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domingo, 24 de octubre del 2021

Por el derecho a la representación

Cuando era chiquita quería ser blanca. Y ¿cómo no quererlo si Jesús y la virgen lo eran? Si cada vez que veía la televisión en sus anuncios, películas, novelas, los buenos son los blancos y los malos, todo lo demás. Pero cada vez que me veía en el espejo, yo no veía a esa persona “buena” (blanca).

Esa representación a través de los años no ha cambiado. Si no, veamos los anuncios que nos pregonan alegres “Quédate en casa”: una mamá y un papá con hermosos hijos con cabellos rubios. Niños que brincan y bailan en una casa con piso de madera, con muebles de colores y cocinas rebosantes de alimentos. Nada más alejado de la realidad salvadoreña.

Ahora bien, luego de ver un par de esos anuncios con personas blancas, buenas y felices, me pregunté: ¿dónde estamos? Es decir, ¿qué representación realiza la televisión nacional de las y los salvadoreños? Me sorprendí con tristeza. Somos los maleducados que arrestaron por romper la cuarentena; somos esa cara tras los barrotes y amontonados en cárceles inhumanas; somos la fotografía de los desaparecidos; el llanto del que sufre enlodado o con el agua hasta el cuello. Ahí estamos los salvadoreños. En las noticias de crónica roja, nos encontré.

También nos encontré en anuncios donde alaban el salvadoreño trabajador. Personas sacrificándose hasta el extremo por salir adelante. Porque somos “cachimbones”. Anuncios que romantizan la pobreza y que no cuestionan la desigualdad extrema que vive un país dolarizado donde los que más pagan son los que menos tienen.

Luego pensé ¿y los “blancos” salvadoreños dónde están? Pues también me sorprendí. Los encontré en una reunión con el presidente decidiendo nuestro destino tras la pandemia. 

Este texto no es una incitación al racismo. Es un apunte a lo que ha sido por siglos una realidad: la discriminación sistemática e institucionalizada que existe en nuestro país y no queremos ver. Porque no se ha incentivado la conciencia que nos da una mirada hacia atrás, una visión que está empañada por el cortoplacismo de nuestra historia.

La importancia de muestra nuestra raíz indígena y la reivindicación de lo que somos: mestizos y mestizas. No como fuerza laboral (empobrecidas y violentas), sino como seres humanos con derechos y estima. Con derecho a un techo y trabajo digno.

Por ello es indispensable dejar de construir al “otro” como el extraño, debemos comenzar a reivindicar las diferencias. Es un derecho poder vernos. La representación en diferentes espacios políticos, económicos y sociales, sobre todo, en los medios de comunicación, es fundamental. Tenemos derecho a que nuestros niños y niñas puedan verse y auto identificarse. Sino seguiremos como estamos, como dice el Lazarillo de Tormes “!Cuantos deben haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismo!”.

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