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sábado, 15 de mayo del 2021

“˜Por la causa proletaria”™, órgano de la Resistencia Nacional de El Salvador en los 70

La publicación, como puede verse en el trabajo, tuvo dos grandes perí­odos: El primero, mientras era una de las tendencias existentes en el seno del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) salvadoreño. El segundo perí­odo de existencia de Por la causa proletaria tuvo lugar al darse la escisión de la RN tras las purgas internas del ERP en mayo de 1975. En este trabajo se recogen algunas de las principales caracterí­sticas discursivas de Por la causa proletaria.

La Resistencia Nacional (RN) y su brazo armado, las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional (FARN) fue una de las organizaciones polí­tico-militares que integró, en la década de 1980, el Frente Farabundo Martí­ para la Liberación Nacional (FMLN), actualmente en el gobierno. La génesis de la RN se remonta a los años de formación del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), dentro del cual era una de sus agrupaciones. Recordemos que el ERP tení­a en sus inicios una estructura organizativa bastante atí­pica. En vez de contar con una sola lí­nea polí­tica, expresada en una dirección centralizada, estuvo formada por varias agrupaciones, hasta los hechos trágicos de mayo de 1975 “”el asesinato de Roque Dalton, “Tí­o Julio” y Armando Arteaga, “Pancho””” y el congreso de 1977, en el que se consolidó una única dirección polí­tico-militar en el seno de la organización.

El órgano de divulgación de las posturas polí­ticas de la RN fue el periódico Por la causa proletaria. La organización también creó otras publicaciones. Asimismo, un número de Por la causa proletaria de 1974, da cuenta de la existencia de las siguientes publicaciones de La Resistencia “”entonces, parte del ERP””: Despertar campesino, Bandera roja, El artillero, Trinchera juvenil y Cómo.[1]

El frente de masas de la RN era el Frente de Acción Popular Unificada (FAPU). Su órgano de divulgación era el boletí­n Pueblo, cuyo logotipo era una reproducción de la escultura Obrero y koljosiana, obra de la escultora soviética Vera Mújina. La escultura, que se encuentra en Moscú, en su lugar original, tras una serie de avatares que no viene al caso narrar aquí­, era un í­cono del arte soviético. En El Salvador se convirtió en el logotipo de la publicación del FAPU. La publicación evolucionó, de una impresión artesanal, a media carta, a un formato mayor, en offset y con fotografí­as. Se mantuvo, por lo menos, de 1975 a 1979. Pueblo también tuvo una edición internacional. La RN también creó una lí­nea de publicaciones, titulada Pueblo insurrecto. En tiempos de la guerra de los 80, creó las Ediciones Roque Dalton. De esta misma época también data la publicación colectiva León de piedra, testimonios de la lucha de clases en El Salvador, dirigida por el poeta Alfonso Hernández, y publicada en 1981. También se sabe de una publicación titulada Polémica, de la cual, lamentablemente, no encontramos ejemplares en el acervo del CIDAI[2].

En este artí­culo nos detendremos en Por la causa proletaria.  Esta tuvo, al menos, dos perí­odos. El primero, cuando la agrupación denominada entonces La Resistencia era una tendencia más dentro del ERP. El segundo, cuando los miembros de La Resistencia se separan de la organización después del asesinato de Dalton y Arteaga y se constituyen como una agrupación autónoma, con su propio brazo armado, las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional.

Primera época: Por la causa proletaria, periódico de divulgación polí­tica e ideológica

Por la causa proletaria nace en octubre de 1972, según lo consigna una publicación de la RN de 1976.[3] Ahí­ se detalla lo siguiente:

En octubre del 72, damos nacimiento al periódico Por la causa proletaria, el cual surge como un órgano polí­tico e ideológico destinado a las masas y las bases de la organización y a nombre de la “Resistencia Nacional”. Sin embargo, los 10 primeros números evidencian la dispersión ideológica y polí­tica en el seno mismo del ERP, en ellos puede analizarse las dos tendencias que pugnan por desarrollarse, por derrotarse, por unificarse. Es un procese complejo y que se desarrolla sin control de los organismos de Dirección. La misma aparición no planificada ni estable del periódico, indica la falta de visión interna para darle su lugar a la Prensa Revolucionaria como elemento aglutinador y orientador tanto en lo interno como en la proyección hacia las masas.[4]

En efecto, y por lo que puede apreciarse en los ejemplares consultados para esta investigación, Por la causa proletaria recoge informaciones que no circulaban en la prensa legal (“La verdad tras la noticia” se llama una de las secciones más o menos fijas de la publicación), incluyendo notas sobre las actividades del movimiento social y elementos de formación ideológica para las masas. Al igual que El Rebelde, el periódico de la RN tiene recuadros con advertencias como estas:

compañero lector:

Haz circular este periódico entre tus familiares y amigos de confianza. Ten cuidado de los orejas.

La prensa revolucionaria es clandestina, pero debe llegar a todos aquellos salvadoreños conscientes y dispuestos a luchar. (Por la causa proletaria, N° 7 y N° 8)

estudia este periódico. hazlo circular entre gente de confianza. crea una red de distribución con mucho cuidado y discreción. (Por la causa proletaria, N° 14)

La independencia de 1821 vista desde la Resistencia

En el artí­culo “Las fiestas de la independencia, fiestas para los ricos y sus lacayos”, publicado en el número 7, de octubre de 1973, se expresa una visión de la independencia nacional que, en ese tiempo, era totalmente contracultural. Es la versión “alternativa” de la historia, discrepante de la “historia oficial”, según la cual la independencia de 1821 fue el resultado del heroí­smo de los llamados “próceres”. Esta visión de la historia hoy parece casi un lugar común. Pero en aquella época era una transgresión contra la historiografí­a oficial de los gobiernos militares. El texto se dedica a desenmascarar a los héroes oficiales y a proponer héroes alternativos. Como cabe esperarse, Anastasio Aquino es el “precursor de las luchas del pueblo”[5] y simboliza la verdadera independencia, la independencia popular que no se ha consumado.

En un contexto de auge de las luchas revolucionarias, para los redactores, la burguesí­a estarí­a añorando los tiempos en que se reverenciaba la simbologí­a de la república cafetalera:

[¡]Pero con cuanta nostalgia miran la burguesí­a y sus lacayos los tiempos pasados! [¡]Qué hermosos eran aquellos tiempos cuando los estudiantes desfilaban, ordenaditos, el 15 de septiembre mientras se hací­an discurso tras discurso recordando la “˜heroica gesta”™ de sus próceres! [¡]Qué bello cuando el pueblo engañado, aplaudí­a a los plumí­feros y demás perros sirvientes de la burguesí­a en las fiestas de “su” independencia![6]

En el texto se plantea que hay una continuidad histórica entre las luchas del pasado y las del presente. La clase dominante, entretanto, se muestra como en estado decadente. Esto, que Roque Dalton expresa poéticamente en “Ultraizquierdistas”, se afirma de la siguiente forma:

Es que la burguesí­a salvadoreña, aliada del imperialismo, está condenada históricamente a desaparecer y, en plena decadencia, hace desesperados esfuerzos por modificar esa realidad. El pueblo, mientras tanto, afila sus armas y se prepara para las batallas definitivas; es que nuestra lucha engarza con las primeras luchas guerrilleras de los indios ante el invasor español, con la insurrección de los nonualcos, con los aplastados alzamientos campesinos de 1972 [sic], 1875, 1885, 1898, con la gran insurrección popular de 1932, con las luchas heroicas de 1944, 1960, etc. El pueblo tiene sus héroes y precursores en Atlacatl, Anastasio Aquino, Feliciano Ama, Farabundo Martí­, Luna, Zapata, Chávez Galeano, Ví­ctor Manuel González, Santiago Contreras, Dimas Alas, etc.[7]

Es significativa la inclusión de Santiago Contreras, militante obrero del PCS cruelmente torturado y asesinado por los cuerpos represivos en 1968, junto a otros dos compañeros duyo y de Dimas Alas, uno de los fundadores de las FPL. Veremos que en las publicaciones de la RN incluidas en este estudio “”con todo y las crí­ticas duras a otras organizaciones”” hay una conciencia de la necesidad de construir la unidad de las fuerzas de izquierda, que parece casi ausente de las demás publicaciones de esta década. Conciencia que está, por lo demás, matizada por expresiones de sectarismo, tan propias de esta etapa histórica. Pero, volviendo al tema de la independencia, el autor del texto augura el triunfo seguro del pueblo salvadoreño.

Dejemos, pues, que la burguesí­a celebre sus funerales. Dejemos que los ricos, sus perros uniformados, sus lacayos, sus plumí­feros y demás cagatintas se emborrachen celebrando la independencia de España y la entrega al imperialismo.

