTRAPUNTO.   

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Columnista Contrapunto
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