martes, 25 junio 2024
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Otro país es posible

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"Necesitamos tratar nuestra salud mental urgentemente, pero primero debemos aceptar que estamos mal y eso nos vuelve vulnerables": Nelson López Rojas.

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Por Nelson López Rojas.

Vivimos en el país del caos permanente: hay un odio generalizado sin saber por qué, nadie respeta a nadie, largas filas para todo, gente mecha corta, accidentes por todos lados, estafas a la orden del día, la canasta básica por las nubes… ¿Es esto lo que nos imaginábamos al tener un país libre de maras?

Es que no solo las maras causan violencia. Somos violentos y con malas ideas por múltiples razones. Necesitamos tratar nuestra salud mental urgentemente, pero primero debemos aceptar que estamos mal y eso nos vuelve vulnerables, cosa inaceptable para muchos. El reconocer que estamos mal nos hará bien, tendremos un parámetro y un punto de partida para comenzar a corregir nuestro rumbo como individuos y como país.

Los accidentes ocurren principalmente por la ira de los conductores que no quieren dar su brazo a torcer. Es como una religión: todos profesan tener la verdad en sus manos. El aferrarse a tener siempre la razón en detrimento de nuestra propia felicidad es como tomar veneno y esperar a que el otro se muera. O tenés la razón o sos feliz, pero no las dos. Imaginate a aquel motociclista queriendo darle una lección de vida al motorista del Dodge Ram que irrespetó el alto… ¡es ilógico! Que no te quite la paciencia ni que te arruine el día.

La gente irrespeta los altos y los toman como si fueran opcionales. El amarillo del semáforo quiere decir que puedo pasar aunque interfiera on el tráfico de la cruz calle; mientras tanto, los motociclistas de la contra calle ya están a mitad del camino porque el amarillo del otro indica verde para ellos. ¿Y qué decir del respeto al carril contrario? Si hay un auto estacionado en mi carril, yo tomo el del otro sin importarme que venga otro carro en su derecho de vía forzándole a hacerse a la orilla. Si acaso me pitan, les saco el dedo y le devuelvo el pito. ¿Cuesta mucho frenar y esperar a que pase? ¡Somos una bola de ilógicos!

Después del choque de la rastra del domingo, leo con desesperanza que la Secretaría de la Presidencia dice que “este gobierno está enfocado en la seguridad y el bienestar de los salvadoreños”, pero si así fuera tendría iluminado los lugares donde están trabajando, tendrían una cerca temporal en una calle provisional bien hecha y no de lodo y polvo donde, bajo el calor infernal que se ha vivido este año, los conductores se irritan más fácilmente y pueden irse al hoyo de sus construcciones. Si así fuera, ya hubieran reparado los semáforos que no se ven porque una empresa de publicidad los cubre con sus vallas; si así fuera, pondrían señales claras para evitar accidentes, en fin… hablar o tuitear no cuesta; ser honesto y actuar, sí.

La repugnante estampida del sábado en el estadio es otro ejemplo de lo sesgado de nuestra cultura: la avaricia de los organizadores de meter más gente, la deshonestidad de los revendedores de boletos falsos, la ineficiencia de los encargados de la seguridad, la falta de una clara comunicación, la impaciencia y la intolerancia de la gente que veían normal entrar a la fuerza. Necesitamos todos atención mental para cambiar el rumbo del país, de raíz.

Ahora, las doctoras destituidas por tuitear su disconformidad para atender a los pacientes no debieron haberlo hecho, claro. Es más, ni debieron haberlo pensado porque como médicos  están para servir, ¿no es cierto? ¿Y qué pasa con el resto del personal que no twitteó? ¿Según vos solo las dos doctoras pensaban así? ¿Nunca has estado en un centro de salud ya sea público o del seguro? La mayoría de los trabajadores te ven con cara de desprecio por haberles interrumpido la siesta, la charla o el cafecito de la tarde.

Las largas filas para que te den la medicina se siente interminable al darte cuenta que el honorable empleadito mirá TikTok y lo comparte con sus compañeros en vez de sacarte de ahí lo más rápido posible.

Ah, sí. Que mala gente esos empleados, pero mirate vos en el espejo de la empatía. Vos harías lo mismo. Son las 3 y estás ya viendo que el reloj marque las 5 para salir corriendo del lugar que te da de comer. Vas manejando, viene una ambulancia y la ves como si fuera el señor de las minutas y no te cedés el paso, como dice la ley. ¿Y si fueras vos en esa ambulancia? ¿Y si vos necesitaras auxilio?

Como país estamos disfrutando de una etapa de bonanza en seguridad pública, pero nos falta honestidad, educación vial, mucha empatía, respeto al otro, al prójimo, al peatón, al que no es igual que nosotros. Reconozcamos que tenemos un problema y busquemos juntos, como país, una solución.

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Nelson López Rojas
Nelson López Rojas
Catedrático, escritor y traductor con amplia experiencia internacional. Es columnista y reportero para ContraPunto.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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