El pueblo está ocupado en una gran tarea: la lucha por la liberación definitiva.[8]

Lectura de la experiencia chilena

El sangriento golpe de estado que derrocó a Salvador Allende en 1973 fue un hecho que impactó tanto a la izquierda latinoamericana, como ocurriera la muerte de Ernesto Che Guevara en Bolivia. Si para la izquierda conservadora este último hecho demostraba la supuesta inviabilidad de la lucha armada, el ascenso de Pinochet al poder daba elementos para cuestionar la pretensión de llegar al poder por la ví­a legal. El número de Por la causa proletaria de octubre de 1973 reivindica la actitud de Allende durante el asedio militar al palacio presidencial de La Moneda. Pero también extrae enseñanzas de ese hecho y busca aplicarlas al contexto salvadoreño.

En primer lugar, se cuestiona el papel jugado por la Democracia Cristiana en relación con el gobierno de la Unidad Popular:

La complicidad de la democracia cristiana chilena y especialmente, del ex presidente Eduardo Frei en el gorilazo, ha quedado palpablemente demostrada con el visto bueno que han dado los democratacristianos al golpe de estado y al fascismo imperante en Chile. Esto nos demuestra que la democracia cristiana es una cara de la Reacción que se presenta pintada de verde y hablando de democracia y libertad. En esencia, la democracia cristiana no es otra cosa que oportunismo polí­tico al servicio de los ricos y la reacción.[9]

Esto tení­a una clara dedicatoria a la Democracia Cristiana salvadoreña, que, como parte de la coalición UNO, era vista como responsable de “apaciguar los ánimos” populares cuando estos se encontraban a punto de desbordarse durante el fraude electoral de 1972. La enseñanza más dura de la experiencia chilena es, según los redactores, el hecho de que es imposible para los pueblos confiar en la democracia burguesa:

Ahora en Chile, la gente que confió en la democracia burguesa está en campos de concentración o está siendo fusilada. Los más nobles y decididos chilenos están siguiendo el ejemplo heroico de Salvador Allende y han comenzado con la Resistencia Armada que es el primer capí­tulo de la lucha que culminará con el triunfo de los trabajadores y la liberación del pueblo.[10]

Por la causa proletaria y la lucha contra el revisionismo

En el editorial del número correspondiente a diciembre de 1974, se considera que es necesario “esclarecer ante las masas que solamente puede haber un marxismo-leninismo verdadero y que otras tendencias que se pronuncian de palabra por el marxismo-leninismo, pero que en la práctica lo niegan o lo desnaturalizan, no son otra cosa que manifestaciones del revisionismo”.[11]

Obviamente, el revisionismo está identificado con el PCS: “Los revisionistas ortodoxos defienden la posición antifascista conciliatoria y tratan de frenar la acción antifascista combativa de las masas”.[12] Los redactores afirman que los “electoreros” (PCS-UDN, PDC y MNR) estaban tan entusiasmados en ir nuevamente a comicios, que subestimaban el proceso de fascistización que, a juicio de la RN, se estaba dando en el paí­s: “Se subestima el papel que puede jugar el avance actual de las fuerzas pro-fascistas: pcn, orden, grupos presidenciales, patrullas militares, todas en capacidad para preparar una ofensiva contrarrevolucionaria cuando el presidente de la república lo indique”.[13] En sí­ntesis: “Las fuerzas electoreras como el UDN o el MNR subestiman el alcance del peligro fascista que se da en el paí­s; no quieren ver el peligro y es así­ como quieren embarcar al pueblo a unas nuevas elecciones del 77 [sic] como tarea principal”.[14]

Las tareas polí­ticas de la coyuntura previa a las elecciones de 1977

Con la experiencia dolorosa del fraude electoral de 1972 a cuestas “””cuando la oposición gana las elecciones como sucedió en el 72, se frena su combatividad ante el fraude; Duarte lo que hizo entonces fue dispersar y apaciguar al pueblo, pacificándolo con “˜inteligencia”™”[15]””, la Resistencia Nacional plantea que hay dos opciones en la coyuntura previa a las elecciones de 1977: continuar con el “electorerismo”, o “luchar cada dí­a por las reivindicaciones populares, trabajando con la orientación del frente antifascista que se perfila en el FAPU”.[16] El planteamiento de la RN era trabajar en la unidad de “las fuerzas antifascistas”.[17] Esta es, probablemente, una de las primeras insinuaciones de algo que más adelante se manifestarí­a como una necesidad vital: la búsqueda de la unidad de la izquierda. Sin embargo, a esta altura hací­a falta todaví­a un buen trecho por recorrer. Tendrí­a que darse el fraude electoral de 1977 y su costo en sangre para que las organizaciones de izquierda empezaran a caer en la cuenta que, si seguí­an dispersas, sus dí­as estarí­an contados.

Segunda época: Por la causa proletaria, órgano de prensa clandestino de la Resistencia Nacional

Dadas las lagunas previsibles en este tipo de investigación, no hemos podido verificar, de fuente directa, a partir de qué número se da la transformación de Por la causa proletaria a órgano de la Resistencia Nacional, una vez consumada su escisión del ERP. Empero, gracias a la página de internet del Centro  Histórico Revolucionario Salvador Cayetano Carpio [la cual puede consultarse en la dirección http://www.chrs-scc-cm.org/archivo/index.htm], nos fue posible consultar el editorial de Por la causa proletaria en el cual se habla de la situación interna del ERP y del surgimiento de la Resistencia Nacional. Este editorial es del número de abril-mayo de 1976. Ya hablaremos de él.

En el acervo del CIDAI, el primer número de Por la causa proletaria que aparece con el subtí­tulo “órgano de prensa clandestino de la Resistencia Nacional”, es el veinte y está fechado en septiembre de 1975, a solo unos cuantos meses del estallido de la crisis del ERP. No tenemos indicios de que este sea exactamente el número que inicia la nueva época de la publicación, habida cuenta de que la ruptura con el ERP se dio en mayo de ese año. Sin embargo, el editorial de Por la causa proletaria de los meses de abril y mayo de 1976 ayuda a tener algunos indicios sobre los orí­genes de la Resistencia Nacional, complementando, así­, los datos ofrecidos en el Balance histórico el ERP. Nos detendremos en este texto, para luego examinar algunos aspectos relevantes de esta segunda época de Por la causa proletaria.

El proceso polí­tico del ERP y el surgimiento de la RN, según Por la causa proletaria

Es interesante ver de qué premisas parten los redactores para presentar, por así­ decirlo, su propio “balance histórico” del “proceso polí­tico” del ERP. En el párrafo que copiamos a continuación, la RN se identifica a sí­ misma como “marxista-leninista”. En otros números de la publicación, llegará más lejos, al punto de afirmar que es la Resistencia Nacional la organización que reúne la mayorí­a de condiciones para llegar a ser el “verdadero Partido Comunista”, pretensión que también comparte con las FPL. El párrafo, que es el primero del texto, dice:

Ya va a hacer un año que la RESISTENCIA NACIONAL nace a la vida revolucionaria del paí­s, como una organización independiente; dicho nacimiento, sin embargo, es en realidad el resultado de un largo proceso de depuración en las filas del antiguo Ejército Revolucionario del Pueblo (E.R.P), que tuvo su culminación en el mes de mayo de 1975 con el cobarde asesinato de dos valiosos combatientes del pueblo, Roque Dalton y "Pancho", y la clarí­sima delimitación de dos vertientes, de dos tendencias, que vení­an gestándose en el seno del ERP: en primer lugar la corriente aventurera, militarista y blanquista responsable ya de varios crí­menes contra la revolución y en segundo lugar la Resistencia Nacional que se presenta así­, como una de las organizaciones que heredan la tradición revolucionaria del paí­s y que ahora intenta sistematizar y aplicar la ciencia marxista-leninista a nuestra realidad concreta.[18]

Los redactores afirman que, pese a que es doloroso tocar heridas que aún estaban frescas “”habí­a pasado apenas un año del asesinato de Dalton y Arteaga””, era necesario hacer un balance crí­tico de lo sucedido en el seno del ERP, en vista de manejos mal intencionados de los hechos, tanto por parte del régimen militar como de parte de otras organizaciones:

La tarea no es nada fácil. El revisar nuestra historia y ubicarla dentro del marco de la lucha de clases en nuestro paí­s, ha implicado reavivar viejas heridas y dolorosas experiencias; ha significado, también, un difí­cil proceso de auto crí­tica que intentamos plasmar en este documento. Y bien sabemos que esta situación puede ser aprovechada no solo por el enemigo, cada vez más refinado en su embestida ideológica contra el pueblo, sino también por los revisionistas, reformistas y oportunistas de toda laya que están prestos a batir palmas ante cada derrota parcial que sufre el proceso revolucionario salvadoreño. Tenemos previsto, pues, que toda la fauna oportunista gozara al ver plasmado un episodio doloroso de la historia salvadoreña; ya los veremos, en los corrillos y cafetines, en su dorada burocracia, en la verborrea impune, hacer comentarios superficiales e inútiles, del precio que la lucha del proletariado ha tenido que pagar en la búsqueda de una lí­nea consecuente con sus principios, lejos de la conciliación con la burguesí­a.[19]

