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miércoles, 12 de mayo del 2021

Música recrea mundo maya

En el mes de febrero de 2016, visitó México y El Salvador la banda musical británica Iron Maiden, fundada hace más de treinta años; inició su concierto de heavy Metal en la ciudad de México, en el escenario se veí­a una selva maya, incluyendo una pirámide, casi igualita a la que habí­a en la ciudad en que yo me crié, luego Bruce Dickenson interpretó la rola If Eternity Shoul fail .

Me puse a llorar con la primera estrofa:

“Aquí­ está el alma de un hombre 

 Aquí­ en este lugar para la toma 

 Vestido de blanco, de pie en la luz 

 Aquí­ está el alma de un hombre"

Me sentí­ identificado, yo era esa alma de ese guerrero sacrificado como ofrenda para los dioses, sentí­ orgullo de ser maya, una civilización perdida, que terminó de ser destrozada por la conquista española.

Me incorporé en el cuerpo de un muchacho mexicano que cantaba la rola a todo pulmón, esto me permitió sentir nuevamente la emoción de la música, las luces, el efecto de las cervezas que habí­a tomado y el gentí­o en una noche estrellada. Esa noche goce bailando, junto con otros cientos de danzantes: saltaban, daban pasos en todas las direcciones, golpeaban con sus hombros a sus vecinos o los empujaban con las manos, lanzando gritos de rebeldí­a, lucha, alegrí­a y dolor; sentí­ como el sudor corrí­a por mi cuerpo. Me di cuenta que todo ese esfuerzo colectivo de la banda musical y el público, penetraba en la tierra y llegaba hasta donde están nuestros dioses; porque ellos no han muerto, están vivitos y coleando; olvidados sí­, pero poderosos; dirigen: el sol, la luna, las estrellas, las nubes, las lluvias, las guerras, las cosechas, la felicidad o fracasos de la gente.

Después vi como los muchachos y muchachas (incluso viejos sesentones) salí­an   sedientos de aventuras, bebidas alcohólicas y de hablar sobre las sensaciones y emociones que les habí­a causado el concierto; caminaban juntos personas de varias naciones americanas, se comunicaban aunque no hablaran el mismo idioma, con gestos y gritos.

Entre el gentí­o vi a varias  personas con los rasgos de mi raza, algunos eran mexicanos, otros guatemaltecos o salvadoreños; posiblemente no conocen la historia de su origen étnico, pero sintieron en su corazón la emoción de vivir aquella época, bajo los acordes de las guitarras y la baterí­a.

Dí­as después, me di una vuelta por el territorio salvadoreño, llegué a un lugar especial, histórico, le llaman “El Barrio”; hay unos restaurantes con nombres raros como “Leyendas”, “Medieval”, “Café La T”, “Open Main” y “Sin Permiso”. Me llamó la atención el bullón que provení­a del Medieval, era heavy metal; decenas de muchachos y muchachas disfrutaban de un homenaje a la banda Iron Maiden, varios llevaban camisetas negras con este nombre; escuché que vení­an del concierto de esta banda, la mayorí­a eran salvadoreños, otros eran hondureños y guatemaltecos; habí­a varios profesionales, especialmente médicos e ingenieros.

Santiago Ruiz
Santiago Ruiz
Columnista Contrapunto

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