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domingo, 25 de julio del 2021

MONSEÑOR ROMERO EN EL ARTE POPULAR

El magnicidio cometido en la persona de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (1917-1980) permeó conciencias en los distintos puntos cardinales y gradualmente motivó una condena generalizada, así­ como también un reconocimiento a su sacrificio como pastor religioso

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El magnicidio cometido en la persona de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (1917-1980) permeó conciencias en los distintos puntos cardinales y gradualmente motivó una condena generalizada, así­ como también un reconocimiento a su sacrificio como pastor religioso, al menos a través de dos poderosas ví­as que en aquellas calendas del siglo XX nadie imaginaba, acaso solo él con sus palabras proféticas: “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”. Una de esas ví­as es la que lo conducirí­a más tarde que temprano a los altares de la Iglesia católica y, la otra, la que lo instalarí­a más temprano que tarde, prácticamente de inmediato, en los altares del arte popular a escala internacional. Así­, e independientemente de clasificar o no a tales expresiones como arte religioso, su imagen y testimonio de vida están presentes en muchí­simos paí­ses, ciudades y poblados más recónditos del mundo y, desde luego, de su paí­s natal: El Salvador. En ese sentido, este modesto como sucinto artí­culo pretende reseñar cómo la figura de Monseñor Romero hace presencia en, prácticamente, todas las manifestaciones de la creatividad humana: afiches artí­sticos, pintura mural y de caballete, escultura, música, canto, danza, teatro, poesí­a, cine, entre otras no menos importantes. Pero también, más allá de las galerí­as, oficinas gubernamentales, centros educativos, parques y calles, etc., el Mártir está presente en expresiones y formas más accesibles a la gente por la cual ofrendó su vida, como en la producción artesanal: camisetas y otras prendas de vestir en serigrafí­a, miniaturas en barro, llaveros… De ahí­ que con justa razón se afirme que se convirtió en la personalidad salvadoreña más universal de nuestro paí­s, El Salvador. Y he aquí­ el resumen de un texto dedicado al pastor y amigo que a pocos dí­as de su ofrenda sacrificial, me dijera: “Un pastor nunca abandona a su pueblo”.

Palabras clave: Magnicidio, ascenso a los altares, etapas, creatividad, arte popular.

I. Las dos ví­as transitadas por Monseñor Romero en su ascenso a los altares

Quienes planificaron y ejecutaron el asesinato de monseñor Óscar A. Romero aquel fatí­dico 24 de marzo de 1980, pretendí­an con ello, entre otras cosas, crear una escisión fí­sica-temporal que distanciara su solidaridad y su palabra de la población salvadoreña, sobre todo de la más vulnerable, pero no lo lograron, y como resultado obtuvieron todo lo contrario: pueblo y pastor se acercaron mucho más, por lo menos a través de dos poderosas ví­as.

Una de ellas es la religiosa, ya sea desde su condición de martirizado arzobispo de San Salvador o de egregio pastor de la Iglesia católica que en los albores de la guerra civil realizó una incansable lucha por la defensa de los derechos humanos o bien en su calidad de mártir de la Iglesia y su inminente beatificación, lo cierto es que esa situación relacional de carácter religioso zanjó con el tiempo distancias y diferencias al interior de la sociedad salvadoreña, e incluso dentro del mismo clero, trascendiendo las fronteras y motivando muchí­simos libros y artí­culos a escala planetaria en dicha materia: “Mi voz desaparecerá pero mi palabra, que es Cristo, quedará en los corazones que la hayan querido recoger” (Homilí­a de 17 de diciembre de 1978, Dí­a a dí­a con monseñor Romero, p. 44).

El Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), registra casi un centenar de publicaciones sobre el mártir Óscar Arnulfo Romero (http://sicsal.net/romero/LibrosRomero.html).

La otra ví­a que hizo posible que pueblo y pastor se acercaran mucho más es la creación artí­stica en sus distintas modalidades, formas o géneros, la cual surge en distintos momentos a modo de tributo o conmemoración de su martirio no solo en El Salvador sino también en diferentes paí­ses del mundo, contribuyendo con ello a proporcionarle carácter universal a la figura de monseñor Romero.