Tal como lo plantea Eudald Cortina, en la prensa clandestina es importante notar cómo se re-construye el pasado. No se trata simplemente de querer acomodar los hechos a las conveniencias de cada organización. Hay algo más importante, y esto es la manera en que cada organización justifica su presente y cohesiona a su militancia re-leyendo su propia historia. Dice Cortina:

[…] cabe destacar la presencia de contenidos que conmemoran fechas clave en el desarrollo de las organizaciones revolucionarias: surgimiento, acciones fundacionales, primeros militantes caí­dos. Informaciones que se vinculan a una reelaboración constante de la historia de las organizaciones.  Historia que es reescrita atendiendo a las diferentes coyunturas, que hace balance desde un plano generalmente autojustificativo, y que trata de superar crisis internas que pudieran poner en entredicho la continuidad organizativa. Esta reelaboración histórica debe entenderse como una proyección de futuro, que busca socializar los aciertos y errores cometidos por las organizaciones, haciendo partí­cipes incluso a aquellos que no tuvieron relación con los hechos narrados. En sí­ntesis, se busca generar un sentido de pertenencia y que el militante asuma que si bien en el pasado se produjeron errores, estos fueron producto de los que ya no están o, simplemente, fueron superados. Y, en definitiva, que superados estos baches, se sigue en el camino correcto. [20]

Esto se aplica a la perfección tanto a este editorial de Por la causa proletaria, como al Balance histórico del ERP, como a cualquier otro documento en el que las organizaciones hacen una recapitulación de su propia historia. Esto se explica por el contexto de lucha clandestina en que se movieron estas publicaciones. Asediadas por el régimen militar, sin un mí­nimo nivel de coordinación entre ellas “”pues lo que priva son las diferencias y las acusaciones mutuas””, estas organizaciones, en la década de los 70, tratan de cohesionar a sus miembros de cualquier forma, sobre todo, cuando se ha pasado por una coyuntura de disputas internas, que es cuando una estructura polí­tica se encuentra más frágil.

Y sin embargo no nos preocupa esa situación. Nosotros lanzamos esta autocrí­tica abierta, de cara al pueblo, porque sabemos que el proceso nos lo está demandando. Y esta misión, no es de revolucionarios eludirla. Porque, además, si bien es cierto que nuestra crí­tica y auto-critica tiene su lado "negativo" (en el sentido de errores cometidos; pero sabemos que incluso los errores son valiosos en la experiencia), este ha sido el costo menor, necesario, para consolidar una lí­nea polí­tica que va demostrando ser la correcta.[21]

El balance histórico de Por la causa proletaria está estructurado de esta manera:

I. Presentación

II. Desarrollo del ERP

            I. Primera fase (71-72)

I. Origen y nacimiento (Situación y avance de la lucha de masas, 67-71)

II. Ví­a armada hacia la toma del poder

III. Guerrillerismo y militarismo

IV. Primeras aproximaciones teóricas sobre la estrategia y la lí­nea polí­tica

            II. Segunda fase (72-73)

I. Estilo federativo de conducción interna. Composición social del grupo de dirección

II. El coyunturalismo como polí­tica de proyección y ligazón con las masas

III. Desarrollo militar espontáneo y diverso

IV. Desarrollo y profundización de la concepción de Resistencia

III. Tercera fase (73-74)

I. Maduración de la concepción estratégica (polí­tica y militar) y de la lí­nea

            II. Los problemas de adecuación de la estructura orgánica

            III. La concreción de la ví­a armada hacia la toma del poder

            III. Búsqueda y encuentro con la masa

III. La división del ERP y los asesinatos (Finales 74-principios 75)

            I. La divergencia de concepción y aplicación táctica

II. Gestación de la camarilla e impulso de sus maniobras (Febrero a marzo del 75)

III. El plan de asaltar el poder polí­tico interno (Abril del 75)

IV. Lecciones para el proceso

V. Daños causados al proceso revolucionario

Veamos sumariamente algunos puntos contenidos en el documento.

Desarrollo del ERP

Para entender cómo surge el ERP, es preciso remontarse a los últimos años de la década de los sesenta. 1967 es un año crucial, pues en él se da un auge del movimiento popular, expresado en la huelga general de maestros, impulsada por Andes 21 de Junio. Fue un momento de radicalización polí­tica acelerada:

Los cuadros revolucionarios, fogueados en aquellos combates, revitalizaron el problema de la ví­a armada hacia la toma del poder; ellos no hací­an más que estructurar la experiencia misma de las masas populares, que habí­an apuntado, en los enfrentamientos de calle, a nuevas formas de organización y de lucha. La guerrilla, pues, habí­a nacido en realidad en las calles de San Salvador; las masas populares, en la defensa de sus intereses y ante las crueles y bestiales embestidas de la dictadura, habí­an aprendido, espontáneamente, que ese era el camino.[22]

Se esperaba que el PCS asumiera un papel de conducción de ese proceso de radicalización polí­tica, dando el salto hacia la ví­a armada, pero éste “se desenmascaró ya en esta coyuntura: la “˜apertura a la derecha”™ abrió el camino a una serie de pasos agigantados que habrí­an de conducirlo al revisionismo más descarado. Y esta situación ya no era posible que la soportara el movimiento revolucionario. Los cuadros revolucionarios se convirtieron, así­, en los herederos de la larga tradición de lucha del pueblo salvadoreño, mientras el revisionismo sentaba sus reales en la burocracia del PCS.”[23]

Más adelante, se dan las elecciones de 1972, en las que el PCS participa, con los resultados ya conocidos. Surgen las FPL y el ERP. Este último, con “núcleos dispersos y nacidos al calor de la lucha de masas, lo cual significo el pago de un enorme precio: se negó al Partido como concepción, nos aislamos de las masas y de la lucha de masas, pusimos el acento en la lucha clandestina y los pequeños grupos conspirativos. Todo lo que hueliera [sic] a Partido era despreciado, y se concebí­a la revolución como la tarea de una secta clandestina”.[24]

Esta negación a conformar un partido según los criterios marxista-leninistas marcó a la organización:

La práctica polí­tica de quienes luego formarí­amos el ERP, nos habí­a demostrado que las estructuras orgánicas tradicionales (Partido Comunista, Organizaciones Sindicales, Organizaciones polí­ticas nacionales y estudiantiles, organismos gremiales y de masa, etc., por su concepción y su estructura orgánica, constituí­an impedimentos reales objetivos y subjetivos para que de su seno mismo surgiera la práctica militar ligada a una práctica polí­tica. Sobre todo, la desviación de derecha en el partido habí­a llegado al estado de negar la lucha armada como ví­a hacia la toma del poder para el proceso revolucionario salvadoreño, sustituyéndola por la ví­a pací­fica, la ví­a electoral. Como resultado de esta situación, las nuevas organizaciones nacimos afirmando la necesidad de construir el aparato armado, impulsando la actividad guerrillera y negando el Partido.[25]

Esto trajo consigo un estilo de trabajo en el cual se priorizó la construcción del aparato militar y se negó la necesidad de conformar una estructura partidaria, pues todo lo que “oliera a Partido” era sinónimo de “revisionismo”. De esta manera, “[n]o caí­mos en la cuenta de que por negar un partido que no habí­a alcanzado la calidad de marxista-leninista, negábamos también […] la necesidad de construir desde el principio núcleos polí­ticos de Partido; y de esta forma caí­mos en una desviación de izquierda al unilateralizar el trabajo orgánico orientado a la construcción de núcleos”.

Esta concepción militarista complicó el panorama interno del ERP, que ya era complicado de por sí­. Como se ha dicho antes, la organización no obedecí­a al molde tradicional de partido marxista-leninista. Se trataba de una serie de grupos armados que actuaban bajo el nombre genérico de “ERP”, pero sin una verdadera coordinación centralizada. Así­,

En la práctica, y desde su fundación, el ERP se integró por la sumatoria de diversos núcleos que hací­an de él una federación de grupos con su respectiva representación a niveles de Dirección. Este fue el estilo de conducción predominante durante los años del 71 al 74. La Dirección central podí­a mantener la cohesión por el espí­ritu militar con que era coordinado el quehacer todo de la organización desde la Dirección. Los lineamientos de trabajo se transmití­an desde arriba en forma es estrechamente vertical (por la estructura y la concepción que imperaban) de forma tal que la militancia aceptaba la lí­nea sin discusión.

