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miércoles, 04 de agosto del 2021

Pongamos que hablo de Roma

Roma es una cinta paradigmática. Seguramente ni el mismo Cuarón habrí­a imaginado el impacto que causarí­a con una historia í­ntima, casi reducida a las cuatro paredes de una casa clasemediera  de los años 70 en una ciudad latinoamericana que, de casualidad, se llama México.

La cinta cuenta la historia de Cleo, la niñera de cuatro niños; la intimidad de su relación, los lazos amorosos y sobre todo, de protección que se tiende entre ellos.  Cuarón basa su historia en la de Libo, su niñera, a quien se la dedica.

La figura de la niñera en toda la América, es consuetudinaria y de mucha tradición. Una segunda madre que, en ciertos momentos de la vida del niño, viene a ser la principal. En el caso de los primeros cuatro años, el infante, crece al amparo de su niñera. Simbólicamente, se le llama “nana”, que es la palabra indí­gena para madre. La mayorí­a de nanas, son jovencitas del campo, muchas veces emparentadas de sangre con la familia biológica del niño, otras veces, a través del compadrazgo. Es ahijada de los señores de la casa.

Desde su estreno, Roma trajo mucha discusión. Las opiniones se dividieron en dos, los que la aman y los que la odian. Apartando las crí­ticas favorables, me referiré a las tres reacciones adversas más notables.

La primera, reclama que no profundiza en los marcos históricos en que ésta se desarrolla. Les gustarí­a tal vez, que se hiciera, a la par de la historia, un documental sobre las represiones estudiantiles de los años 70. Una pelí­cula se debe defender por sí­ misma, sin dar explicaciones más allá de las necesarias que atañen a lo que cuenta. Y el cuento va de la relación de la niñera con los niños. En la dramaturgia se muestra, no se explica, se actúa, no se habla. Todo lo que suma, resta. Regla de oro del arte. Para la trama, es más importante lo que no se dice, porque es lo que habla al subconsciente, despertando la emoción, llave de los códigos internos.

Y eso nos conecta con la siguiente reacción adversa, el racismo, como la más vergonzosa tara de conducta de nuestra sociedad. La reacción ha sido tan virulenta, irracional, que asusta. Cleo, indí­gena de origen mixteco, se ha ganado el corazón del gran público, elevando a Yalitzia Aparicio, la actriz, a socialité, aclamada en las alfombras rojas, y fotografiada en todas las portadas de las principales revistas. Imperdonable  para la sociedad latinoamericana, aún encerrada en marcos coloniales, en aquellos tiempos en que eran los poderosos. Una “hija de la chingada” (Octavio Paz) se les coló por la puerta de enfrente.

La tercera reacción reclama, por una ideologización malentendida, esquemática y maniquea, que no se cuestiona la condición de explotada de la niñera.

Dejo para una segunda parte, el desarrollo de este reclamo. Por hoy, solo termino diciendo que el artista crea desde su soberana voluntad y no tiene que dar lecciones de moral, ni de ideologí­a.

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