Por Alonso Rosales, analista internacional
Durante cuatro días consecutivos de protestas en Irán, miles de manifestantes han salido a las calles en Teherán y diversas ciudades del país para expresar su descontento por la grave crisis económica, marcada por la caída histórica del valor del rial, la moneda oficial iraní, y el creciente costo de la vida para la población.
El rial iraní se ha desplomado frente al dólar estadounidense, situándose en niveles récord en el mercado libre, lo que ha exacerbado el aumento de precios (inflación anual por encima del 40 %) y ha deteriorado de manera significativa el poder adquisitivo de la ciudadanía. Este colapso económico se ha visto intensificado por las sanciones impuestas por Estados Unidos y otros países occidentales, las cuales han limitado la capacidad de Irán para obtener ingresos petroleros y acceder a los mercados internacionales.
Las protestas comenzaron entre comerciantes y dueños de tiendas del Gran Bazar de Teherán, que cerraron sus negocios en señal de protesta, y rápidamente se extendieron a universidades y otras ciudades como Isfahán y Hamedán, con estudiantes y jóvenes uniéndose a las marchas. Las consignas en las calles reflejan no solo las dificultades económicas, sino también un profundo descontento con el rumbo político y social del país.
En algunos casos, se reportaron intentos de irrumpir en edificios gubernamentales y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que respondieron con gas lacrimógeno y detenciones para dispersar a los manifestantes.
Frente a esta presión social inusual, las autoridades iraníes adoptaron una postura diferente a la de protestas anteriores: ofrecer diálogo abierto con los manifestantes. El presidente Masoud Pezeshkian instruyó al ministro del Interior a escuchar y responder a las “legítimas demandas” de quienes protestan, mientras que la portavoz del gobierno, Fatemeh Mohajerani, anunció la creación de un mecanismo de diálogo que incluya conversaciones directas con líderes de las protestas.
Este tipo de diálogo, “inédito” en medio de protestas económicas de esta magnitud, implica que el gobierno reconoce oficialmente el malestar ciudadano y busca responder a las preocupaciones mediante canales de comunicación directa, con la intención declarada de abordar la crisis económica, discutir posibles reformas y aliviar parte de la tensión social.
Sin embargo, la respuesta de la sociedad iraní ha sido escéptica en algunos sectores, dado el historial de protestas recientes que no siempre han resultado en cambios sustanciales. Las autoridades parecen estar intentando equilibrar una respuesta de apertura con medidas de control tradicional, dejando en evidencia los desafíos que enfrenta el régimen para gestionar una crisis económica profunda mientras mantiene el orden interno.
Fuente: Reuters / Informes recopilados por medios internacionales sobre protestas en Irán y la oferta de diálogo del gobierno. Al monitor, euronew, Yahoo, noticias