Es así­ como, según los redactores, surge lo que luego se conocerá como la Resistencia. Nosotros especulamos “”pero, como ocurre con toda especulación, esto habrá que comprobarlo”” que la denominación de Resistencia obedece a la tipificación del régimen militar como “fascista”. El fascismo europeo, en la década de los 40 del siglo XX, generó como respuesta los movimientos de resistencia antifascista, que aglutinaron a un amplio espectro de activistas y combatientes, desde comunistas, socialistas y anarquistas, hasta opositores de tendencias conservadoras no fascistas. Hablar, pues, de una “resistencia nacional” contra el “régimen fascista salvadoreño” es bastante coherente con los planteamientos estratégicos que asumirí­a la organización surgida en 1975, que habla de la necesidad de construir un amplio “frente antifascista”. Dice el texto:

Mientras la militancia marcha desarrollándose dentro del marco señalado, en el seno de la Dirección Nacional se profundizan los análisis teóricos sobre la concepción, se afina la tesis de Resistencia como propuesta orgánico polí­tica de trabajo del ERP hacia la masa y se elaboran los primeros documentos de esfuerzo interpretativo de la realidad ("Avance Estratégico", "Análisis Polí­tico de la Situación Nacional", Combatientes No. 4 y 5). Esto determina también el primer esfuerzo de evaluación interna, y a finales del 72 y principios del 73, la Dirección Nacional reconoce la polí­tica coyunturalista que habí­a venido aplicando, descubre la contradicción entre las aproximaciones teórico polí­ticas y la estructura orgánica de corte militar, y se propone la sistematización  del trabajo a través del impulso de una escuela de formación teórico-polí­tica y de un proceso de reorganización interna con el objeto de crear bases polí­ticas en el seno del ERP.[26]

La atomización interna que vive el ERP impide que estas concepciones sean secundadas por toda la organización. Por lo que se describe en el texto, pareciera que en ese momento el ERP era una organización con dos “”si no es que con más”” cabezas: una, imbuida en la conformación de un fuerte aparato militar y la otra, buscando retomar el trabajo organizativo con las masas. Oigamos a los redactores describirlo con sus propias palabras:

Sin embargo, ya la diferenciación de ambas tendencias se refleja en la práctica: mientras el esfuerzo de unos sectores del ERP se enfila hacia la búsqueda de las masas para impulsar la construcción de un Partido estrechamente ligado al pueblo a través de métodos y principios leninistas de conducción polí­tica revolucionaria; otros sectores de la organización buscan en la masa el apoyo de sus tendencias militaristas y ven el trabajo polí­tico en función de lo militar, profundizándose más la desviación militarista.

La irrupción del trabajo de masas en el seno de la organización, agudiza las contradicciones internas y hace estallar en todos los niveles la lucha ideológica para la cual, hemos señalado, no existí­an condiciones objetivas ni subjetivas que permitieran su adecuada canalización.

Por el carácter federado que privaba en la organización, este aprendizaje con las masas se desarrolló en forma desigual, evidenciando las posiciones que despreciaban el trabajo de masas y continuaban haciendo énfasis exclusivo en las tareas militares, despreciando también la necesidad de elaboración teórica de la  concepción militar y profundizando el simple activismo, el guerrillerismo, pretendiendo incorporar a las masas a la ví­a armada a través de un proceso anti-dialéctico en que el pueblo, sin problemas, pasarí­a de sus condiciones de pasividad, neutralización y concepciones reformistas y revisionistas, a empuñar las armas y a asaltar el poder polí­tico arrebatándoselo a la burguesí­a. Desde esta concepción, cualquier coyuntura de agudización de la lucha de clases era propicia para el asalto armado de las masas conducidas por el ERP, hacia la toma del poder.

Este es también el momento en que aflora el profundo odio de la camarilla contra el Bloque Socialista, despreciando los frutos de la experiencia revolucionaria internacional, echan lodo sobre la revolución cubana y la revolución rusa, califican a la Unión Soviética de social-imperialismo y al estado cubano como satélite de aquella, impulsando la campaña contra el revisionismo internacional visualizado como enemigo irreconciliable de los movimientos revolucionarios y de liberación latinoamericanos y africanos. Inclinándose por otro lado y en forma servil a la tendencia "maoí­sta" que ellos santifican corno "la única experiencia y ejemplo revolucionarios en el mundo y la historia".[27]

La división del ERP y los asesinatos (Finales 74-principios 75)

La polémica ya está servida. A estas alturas, era fácil prever que no sólo habrí­a “lucha ideológica”, sino también una lucha por la conducción del partido. En 1974, según se afirma, habí­a una aceptación, al menos nominal, en algunos objetivos fundamentales: “todos parecí­amos coincidir en que las tareas estratégicas para la organización se centraban por un lado, en construir el Partido de Vanguardia y buscar las formas y métodos de ligarlo a la masa para asumir la conducción de la lucha popular y orientarla por los cauces revolucionarios; y por otro lado, en construir el ejército revolucionario del pueblo, buscando asimismo afinar la concepción militar a través de la cual y bajo la conducción del Partido, fuera posible incorporar a las masas a la ví­a armada hacia la toma del poder.”[28]

Pero es aquí­ donde, según la narración de la Resistencia Nacional, surge la llamada “camarilla” que, más adelante, se apoderarí­a de la organización. Los miembros de esta “camarilla”, “comienzan un proceso paralelo a la lucha ideológica que se daba en las bases polí­ticas, convocan militarmente a multitud de cuadros, los mantienen concentrados alegando actividades militares impostergables, impidiendo con ello la asistencia a la vida polí­tica de los núcleos en los cuales va a impulsarse la lucha ideológica”.[29]

Sabiendo que la misma concepción militar estaba en cuestionamiento y que su primera tarea a nivel del Estado Mayor consistí­a en presentar a plazo fijo un documento sobre la concepción militar a fin de que fuera discutido y aprobado por la militancia de la organización en el seno de su estructura polí­tica, toman una serie de medidas aceleradas en relación a "preparar las condiciones de la insurrección" y van militarizando cuanto pueden a su alrededor.

Desde la perspectiva de los redactores del periódico, la “camarilla” domina el aparato militar y esto le sirve para ganar el control de la organización, instituyendo un régimen policí­aco en su seno:

Socavan las bases polí­ticas impulsando campañas de desprestigio personal de dirigentes que no comulgan con sus ideas, "reclutan" con criterios policiacos a miembros de base a los cuales les encargan tareas de "vigilancia polí­tica" contra sus propios compañeros y responsables de célula; mantienen y crean redes de verdaderos "orejas" en el seno de la organización que les informan sobre las opiniones y criterios que se vierten en la lucha ideológica, lanzan asimismo una intensa campaña contra el "revisionismo interno" identificando esa desviación con la posiciones polí­ticas que buscan el acercamiento a las masas y la combinación de todas las formas de lucha útiles al proceso revolucionario.

Este proceso de maniobras y medidas no-revolucionarias, los va llevando necesariamente a definirse come una camarilla que constituye un doble poder y que se refugia en el "Estado Mayor" del ERP, desde el cual comienza a funcionar en forma paralela a la Dirección Nacional.[30]

En este contexto, Roque Dalton es señalado como la cabeza pensante del sector que impulsa la concepción de impulsar el trabajo polí­tico y de crear el partido, aunque los redactores afirman que esta imputación era exagerada y que el poeta no era el único defensor de esta concepción.[31] Dentro de la maraña de historias contadas a medias, relatos que se contradicen mutuamente y datos ocultos, se conoce, por así­ decirlo, el grueso de lo que le ocurrió a Roque Dalton. El documento da una cronologí­a de hechos desde el 20 de abril hasta el 16 de mayo de 1975, fecha en que se consuma la salida de la Resistencia Nacional del seno del ERP.

Lecciones para el proceso

El documento no solo aporta la narración que construye la RN de los hechos, sino que ofrece una valoración crí­tica al respecto. La forma cruenta en que se saldaron las diferencias de concepción en el interior de la organización serí­a, a ojos de los redactores, el resultado de varios factores:

En primer lugar, el nacimiento del ERP se dio “como una negación orgánico-polí­tica del PCS, este radical rechazo de todo lo que se relaciona con "el partido" sentó las bases de una desviación inicial de tipo guerrillerista y militarista que determinó el desarrollo posterior del ERP.”[32]

En segundo lugar, en la organización prevaleció una concepción de trabajo alejada del contacto con las masas. No hubo, según los editorialistas, una cultura de debate polí­tico interno. Ello se explica por los métodos militaristas que se vinieron adoptando en la organización y por un lastre heredado del PCS:

En este sentido, la experiencia del ERP es bastante ejemplificante, puesto que fue precisamente la falta de tradición interna en la discusión y elaboración colectiva de la lí­nea, lo que dio al traste con los intentos de lucha ideológica desarrollados en el seno de la organización entre enero y abril del 75. Cabe señalar que esta carencia de tradición de lucha ideológica, ha sido una de las tristes herencias del Partido Comunista Salvadoreño que nunca supo impulsarla en su seno.[33]

El documento afirma que es necesario que existan las tendencias polí­tico ideológicas dentro de las organizaciones revolucionarias, con la condición de que exista “una lí­nea polí­tica única y plenamente aceptada por todas las tendencias en sus elementos básicos y fundamentales (objetives estratégicos, caracterización del perí­odo, ví­a para la toma del poder, y Táctica General)” y que, además, “la elaboración de la lí­nea polí­tica sea un proceso continuo en el que bases y Dirección participen (en forma dialéctica y según los principio del centralismo democrático) en la depuración y adecuación táctica de la misma.”[34] Como declaración de intenciones, está bien. Lo que habrí­a que verificar históricamente es si esta concepción privó o no, y hasta qué punto, en el movimiento revolucionario, tomando en cuenta, por supuesto, las limitaciones impuestas por el clandestinaje y las condiciones de guerra.

