miércoles, 11 de mayo del 2022
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Moralidad, literatura y ciencia

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"Resolver este problema está demasiado difícil, porque las personas están predispuestas a la arrogancia moral e intelectual. Un descubrimiento científico que puede ser amenazado por la moralidad": Mario Mejía

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Por Mario Mejía


No hay duda de que el humano es la especie que más poder tiene en el planeta tierra. La revolución cognitiva de hace setenta mil a cuarenta mil años, es la piedra angular de su ascenso. Esta revolución le otorgó una alta capacidad de cooperación que no tienen otras especies. El principal elemento que hace posible que construya las cooperaciones sociales que lo colocan en la cima del poder, es la moral. En la historia, no existen sociedades humanas sin algún tipo de moral.

Pablo Malo, en su libro ‘’Los Peligros de la Moralidad’’, nos dice que, la moralidad tiene un lado oscuro, y entre los aspectos de ese lado oscuro, están el conflicto político entre grupos y la obstaculización de los avances científicos. Cuando se cree que una conducta o acción es mala, no se deja a la libre elección , sino que, se prohíbe realizar la conducta y se castiga a la persona que desobedece la prohibición. El problema se agudiza cuando hay choques entre dos grupos con morales distintas, que lo que para uno es bueno para el otro es malo. La moralidad amenaza el avance del conocimiento.

Una de los grandes aportes del racionalismo ilustrado, es la idea de que es importante conocer la realidad objetiva, para construir en consonancia con ella un mundo mejor. Si hay estudios científicos que amenazan la moral dominante, las instituciones salvaguardas de dicha moral, censurarán y demonizarán a los científicos que produjeron tales estudios científicos.

Un descubrimiento científico que puede ser amenazado por la moralidad, son aquellos que sugieren que el libre albedrío no existe. La sociedad se basa en la idea de que las personas, salvo excepciones, tenemos libre voluntad, y por lo tanto, somos responsables de nuestros actos. El descubrimiento que sugiere que el libre albedrio no existe, puede ser visto como moralmente malo, porque se le acusaría de promover la idea de que si no hay libre albedrio nadie es responsable, y si nadie es responsable, nadie merece castigo por sus actos, pero si se acepta esto, la sociedad se derrumbaría, porque para que la sociedad se sostenga, es necesario responsabilizar a las personas por sus actos. Por lo tanto, este descubrimiento sería demonizado y quienes lo promuevan también.

La moralidad se mete con la salud y la enfermedad. Se ha creído que las personas enfermas están siendo castigadas por sus pecados o que su enfermedad es producto de vicios o de inmoralidad, por lo tanto, se merecen su enfermedad. Esto quiere decir que, la moralidad puede obstaculizar la ayuda a personas enfermas, al acusarlas de ser culpables de su propia enfermedad por practicar ciertas conductas y hábitos.

La literatura es una radiografía de elementos de la naturaleza humana. En otras palabras, la literatura nos proporciona conocimientos valiosos sobre cómo son los seres humanos. Las morales demonizan a las obras literarias que le son contrarias, y de la misma manera que hay científicos que se convierten en inquisidores de los científicos ‘’herejes’’, editores y literatos se convierten en inquisidores que demonizan a las obras literarias que no se someten a su canon moral.

Resolver este problema está demasiado difícil, porque las personas están predispuestas a la arrogancia moral e intelectual. Hay demasiados ejemplos en la historia de cómo la moral fue un obstáculo para el avance del conocimiento científico y literario. Debemos aprender de la historia, reconocer los peligros de la moralidad y trabajar en reducirlos lo más posible.

Jonathan Rauch, sostiene que, se debe tomar en serio la posibilidad de que podamos estar equivocados. Tomar en serio esta posibilidad, nos puede ayudar a reducir los estragos que la moralidad hace en el avance científico y literario.

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Mario Mejía
Artista salvadoreño y columnista de ContraPunto

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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