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lunes, 06 de diciembre del 2021

¿Quo vadis El Salvador? Clase polí­tica se recompone ¿y tú?

Si bien las encuestas establecen a Nayib Bukele como ganador de las próximas elecciones presidenciales en primera vuelta, las concentraciones de cierre de campaña indican que Hugo Martí­nez tiene aún posibilidades. Sin embargo, ni los candidatos ni el statu que objetan a Nuevas Ideas pudieron sacarlo de la contienda.  El Salvador como paí­s no sabe con certeza a dónde va. El rechazo al capitalismo depredador de ARENA no implica que la población y los partidos sean anticapitalistas. Las opciones viables son el neoliberalismo modernizador del FMLN/Hugo Martí­nez o el de Nayib Bukele/GANA.  No hay lucha ideológica y polí­tica substancial entre candidatos.  La crí­tica a sus plataformas es una evaluación académica. Ningún partido cuestiona la esencia de las propuestas de sus contendientes. Aunque Bukele parezca ajeno, el ex-edil y gran parte de su equipo de campaña viene de la misma clase polí­tica. Lo esperable es una recomposición de dicha clase polí­tica y la efervescencia social que quedará en la oposición.  El futuro depende de su organización y movilización. Los candidatos representan sus partidos, sus intereses y el de sus amigos, en nuestro paí­s, en época del neoliberalismo devastador de estados.

Carlos Calleja es un individuo no partidario cuyo interés presidencial no parece propio.  Su inexperiencia polí­tica, perfil profesional e intelecto no respaldan su candidatura.  No obstante su asociación con la USA, no tiene apoyo polí­tico influyente de ese paí­s. De ser electo, su gobierno estarí­a en manos totalmente de ARENA.  Sus posibilidades de ganar en segunda vuelta son remotas. Serí­a difí­cil que los de la campaña “devuelvan lo robado” se alí­en con él., pero en polí­tica no hay nada escrito.

Hugo Martí­nez es un hombre de partido, como parte de los dos gobiernos del FMLN, que no mostraron pretensiones socialistas, parece dispuesto a continuar construyendo obras ganancias a las grandes corporaciones y generan empleo.  Su plan sugiere expandir el modernismo más allá de San Salvador y La Libertad.  Aunque no escapa a las acusaciones de nepotismo, ha generado imagen propia y partidaria entre bases y simpatizantes del FMLN. Es paradójico que su partido haya hecho más obras tangibles en las ciudades más populosas del paí­s que ningún otro partido en los últimos 40 años, y sea esta población la que precisamente le niega el voto a Hugo Martí­nez, según encuesta interna.

Es difí­cil que el electorado separe a Hugo Martí­nez de la dirección del frente.  Aunque Medardo González y José Merino hayan reducido su presencia en la campana, declaraciones de Eugenio Chicas, sobre sus alianzas con ARENA y tuits de Lorena Pena sobre veteranos de guerra opacan la saga del ex-canciller. El FMLN no ha proyectado un candidato completamente al mando, ni claridad sobre qué hacer más allá de primera vuelta.

Nayib Bukele, “new kid in the block”, y  muchos de sus asesores, vienen de las entrañas de la clase polí­tica de El Salvador, que han derrotado.  Su experiencia administrando Nuevo Cuscatlán y San Salvador lo proyecta como un neoliberal modernizador más ágil y habilidoso que sus contrincantes. Además de su audaz y osado discurso, el desmarque de Bukele de la clase polí­tica y su aguda crí­tica a ARENA y dirección de su ex-partido, le da ventaja ante sus adversarios en las redes sociales. A diferencia de sus opositores, acumulo contactos en Facebook, Twitter, y otras plataformas de comunicación, mucho antes que FMLN y ARENA las tomaran en serio. Su discurso además de especí­fico, es ambicioso, puntual y accesible a la población.  FMLN propone polí­ticas generadoras de empleos, Bukele ofrece tren, aeropuerto, hospitales, universidades, que sugieren empleos en sí­.

 Si bien su poca militancia partidaria genera incertidumbre respecto a sus promesas, la kinestésica polí­tica de Nayib Bukele le ha granjeado aceptación. Todas las obras públicas y discursos polí­ticos tienen aspectos cuestionables — no obstante, el ex-alcalde ha mostrado coherencia y consistencia de su retórica con acciones.  Lo notable e icónico de sus obras y polí­ticas en Nuevo Cuscatlán y San Salvador, como no cobrar salario, prestar servicios enfrentando a instituciones públicas como ANDA y MOP ante usuarios, generan confianza. La ausencia de Bukele en debates promovidos y publicados por la prensa tradicional, es consistente con su promesa de hacerlos pagar impuestos y considerarlos al servicio de una oligarquí­a. Sus ataques de campaña han estado dirigidos principalmente a ARENA y no al FMLN, abriéndose a posible alianza en segunda vuelta.

El FMLN no promueve en sus militantes su rumbo en segunda vuelta.  Además de dirigir sus ataques mayoritariamente contra Bukele, el FMLN se ha encargado de corroborar algunas de las crí­ticas del ex edil.  Nayib criticó la falta de liderazgo del presidente, y Sánchez Cerén se hace a un lado y pone al frente a su vicepresidente. Les acusa de ser lo mismo que ARENA y los tuits de Peña y declaraciones de Chicas sugieren cercaní­a.

¿De dónde viene Bukele y qué intereses representa? A diferencia del candidato de ARENA, Nayib Bukele no viene de la oligarquí­a, ni tampoco tiene procedencia modesta como la de Hugo Martí­nez. Si bien heredó algún capital de su padre, el industrial Dr. Armando Bukele, su capital o ha hecho del comercio y de servicios de publicidad, especialmente. Parece un empresario rebelde, pragmático, con aspiraciones polí­ticas y sin compromiso partidario, que modernizarí­a la administración del estado. En declaraciones en Washington sobre ser presidente de un paí­s tercermundista, Bukele dejó claro que su ambición va más allá de El Salvador. Por el lado amable, lo inspiraron los púlpitos de la ONU, Jerusalén y Tel Aviv.

La actual coyuntura polí­tica de El Salvador no es solo la elección de un presidente — hay renovación de expectativas y movilización entre la población. Independientemente de quién sea el nuevo presidente, estas elecciones serán un referéndum de la clase polí­tica.  El discurso que han promovido los candidatos ha sido de ataque y defensa de la misma. La prensa, instituciones financiadas por USAID, la oligarquí­a, las directivas de dichos gremios y sus intelectuales, universidades, iglesias y organizaciones laborales, judiciales, y de todo tipo, se han alineado en defensa del sistema. Aunque de ganar Bukele no vaya hacer cambios significativos al sistema polí­tico oligarca, los demás partidos y asesores, aterrorizados lo han promovido como revolucionario que alterarí­a todo.

Los discursos de Bukele y adversarios han elevado las expectativas del pueblo.  El entusiasmo de bases del FMLN y seguidores de Bukele en las concentraciones del último fin de semana, son promisorias. EL intercambio insultos en las redes sociales entre seguidores de ARENA, FMLN y Nuevas Ideas parece de jóvenes que vienen de un mundo virtual, de teléfonos inteligentes y los viejos de un pasado marcado por la guerra, que reduce su visión al volanteo, pinta y pega. Es risible y paradójico que hoy intensifican el asesinato de carácter a candidatos, después del 3 de febrero deban unirse.  El dí­a después de las elecciones será para muchos el despertar de una borrachera, en cama ajena.

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