Daños causados al proceso revolucionario

Los sucesos relatados en el editorial de Por la causa proletaria no solamente cobraron ví­ctimas en las filas del ERP y la RN, sino que dañaron al movimiento revolucionario en su conjunto. Ello se debió, a juicio de los redactores, a que lo sucedido lesionó la moral de los militantes revolucionarios y fortaleció la guerra psicológica contra el movimiento popular:

La consolidación del aventurerismo del ERP, ha servido, en realidad, a las más oscuras fuerzas contra-revolucionarias. Nadie más que ellos han sacado el máximo provecho de la situación. El proletariado salvadoreño ha tenido que pagar por la consolidación de una tendencia blanquista, el elevado precio del terror que las clases dominantes han lanzado pretendiendo confundir en un mismo saco la sanguinaria desviación del ERP y la "izquierda" en general. Y así­, cada acto del ERP, cada acción aventurera e irresponsable de esa tendencia es aprovechada por el enemigo para consolidar al ejército burgués, para aglutinar a la tropa, para emprender campanas de terror entre los elementos avanzados del pueblo, y para justificar los actos más arbitrarios y despiadados en contra de las masas trabajadoras.

Esto ha significado la desmoralización de elementos avanzados de las luchas populares que, incapaces de ver la situación en su conjunto y de ubicar a la tendencia blanquista del ERP en su contexto, se asquean y abandonan la lucha, dejando el campo abierto a la desmovilización de amplios sectores populares que, confundidos, no aciertan a encontrar el camino de la lucha revolucionaria. Y este es otro precio alto que el movimiento popular ha tenido que pagar.[35]

Para los redactores, los dirigentes del ERP son saboteadores del proceso revolucionario: Pero quizás el peor daño de todos ha sido el de la subsistencia de la tendencia misma; el aventurerismo del ERP, que cabalga sobre el cí­nico engaño a sus bases y la explotación de su honestidad y poco desarrollo polí­tico, ha sentado el precedente nefasto del asesinato como medio de zanjar la lucha ideológica, segando así­ vidas que podrí­an ser valiosas para el movimiento popular. Por eso, y por la existencia misma de la irresponsabilidad y el aventurerismo organizados, que de seudo-revolucionarios han pasado al papel de provocadores contra-revolucionarios, el movimiento proletario salvadoreño todaví­a tiene una inmensa tarea que cumplir para aislar dicha tendencia, y neutralizar sus nefastas influencias, si quiere hacer menos doloroso el paso al socialismo.[36]

Las diferencias entre el ERP y la RN siguieron siendo irreconciliables incluso en la primera etapa de construcción de una coalición de fuerzas revolucionarias, esto es, en la composición inicial de la Dirección Revolucionaria Unificada (DRU, integrada por la RN, el PCS y las FPL). Las RN abandonaron la DRU cuando se sumó el ERP, aunque más adelante se logró su integración y la del PRTC para formar el FMLN en 1980.

¿Qué es la guerrilla?

En el número 20 de Por la causa proletaria, correspondiente al primero de septiembre de 1975, encontramos una continuidad en cuanto a la presentación de la publicación con respecto a su primera época. La impresión es todaví­a artesanal. En la portada está dibujado a mano, y de una forma muy rudimentaria, el distintivo de la publicación: tres manos izquierdas sosteniendo un martillo, un fusil y una cuma, instrumento de trabajo de los campesinos salvadoreños. Este dibujo es una nueva representación de la enseña de los partidos comunistas, la hoz y el martillo. Es la hoz y el martillo “actualizados” para el contexto de la oleada revolucionaria de los años 70. La tipografí­a de la revista es mecanografiada.

Llama la atención el tí­tulo de uno de los artí­culos que aparecen en la mencionada edición: “¿Qué es la lucha guerrillera?”. En el escrito afirma que es necesario clarificar este punto, dada la gran carga de mistificaciones que lo rodea. Para el gobierno, se dice, la lucha guerrilleras es descrita como “la obra de bandas solitarias de merodeadores que viven gracias a su audacia, inteligencia y resistencia”.[37] Un halo de romanticismo, pero también una niebla densa de distorsión, rodea esta forma de representar a la guerrilla. Si la guerrilla tuviera esas caracterí­sticas, arguyen los redactores, “no serí­a mayor problema y sólo representarí­a una pequeña molestia para el enemigo”.[38] No obstante, continúan diciendo, la guerrilla es ya un “peligro real” para el régimen.[39] Ni bandoleros, ni grupúsculo de sujetos temerarios, la guerrilla, en la definición que propone Por la causa proletaria, es lo siguiente:

[…] son el filo y el horizonte de un movimiento de masas en el que a la larga y a través de un correcto proceso de conducción polí­tica de la lucha popular, tomarán parte todos los hombres, mujeres y jóvenes de un pueblo que se declara en rebeldí­a para terminar de una vez por todas con la explotación, la miseria y la injusticia que el sistema capitalista impone sobre las grandes mayorí­as desposeí­das, las cuales, después de largos años de opresión toman conciencia, se incorporan a la lucha y declaran la guerra contra la burguesí­a en busca de liberarse, dentro de la concepción de que es preciso “hacer la guerra para terminar con la guerra”, y aplicando el principio revolucionario de que la lucha armada del pueblo es la continuación de la lucha polí­tica que llega a los métodos violentos de la guerra revolucionaria y prolongada del pueblo por liberarse.[40]

Fijémonos en esta última frase. Así­ como las FPL hablan de la necesidad de conducir “la guerra revolucionaria prolongada del pueblo”, la RN lo hace en términos muy similares. Esto nos coloca ante el asunto de los referentes ideológicos que gravitaron sobre las concepciones estratégicas de la organización. Vietnam es uno de ellos. Los revolucionarios del paí­s del sudeste asiático aplicaron una concepción de guerra muy similar a la de Mao Tse Tung en China. Descartaron la idea de una definición rápida de la guerra “”primero contra los franceses, después contra los norteamericanos”” y optaron por un proceso polí­tico-militar lento y trabajoso, pero que logró integrar a la inmensa mayorí­a de la población a la lucha de liberación. Esto es, descrita de manera tosca, la concepción de guerra popular prolongada. Además, esta concepción constituye una “herejí­a” con respecto a una lectura literal de Marx. El autor de El capital, que escribió situado en el contexto de la Europa capitalista de fines del siglo XIX, planteó que el sujeto de la transformación revolucionaria en esas condiciones históricas era el proletariado. Esta afirmación, situada en unas determinadas coordenadas históricas, se volvió luego una verdad intocable para el movimiento comunista internacional. Tanto para Mao como para los vietnamitas, esa clase fundamental no era el proletariado “”virtualmente inexistente en unos paí­ses coloniales y atrasados””, sino el campesinado, la inmensa mayorí­a de su población.

Esta última concepción caló de manera decisiva en las organizaciones revolucionarias salvadoreñas. Comprobó ser una concepción acertada. El grueso de la tropa y la base social del FMLN en la guerra no era “proletaria”, sino, sobre todo, campesina. Por supuesto que el frente insurgente también tuvo un componente de capas medias, sobre todo, en su dirección, pero es innegable el “color campesino” de la mayorí­a de su militancia histórica.

La condena a la muerte de Dalton y Pancho

En el número 20 se reproducen sendos mensajes de condena a los asesinos de Roque Dalton y Armando Arteaga, publicados originalmente en las revistas NACLA y Casa de las Américas, así­ como la noticia de que la obra de Dalton será publicada en las editoriales Maspero, EDUCA y Ocnos, de Francia, Costa Rica y España, respectivamente.

En concordancia con lo que se señala en el balance histórico de la RN, comentado páginas antes, el editorial de ese mismo número destaca que el asesinato del poeta y de Arteaga le ha dado armas al régimen para desprestigiar al movimiento insurgente. Se habla de una campaña de guerra psicológica del gobierno de Molina para sembrar desconfianza entre la población hacia la guerrilla y el movimiento social, a través de unas “hojitas” en las que se dirigen estos mensajes a la población:

En ellas también aprovechan otros recursos cuando sostienen que “el partido comunista (lí­nea Pekí­n) resuelve con purgas sus divergencias internas cuando hay dirigentes que no están de acuerdo con sus planteamientos (caso Roque Dalton)”. Esto lo señalamos para que se vea cómo el enemigo después de su silencio, comienza a hacer uso de estos problemas (tal como la RN lo advirtiera en el N° 16 de Por la causa proletaria). Es así­ como la desviación militarista de una reducida camarilla aventurera que surgió en el seno del ERP le permite lanzar toda una campaña que genera confusión.[41]

Pero no solamente se aprovechan estos hechos para difamar al movimiento insurgente, se señala, sino también para encubrir actos represivos:

En este marco se dio también el oscuro caso del dirigente obrero Remberto Sosa,[42] que habiendo sido capturado por los cuerpos represivos, fue posteriormente dado por “ajusticiado” en volante de dudoso origen.[43]

Esta modalidad represiva fue utilizada varias veces durante los años 70 y 80. Cuando las fuerzas del batallón élite Atlacatl asesinaron a los sacerdotes jesuitas de la UCA y a las dos trabajadoras de la casa cural que estaban presentes, dejaron pintas en las que el FMLN “reivindicaba” el asesinato de los “orejas contrarios”.

