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domingo, 16 de mayo del 2021

Otro más del Jocker

A pesar de mi costumbre de no seguir la moda, no resistí la curiosidad de ver la película. De entrada, me pareció una producción hollywoodense muy prolija, nada que decir sobre su calidad como espectáculo, lo que se agradece. Interesante que han reciclado secuencias y situaciones de varias películas, preferentemente de aquellas en que los malos que se divierten cantando y bailando, mientras sueltan toda su furia contra inocentes. Claramente, la secuencia del subterráneo, es una cita de la película de 1967, The Incident. En cuanto a la actuación de Joaquin Phoenix, sencillamente magistral. Ha construido un personaje que marcará un referente actoral. Tal vez se le pueda resentir una interpretación hiperrealista, lo que es un riesgo, tanto para el actor, que podría no salir ileso de la incorporación de tanta historia interna demencial de un pobre diablo, orillado al crimen y la crueldad; así como para el público, que puede confundir la realidad con la ficción y llegar hasta el punto de detonar conductas violentas. Personalmente, aunque admiro ese rigor actoral, el hiperrealismo no es mi preferido. Creo que sobrepasa la dimensión artística.

Con relación a la historia, ha causado mucho interés en el proceso de descomposición psicológica del Jocker, aunque me parece que es una especie de catálogo de acontecimientos psicóticos que le vuelan el cerebro a cualquiera, sobre todo si es un niño. Han abusado de lugares comunes, que no llegan a la altura de otras películas con el mismo tema. Los personajes antagónicos, como el alcalde, no aportan nada, la madre no es creíble, aunque el proceso de descomposición de Arthur Fleck hasta convertirse en el Jocker es tan excepcionalmente bueno, que se puede prescindir de las anécdotas.

Lo que más me costó de la película, fue aceptar la convención, hasta que estiraron tanto las situaciones, que las estereotiparon. Entonces, las acepté como arquetipos e hice una traslación a la dimensión macro. O sea, a la sociedad. El sistema, como una estructura de corporaciones sin alma, que golpea sin piedad a un desgraciado, solo por el gusto de hacerlo. El arquetipo del perdedor, un payaso que sueña con ser comediante, pero que ríe por un problema mental, algo así como las masas de desposeídos, perdedores que solo reciben palos de las corporaciones y, por mucho que traten de salir a flote, solo se hunden más, hasta que la sobrevivencia las obliga a reaccionar con violencia individual, ante la violencia social corporativa. Pero para eso, está el poder represivo. Hasta que éste ya no es suficiente y la indignación social desborda su cauce.

Se teme que esta película genere una respuesta social y con justa razón. El arquetipo del Jocker está tan cerca de todos nosotros, que casi nos toca las costillas. La doctrina neoliberal, que está destruyendo todos los programas sociales y que ha implantado un individualismo entre la población, basado en doctrinas pseudocientíficas, como el espurio “darwinismo social”, está estirando las situaciones a límites intolerantes. Su desenlace es impredecible.

Carlos Velis
Carlos Velis
Columnista Contrapunto

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