Por Zarko Pinkas
Mientras la noche se hunde en la negrura,
las sombras giran, llenas de ansiedad,
gatitos vuelan, mezcla de locura,
cruzando el aire con su eternidad.
Sus alas baten, frías, con dulzura,
sus ojos brillan, plenos de maldad,
y entre susurros, beben la amargura
que el cielo esconde en su inmensidad.
Mi corazón es negro, es su figura,
mi corazón es sombra y soledad,
mi amor por ti se hunde, sin ternura,
bajo los pozos de la eternidad.
Y cuando el alba rompa la espesura,
solo el silencio podrá recordar
que en la penumbra late la criatura
que de mi alma no quiso escapar.