Entrevista con un guerrillero

“Entrevista a un combatiente de las FARN (miembro de célula de la RN)”. Con este recurso periodí­stico, se exponen en Por la causa proletaria, número 23, algunos de los planteamientos polí­ticos fundamentales de la organización. Es interesante ver cómo el “combatiente de las FARN”, del cual cabe suponer que se trata de un miembro de la dirección partidaria, explica cómo es que se distingue la concepción estratégica de la RN con respecto de la concepción del ERP, sobre todo, en lo tocante a la relación de la insurrección con respecto del conjunto de elementos de lucha polí­tico-militar.

Es evidente que en las palabras del “combatiente de las FARN” se trasluce la concepción vietnamita de guerra popular prolongada. [44] Ello comienza con la manera en que se entenderá el propio concepto de lucha armada. El entrevistado sostiene que es posible que existan brotes de lucha armada sin que exista una guerrilla constituida. La lucha armada, arguye, surge cuando “el pueblo” se arma espontáneamente para su autodefensa de las fuerzas represivas. El entrevistado sostiene que hay antecedentes inmediatos de lucha armada, previos al surgimiento de las guerrillas:

Ya la historia de la lucha de clases salvadoreña nos demuestra cómo la clase obrera hizo sus primeros intentos de armarse con garrotes para defenderse de las embestidas de la guardia nacional en los años del 67 y 68.[45]

Los años 1967 y 1968 son años “revolucionarios”, años en los que hay una “situación revolucionaria”, por cuanto el ascenso del movimiento popular lleva a las fuerzas del Estado a incrementar los niveles de represión, lo cual conduce a una radicalización de las fuerzas populares. 1967 es el año de una huelga obrera general. 1968 es el año de la huelga magisterial de ANDES 21 de junio.[46] Pero si de parte de los grupos sindicales habí­a una disposición combativa, no habí­a, según el esquema marxista-leninista, un partido que asumiera la dirección de esos movimientos.

Por ejemplo, en el combate librado en Zacamil en el 67, la clase obrera se defendió con piedras, varillas, picos y tablas. En esa época, en la huelga progresiva y general, la clase obrera formó grupos de garroteros para la autodefensa de las masas, incorporando en forma intuitiva formas armadas de lucha en el confrontamiento [sic] con los cuerpos represivos del enemigo.

Asimismo, es tradicional cómo el movimiento estudiantil se ha tenido que defender con piedras ante la acción criminal de los cuerpos represivos. De la misma forma ha ocurrido con el magisterio durante sus luchas combativas y los campesinos han tenido que usar las armas más rudimentarias para su defensa.[47]

Para el entrevistado, entonces, “el acto de armarse de un palo, una piedra, un machete, una varilla, para la defensa civil, por parte de la población es ya un acto que expresa el desarrollo de la lucha armada del pueblo en su forma más elemental y primaria”.[48] ¿Dónde entra la concepción de guerra prolongada en todo esto? En la concepción de la lucha armada como un proceso gradual de toma de conciencia y de participación popular en formas espontáneas de autodefensa, donde priva mucho el ingenio sobre la escasez de recursos: “Valga el ejemplo de los vietnamitas que comenzaron con flecha en algunas regiones para llevar a cabo los desarmes. En El Salvador lo que ha ocurrido es que se ha dado un salto de calidad al insertarse la guerrilla como fuerza irregular”.[49] Lo anterior ofrece una visión más amplia de la lucha armada, en la cual participarí­a una variedad de actores y no solamente la fuerza guerrillera como tal. En Vietnam, recordemos, tomaba parte en la lucha anticolonialista tanto el ejército guerrillero como personas que acometí­an por algunos momentos acciones de hostigamiento, de “propaganda armada” y de guerra psicológica, sin formar parte de la tropa guerrillera.

La concepción guerrillera de las FARN está vinculada al objetivo de la “lucha antifascista”, “y para dar el salto de la toma del poder que se caracterizarí­a en esta etapa por la instalación de una dictadura democrática de obreros y campesinos con apoyo de los sectores medios”.[50]

No podí­a faltar, por supuesto, una acerba crí­tica hacia el ERP y hacia su lí­nea polí­tica de formar comités militares:

Por la causa proletaria (PLCP): ¿Cómo consideras […] la propuesta del ERP de formar los comités militares?

Combatiente: Antes que nada, considero que la lí­nea y concepción del ERP (si es que tienen [una] concepción estratégica del proceso revolucionario), está al margen del marxismo-leninismo […]. Esa camarilla hace llamados espontáneos a formar comités militares, separando mecánicamente, separando mecánicamente la lucha polí­tica de lo que consideran la lucha armada, entendiendo esta última como una expresión separada de la amplia lucha polí­tica de las masas. […]

PLCP: ¿Consideras que ha tenido éxito su convocatoria de formar comités militares?

Combatiente: Con su “novedosa” propuesta, lo que han conseguido es aprovecharse de sectores del pueblo que de corazón quieren orientación de vanguardia para impulsar la lucha armada y que precisamente por el poco trabajo polí­tico que ha podido realizarse entre las masas […] se han dejado llevar por las propuestas aventureras de la camarilla que controla el ERP. […] Es así­ como el ERP, conducido por una pandilla de aventureros pequeño-burgueses, ha terminado haciendo provocaciones peligrosas, que pueden conducir a varios sectores del pueblo a esfuerzos solo provechosos para el enemigo.[51]

Pero no solo el ERP es la única organización armada que recibe las crí­ticas de Por la causa proletaria. Defendiendo su idea de conformar un frente amplio antifascista, la Comisión Polí­tica de la RN reaccionó ante las acusaciones de las FPL aparecidas en El Rebelde, en el sentido de afirmar que la Resistencia Nacional pretendí­a “democratizar el estado burgués”, […] abandonar “la ví­a de la guerra prolongada y popular” y de ser “vacilantes”.[52] “O los compañeros de las FPL no han leí­do nuestras publicaciones y son irresponsables al pretender dar lucha ideológica con fantasmas”, se escribe, “o sí­ han leí­do nuestras publicaciones y, conscientemente, tergiversan lo que hemos dicho”.[53] Los redactores acusan a las FPL de confundir “lucha ideológica con tergiversación”, [54] a la par que prometen al público lector “seguir profundizando en la exposición de nuestras concepciones e impulsar una correcta (eso sí­) lucha ideológica con todas las posiciones desviadas que mantienen estancado y fragmentado al movimiento popular”. [55] Obviamente, esto muestra el marcado sectarismo de la época, en virtud del cual cada organización se creí­a depositaria de la verdad revolucionaria, mientras que el resto era “desviado”, “revisionista” o cualquier otro calificativo. Si habí­a algo en común entre todas las organizaciones era este mismo planteamiento acerca de la lucha ideológica: el fin de la misma era que los “otros” admitieran la corrección de la lí­nea polí­tica de la propia organización.

Definiendo la lí­nea polí­tica

La estrategia revolucionaria consiste en definir al enemigo principal para derrocarlo y concentrar las fuerzas en cada etapa de la revolución (dirección del golpe principal), en determinar a los aliados de la clase obrera en cada etapa, en elaborar los planes para la disposición de las fuerzas revolucionarias, en ganar a los aliados, en utilizar correctamente las reservas directas e indirectas, en aislar al máximo grado al enemigo, en asestar el golpe más importante contra el enemigo principal inmediato y en luchar para realizar este plan en toda la etapa dada de la revolución.

truong chinh, El marxismo vietnamita, citado en Por la causa proletaria, N° 26.

“La redacción de Por la causa proletaria informa a sus lectores el nuevo salto de calidad que dará nuestro periódico revolucionario bajo las orientaciones polí­ticas e ideológicas de nuestra Dirección Nacional provisional”, anuncia la presentación del número 26 de la publicación, fechado en los meses de mayo y junio de 1976. “Nuestra organización está en proceso de formación del núcleo partidario, pero del núcleo partidario que se prepara para la toma del poder por medio de la ví­a armada. En este sentido consideramos que el periódico y todos sus artí­culos deben estar en función de explicar el camino estratégico y los pasos tácticos de la revolución”, añaden. “Nuestro propósito es convertir al periódico en el instrumento teórico de la revolución salvadoreña que nos permita pertrecharnos de un análisis objetivo de la realidad polí­tica, económica y militar, ligado a la práctica y experiencia de la lucha de clases en El Salvador”,[56] se asevera.

