domingo, 14 julio 2024
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Pupusas en los pinos, segunda parte

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"Se desconoce el origen de la pupusa, sin embargo, es salvadoreña por ¿adopción o apropiación? ¿o ambas?": Gabriel Otero.

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Por Gabriel Otero.

¿DÓNDE NACIÓ LA PUPUSA?

Fruto del chovinismo vil, a los salvadoreños se nos ha hecho creer que la pupusa es un símbolo autóctono de la cultura nacional, pero es hasta en este milenio que investigadores e historiadores han empezado a hurgar en referencias documentales que demuestran lo contrario.  

Para el doctor Ricardo Castellón, egresado de la Universidad de Colonia y miembro de la Academia Salvadoreña de Historia atribuyó una de las razones a la escasez de investigaciones: “en Centroamérica poco hemos trabajado el asunto del territorio, la demografía y la movilidad”. Y enfatizó que “es impresionante cuánta migración ha habido por causa de la búsqueda de la supervivencia. El impacto de la economía en la sociedad ha sido, históricamente, brutal. Todos esos factores hacen que tengamos tan pocos (y añorados) registros de nuestros haberes alimentarios”.

Entonces, los investigadores deambulan a ciegas buscando fuentes de cualquier índole, no existen precisiones concluyentes, solo algunas suposiciones sueltas que enriquecen el debate y cultivan las interpretaciones.  

Curiosamente, La Zebra, una revista de arte y literatura, dirigida por el antropólogo y escritor Jorge Avalos, en enero de 2016 incitó a un conversatorio sobre los orígenes de la pupusa como fenómeno cultural en el que participaron Carlos Bucio Borja y Carlos Cañas Dinarte, antropólogo e historiador, respectivamente.

Las ideas ahí plasmadas se convirtieron en referente obligado por su originalidad y atrevimiento. Avalos, en la introducción, escribió “que la palabra pupusa en el siglo XIX es mencionada por Santiago I. Barberena una sola vez en El Salvador y no le atribuye un origen local sino maya-quiché”.

El vicedirector de la Academia Salvadoreña de la Lengua y Premio Nacional de Cultura, Jorge E. Lemus, indagó sobre la etimología de la palabra pupusa para concluir que no es náhuat-pipil.  

La cultura del maíz tan extendida en Mesoamérica hizo que el patrimonio de este alimento sagrado fuera un bien colectivo de la región, a través de los siglos, tan importante fue para mayas como toltecas, mexicas o pipiles.

Y en ese sentido hay similitudes en las costumbres alimentarias con algunas variantes, en la Historia General de las Cosas de Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún alude que los mexicas…”usaban también muchas maneras de tortillas para la gente común. Una manera della se llaman tianquiztlacualli; quiere decir “tortilla o tamal que se vende en el tiánguez”. Otra manera del tiánguez, que se llama íztac tlaxcalli etica tlaoyo, quiere decir “tortilla muy blanca que tiene de dentro harina de frijoles no cocidos”. […] (Libro VIII, Capítulo XIII).

Esta es una mención directa del Tlacoyo, una tortilla rellena que los españoles encontraron en el tianguis de Tlatelolco. El Tlacoyo es ovalado y se cocina de manera muy similar a la pupusa, en un comal y sin aceite, a este se le atribuyen todas las derivaciones de platillos elaborados con base al maíz como los sopes, las gorditas y las quesadillas.

Siguiendo el tenor de coincidencias y similitudes, Carlos Bucio Borja, participante en el conversatorio de la Revista La Zebra, opinó sobre la pupusa y conjeturó dos alternativas: “o constituyen un alimento (una receta general) que antecede las actuales fronteras salvadoreñas o la identidad nacional, la cual no existía cuando se firmó el Acta de Independencia de las Provincias de Centroamérica en 1821; ó las pupusas son una receta mestiza, ya sea de los primeros años de la colonia o de un período posterior, y que incorporara elementos culinarios mesoamericanos e iberos, imponiéndose una voz náhuat”  

Es un hecho que en Guatemala y Honduras se consumen ticucas y pupusas pero no han sido adaptadas de la misma forma que en El Salvador, se deduce entonces que la denominación de origen no corresponde a regiones como la nuestra. El Salvador nació después de 1821. 

Para Ricardo Castellón “demográfica, cultural y económicamente, Centroamérica (sobre todo el Pacifico) reunía características que sugieren una importante riqueza culinaria al momento de la conquista. Pero el impacto fue demasiado avasallador. Después, siguió una profunda crisis económica que condujo a una elementalidad propia de territorios periféricos. El repertorio alimentario se limitó aún más. El destino del “Hinterland”, del que las provincias de San Salvador y Sonsonate formaron parte, fue el de haciendas de los capitalinos guatemaltecos”.  

En resumen, se desconoce el origen de la pupusa, sin embargo, es salvadoreña por ¿adopción o apropiación? ¿o ambas? 

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Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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