En el número en mención se presentan los elementos principales de la concepción polí­tica de la Resistencia Nacional. La organización, se asevera, está en proceso de construcción del Partido,[57] con lo cual será necesaria “la concreción de una teorí­a de la revolución salvadoreña como guí­a para la acción y la transformación revolucionaria”.[58]

Esta concepción parte de la manera en que se tipifica la sociedad salvadoreña y del tipo de revolución por la que se propone luchar. El documento concibe la formación salvadoreña como un capitalismo dependiente del “imperialismo internamente impulsado”[59] por la burguesí­a local, con lo cual se desecharí­a “el desarrollo  de una revolución nacional democrática y agraria antifeudal y antiimperialista donde juega un papel importante la burguesí­a nacional (como plantea el PCS). Ya que la dependencia al imperialismo ha cerrado e impide el desarrollo de una burguesí­a nacional revolucionaria”.[60] El carácter dependiente del capitalismo salvadoreño conducirí­a a la revolución “a un enfrentamiento con la estructura del capitalismo internacional, dominada por los imperialistas”.[61] Por tanto, esta revolución será de carácter “anti-burgués y anti-imperialista”,[62] dirigida por el proletariado. Ahora bien, la dirección de carácter proletario de la revolución abarca también las reivindicaciones del campesinado y la clase media.[63] Ahora bien, el triunfo del proletariado salvadoreño no implicarí­a un paso directo al socialismo, sin  pasar primero por un momento de transición, tipificado como “revolución democrática popular”,[64] que iniciarí­a con el derrocamiento por medio de las armas de “la alianza de la burguesí­a local y el imperialismo” [65], para sustituirla por una “dictadura democrática-revolucionaria de obreros y campesinos con capas medias”. [66]

El texto se plantea el problema de la consolidación de esta revolución democrática popular en el poder. Propone dos ví­as: desde arriba, “a partir de los recursos que proporcionan los aparatos polí­ticos, jurí­dicos y administrativos del estado capitalista, mediante aceleradas transformaciones emprendidas por el Gobierno Popular Revolucionario (GPR)[67]”, compartiendo el poder con “las fuerzas democráticas” [68]; y desde abajo, en virtud del “apoyo y la dirección de las organizaciones de masa de la clase obrera y campesina (y hasta donde sea posible, de los sectores medios), contar además con las fuerzas armadas revolucionarias (compuestas por las masas armadas que serán las milicias revolucionarias, el ejército guerrillero que ha surgido en la práctica del proceso y  las fracciones del ejército burgués que se dividen y se ponen a luchar junto a la clase obrera y campesina)”. [69]

Tres son las tareas principales que se definen para la etapa de la revolución democrático-popular: a) “Construir el frente único”[70]; b) “Luchar por la hegemoní­a revolucionaria en el seno de la clase obrera y la construcción del verdadero Partido de los comunistas” [71] y c) “Construir las Fuerzas Armadas Revolucionarias”. [72]

El frente único partirí­a de la premisa según la cual se estarí­a dando “un proceso de depuración ideológico [sic], en base a las contradicciones internas de las organizaciones populares, que permiten una lucha ideológica que creemos dará como sí­ntesis la teorí­a nacional sobre la formación del frente polí­tico y su concepción correspondiente”. [73]  Ello conformarí­a una situación en la cual la vanguardia se encontrarí­a dispersa. El frente único estarí­a constituido por el “frente revolucionario”[74] y el “frente democrático”. [75] El primero agruparí­a a las fuerzas revolucionarias “”esto es, a las organizaciones polí­tico-militares”, mientras que el segundo serí­a una amplia coalición de fuerzas democráticas. Este planteamiento fácilmente puede verse como la antesala de lo que más adelante serí­an el FMLN “”en tanto “frente revolucionario””” e instancias como el Foro Popular y el FDR, como concreciones del “frente democrático”.

El objetivo de luchar por la hegemoní­a revolucionaria y construir “el verdadero Partido de los comunistas” no es otra cosa que la construcción de una vanguardia unificada. “Esto implica para la RN que la posición obrera revolucionaria gane hegemoní­a en el seno de su clase, para que se le imprima el sello de clase proletaria a la lucha de masas”,[76] se escribe. “Ganar hegemoní­a en el sector obrero es un aspecto esencial en la estrategia que debe ser resuelto a nivel de la táctica, independientemente de que el partido se encuentre unificado, debido a la dispersión orgánica de la Vanguardia, unificación que, como decimos, dará dirección única a la lucha popular” [77], explican los redactores. El número también tiene una sección dedicada a la “teorí­a militar de la revolución salvadoreña”, en el que, entre otras cosas, se estudian las tácticas de contrainsurgencia que para ese entonces el ejército salvadoreño ya habí­a puesto en marcha contra poblaciones civiles indefensas en los cantones de La Cayetana y de Tres Calles:

En Tres Calles (1974), por ejemplo, ORDEN cumplió el papel de fijar a la población y dar listas de nombres al Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Sección de Inteligencia; nombres de gente sencilla que trabajaba en directivas comunales del cantón o simplemente progresistas. La Guardia Nacional llega a hacer una acción de castigo contra la población, este acto criminal, sólo lo hacen los fascistas. En el cantón Las Ánimas (1972) fue distinto; la milicia reaccionaria ORDEN y patrulleros que pertenecí­an al PCN planearon matar a varios dirigentes del cantón que trabajaban en la cooperativa y pertenecí­an a un Partido Polí­tico de oposición. El plan les falló, porque la población, al saber las intenciones de la milicia reaccionaria, tomó la iniciativa, llevando a cabo sus propias medidas de autodefensa, deteniendo a los cabecillas de ORDEN y patrulleros reaccionarios. Pero la milicia recibió el apoyo de la Guardia Nacional, la cual se hizo presente para aplastar el desarrollo de una posible insurrección local. Esto nos da una idea de cómo trabaja la milicia en coordinación con las fuerzas represivas.[78]

La trigésima edición de Por la causa proletaria, fechada en octubre de 1977, profundiza en el tema de la situación de las fuerzas revolucionarias, particularmente, en la crí­tica de las concepciones tácticas de las demás organizaciones polí­tico-militares y el PCS “”que para entonces, era solamente una organización polí­tica semilegal y semiclandestina, pero no tení­a un aparato militar.

Gramsci y la revolución sandinista

Nos vemos obligados a dar un salto de dos años, para darle un vistazo a la edición 35 de la publicación, que data de los meses de octubre y noviembre de 1979. El triunfo reciente de la revolución sandinista y el proceso de acercamientos entre las fuerzas polí­tico-militares (entre las que ya se cuenta al PCS, la última organización en sumarse a la lucha armada), son algunos de los hechos más importantes. Este número registra un cambio de presentación. La impresión dejó de ser artesanal y con diseños a mano, para dar el salto al offset. En la portada, aparte de la enseña de Por la causa proletaria, hecha de forma más profesional, aparece un recuadro con un homenaje a Ernesto Che Guevara.

La presentación del número plantea el tema central a tratarse: el impacto de la revolución sandinista. ¿Qué es lo que impacta del triunfo del FSLN? El hecho de que se debió a una lucha insurreccional. Recordemos que la insurrección ocupó un lugar importante en el imaginario “”y no solamente en las concepciones”” de las organizaciones polí­tico-militares, en particular, del ERP y de la RN, con todo y sus diferencias.  No obstante, dicen los redactores, es necesario ver la insurrección nicaragí¼ense de una manera contextualizada. Dice la presentación:

Algunas organizaciones de izquierda pueden caer en la sutil trampa tendida por la ideologí­a burguesa, al absolutizar también las diferencias [entre la experiencia nicaragí¼ense y la realidad salvadoreña, N. del A.] pero desde otro punto de vista al querer contraponer Insurrección a Guerra Popular Prolongada, como si una excluyera a la otra. Y es que la supuesta “originalidad” de la Revolución Nicaragí¼ense es precisamente su Universalidad; es decir, que ha puesto al orden del dí­a en tierras centroamericanas problemas universales como son: la construcción del Partido, la polí­tica de alianzas y el concepto de hegemoní­a, la insurrección dentro del marco de la guerra prolongada, las etapas de la Democracia Popular, la construcción del Ejército del Pueblo, etc.[79]

Los redactores afirman que, si bien serí­a un error para los revolucionarios salvadoreños hacer un calco de la revolución nicaragí¼ense, igualmente erróneo serí­a no prestarle atención a los elementos “universales” de dicho proceso. Es en ese contexto donde entra en juego el análisis de las tesis gramscianas sobre la hegemoní­a, para así­ tener una perspectiva desde la cual se podrá examinar la experiencia sandinista.

La interpretación de la RN de las tesis gramscianas sobre la hegemoní­a

La recepción de Gramsci en El Salvador es relativamente escasa, si se la compara con paí­ses como en algunos paí­ses de América del Sur. No hay todaví­a un estudio detallado de la trayectoria del pensamiento gramsciano en el paí­s. Probablemente, su introducción date de los años setenta, cuando la entonces joven generación de activistas revolucionarios comienza a buscar nuevos horizontes para el pensamiento y la praxis transformadores de la sociedad. En la exploración hemerográfica que hemos emprendido para este estudio, nos encontramos con que solamente dos de las cinco organizaciones polí­tico-militares existentes hacen referencias explí­citas a Gramsci. Una es la Resistencia Nacional, en el número de Por la causa proletaria que estamos reseñando. La otra es el PRTC, que le dedica varias páginas en el periódico Posición Revolucionaria, de la Liga para la Liberación, su organismo de masas.

La publicación hace referencia a los elementos básicos del concepto de hegemoní­a, los cuales no consideramos necesario repetir aquí­. Los enumeramos:

Apuntes sobre el concepto de hegemoní­a

1. Hegemoní­a y Estado

2. El etapismo leninista

3. ¿Problema europeo?

Posteriormente, se estudia la insurrección sandinista. Se trata de un análisis, tanto de las discusiones polí­ticas dentro de las tres lí­neas del FSLN (GPP, insurreccionales y terceristas), como de las diferentes modalidades militares que se ocuparon para la toma de Managua. Este estudio es importante, porque en El Salvador se estaba configurando una situación en la que el recrudecimiento de la represión y la progresiva radicalización del movimiento de masas configuraban, para algunos, una “situación revolucionaria”.

El número concluye con un homenaje a combatientes caí­dos de las FARN: David Leiva, Lucio, quien antes de incorporarse a la RN, “provení­a de las Fuerzas Revolucionarias Rebeldes, FRR,  organización polí­tico-militar de membresí­a predominantemente campesina, integrada a las FARN en julio de 1978″;[80]Ricardo Dimas Hernández, Sebastián, procedente de las FPL antes de unirse a la RN; Eduardo Cruz Amaya, Vladimir-Juan, quien, antes de sumarse a la Resistencia Nacional, “fue miembro activo de la FRAP”.[81] No tenemos antecedentes de las FRR ni de las FRAP. Serí­a importante rastrearlos y ubicarlos dentro de la historia del movimiento armado salvadoreño.

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Notas:
[1] “Nota de la redacción”, en Por la causa proletaria, año 2, N° 14, diciembre de 1974, p. 2.
[2] Cfr. “Elementos sobre la Resistencia Nacional de El Salvador”. Disponible en: http://www.ecumenico.org/article/elementos-sobre-la-resistencia-nacional-rn-de-el-s/ Consultado el 5 de marzo de 2013.
[3] Cfr. el editorial de Por la causa proletaria, de marzo-abril de 1976, reproducido en: http://www.chrs-scc-cm.org/archivo/rn/porlacausaproletaria/index.htm. Consultado el 5 de marzo de 2013.
[4] Ibí­dem.
[5] “Las fiestas de la independencia, fiestas para los ricos y sus lacayos”, Por la causa proletaria, N° 7, p. 8.
[6] Ibí­dem, p. 10.
[7] Ibí­dem.
[8] Ibí­dem, p. 11.
[9] “Salvador Allende murió con las armas en la mano defendiendo la libertad de su patria!!”, en Por la causa proletaria, N° 7, septiembre de 1973, p. 4.
[10] Ibí­dem, p. 5.
[11] “Nota de la redacción”, en Por la causa proletaria, año 2, N° 14, diciembre de 1974, p. 1.
[12] “Editorial”, en ibí­dem, p. 2.
[13] Ibí­dem, p. 3. Los énfasis están en el original.
[14] ídem.
[15] ídem. Los énfasis están en el original.
[16] Ibí­dem, p. 4.
[17] Ibí­dem, pp. 4-5.
[18] Cfr. “Por la causa proletaria, Resistencia Nacional (RN). Abril-mayo de 1976”, en http://www.chrs-scc-cm.org/archivo/rn/porlacausaproletaria/index.htm. Consultado el 6 de marzo de 2013.
[19] Ibí­dem.
[20] Eudald Cortina, op. cit., pp. 626-627.
[21] “Por la causa proletaria, Resistencia Nacional (RN). Abril-mayo de 1976”.
[22] Ibí­dem.
[23] ídem.
[24] ídem.
[25] ídem.
[26] ídem.
[27] ídem.
[28]ídem.
[29] ídem.
[30] ídem.
[31] “Con la idea preconcebida de "deshacerse" (polí­ticamente por el momento) del compañero Roque Dalton, corno un paso que les permitirí­a avanzar en sus posiciones, planifican aceleradamente maniobras de provocación constantes, tendientes a propiciar una oportunidad de eliminarle de las discusiones, y de paso, que diera lugar al impulso de otra maniobra: la de involucrar a algunos miembros de la Dirección Nacional, en el "complot" que habrí­an de adjudicarle contra el Estado Mayor del ERP.
Este plan se pone en marcha a través de intentos de neutralizar una serie de cuadros intermedios, impulsando acusaciones y campañas de desprestigio personal contra los responsables polí­ticos, en forma descarada y de provocación arrogante. Así­ mismo se intensifica la militarización acelerada de la militancia, a través de convocatorias constantes al activismo militar de acciones espectaculares y de gran envergadura.
Cierran la llegada a sus bases de los miembros de Dirección Nacional que tienen posiciones contrarias a las suyas y presionan intensamente por "visitar" al resto de sectores que no han caminado bajo su conducción directa. Alegando razones de fuerza mayor y necesidad por el volumen de las actividades militares planificadas, concentran en sus manos todos los recursos económicos y militares de la organización.
Lanzan la tesis insurreccional cortoplacista y blanquista pretendiendo centrar la lucha ideológica en torna a decir "si" ó "no" a dicha tesis, negando rotundamente la necesidad de la discusión a nivel de la concepción estratégica, con el argumento de que ello indica tendencias intelectualizantes desviadas de la práctica concreta; y de paso, utilizando la aceptación o rechazo a sus tesis insurreccionales como un termómetro para "medir" el grado de decisión o vacilación de la militancia.
Elevan a la calidad suficiente y necesaria para ser miembro de "Vanguardia", la exclusiva participación en combates militares y el hecho formal de ser profesionales en el seno de la organización. Convierten la tesis de construir el partido de Vanguardia de la clase, en la de construir el "Partido de la insurrección" caracterizándose dicho "partido" por ser un partido en guerra en el cual predomina lo militar sobre lo polí­tico.” Vid. í­bí­dem.
[32] Ibí­dem.
[33] ídem.
[34] ídem.
[35] ídem.
[36] ídem.
[37] “¿Qué es la lucha guerrillera?”, en Por la causa proletaria, N° 20, p. 6.
[38] Ibí­dem.
[39] ídem.
[40] ídem. Las cursivas son nuestras.
[41] Ibí­dem, p. 3.
[42] José Remberto Sosa Hernández, desaparecido en abril de 1975, tras haber sido capturado por los cuerpos de seguridad.
[43] ídem.
[44] “Entrevista a un combatiente de las FARN (miembro de célula de la RN), en Por la causa proletaria, N° 23, p. 11.
[45] Ibí­dem.
[46] Un relato de esta huelga de alcance nacional se puede encontrar en el texto de Cayetano Carpio titulado “La huelga general obrera de abril de 1967”. Puede consultarse en: http://www.marxists.org/espanol/tematica/elsalvador/carpio/1967/ago/06.htm.  Una crónica de la huelga magisterial se puede leer en el libro de Mélida Anaya Montes, La segunda gran batalla de ANDES, Editorial Universitaria, San Salvador, 1972.
[47] ídem.
[48] ídem.
[49] ídem.
[50] Ibí­dem, p. 12.
[51] ídem.
[52] “Postalita a las FPL”, en Por la causa proletaria, N° 26, mayo-junio de 1976, p. 12.
[53] ídem.
[54] ídem.
[55] ídem.
[56] “Introducción”, en Por la causa proletaria, N° 26, abril-mayo de 1876, p. 2.
[57] “Estrategia polí­tica de la Resistencia Nacional”, ibí­dem, p. 3.
[58] Ibí­dem.
[59] Ibí­dem, p. 4.
[60] ídem.
[61] Ibí­dem, p. 5.
[62] ídem.
[63] ídem.
[64] ídem.
[65] ídem.
[66] ídem.
[67] Ibí­dem, p. 6.
[68] ídem.
[69] ídem.
[70] Ibí­dem, p. 9.
[71] ídem.
[72] ídem.
[73] ídem.
[74] Ibí­dem, p. 10.
[75] ídem.
[76] Ibí­dem, p. 11.
[77] ídem.
[78] “El yunque y el martillo”, en ibí­dem, p. 12.
[79] “Presentación”, en Por la causa proletaria, N° 35, octubre-noviembre de 1979, p. 2.
[80] Op. cit., p. 25.
[81] Ibí­dem. Fuente: Pacarina del Sur – http://www.pacarinadelsur.com/home/indoamerica/46-dossiers/dossier-10/913-por-la-causa-proletaria-organo-de-la-resistencia-nacional-de-el-salvador-durante-la-decada-de-los-70 – Prohibida su reproducción sin citar el origen.
Luis Alvarenga
Luis Alvarenga
Columnista

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