En principio, partimos de la premisa de que una cultura es representada mediante la rica variedad de los sí­mbolos que posee o que le son inherentes, y que en el proceso de creación, interpretación y divulgación alcanzan su dimensión humana y social. De ese modo, el arte popular es una manifestación simbólica de la cultura ““al igual que el habla y otras”“ y adquiere sentido cuando transmite y contiene valores que son compartidos por determinado grupo o colectividad. En tal sentido, el arte popular, anónimo o de autorí­a conocida, es aquel que tiene la función de servir como vehí­culo de expresión y comunicación a su mismo pueblo, que es el que lo crea y lo consume. Es desde esta perspectiva que ubicamos en el presente texto la figura de monseñor Romero como tema, motivo o inspirador del arte popular nacional e internacional.

De lo último señalado se colige que en el ámbito artí­stico Monseñor Romero constituye un í­cono multidisciplinario de trascendencia planetaria, algo que nunca imaginó ni esperaba como lo hizo con su propio óbito: «Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño». Jamás se cruzó por su mente que tras su martirio morarí­a su imagen en diversas expresiones de la creatividad artí­stica alrededor del mundo. Y hasta donde se sabe, Pedro Casaldáliga, obispo de la diócesis de Sí£o Félix do Araguaia (Brasil), habrí­a sido la primera persona en escribir un poema en su memoria a pocas horas de conocer sobre su asesinato en San Salvador. El poema se titula «San Romero de América, pastor y mártir nuestro», musicalizado y grabado pocos meses después por el grupo salvadoreño Yolocamba I Ta con el tí­tulo «Poema a Monseñor Romero».

Sin embargo, hay que recordar que, por lo menos en El Salvador, su ascenso a los altares de la creatividad fue precedido de un lapso de relativo silencio impuesto por la amenaza del autoritarismo militarista, silencio que inicia inmediatamente después de su muerte y se extiende durante buena parte de la década de los ochentas debido a que los escuadrones de la muerte de la derecha salvadoreña y sus tentáculos que operaban desde las instituciones del Estado, como Fuerza Armada y cuerpos de seguridad, todaví­a dieron persecución a su imagen y palabra. Tener una imagen de monseñor Romero, sus tres cartas pastorales, referirse en público a sus homilí­as o tenerlas en cintas de audio, etc., era un riesgo que no muchas personas querí­an correr. De manera que pintarlo, esculpirlo, escenificar un drama sobre su vida, escribir un poema en su memoria o hacerle una canción, implicaba poner en peligro la vida o, en el menos peor de los casos, ser ví­ctima de persecución y luego abandonar el paí­s bajo amenazas de muerte. Incluso, siendo así­ la situación, hubo quienes lo hicieron y se fueron al exilio.

II. Inicia el ascenso a los altares del arte

De manera que monseñor Romero comienza su ascenso al altar de la creación artí­stica nacional de manera abierta o pública mucho más adelante. Lo que sí­ es probable es que en la región centroamericana ese hecho haya tenido lugar en Costa Rica, donde el escritor Samuel Rovinski escribe la obra dramática El martirio del pastor, que resultó finalista en el reconocido certamen Casa de las Américas (La Habana, Cuba) en la edición correspondiente a 1982, lo cual ubica la creación de esa pieza teatral apenas unos meses después del magnicidio. Sin embargo, según reporta el académico costarricense Óscar Montanaro Meza, cuatro años después el drama aún no habí­a sido puesto en escena (Revista de Filologí­a y Lingí¼í­stica, Volumen XIII, p. 47, 1986, Universidad de Costa Rica). Aquella postergación sugiere que en ese momento monseñor Romero, como inspirador del arte, todaví­a no adquirí­a el énfasis que lograrí­a posteriormente. Y si bien es cierto que el mismo año de su asesinato el cantautor nicaragí¼ense Luis Enrique Mejí­a Godoy lo conmemora en el tema «Con Farabundo y Romero», la vida y obra del mártir no figuran como tema central. Solo aparece mencionado.

En 1981, el grupo musical salvadoreño Yolocamba I Ta da a conocer también en el exterior una producción discográfica titulada Canto a la patria revolucionaria, donde se incluyó el tema «Homenaje a monseñor Romero». Seguramente el grupo grabó después otros temas en memoria del mártir, pero debido a la represión que se viví­a en El Salvador su audiencia habrí­a sido limitada. De hecho, no habí­a estación de radio que se atreviera a programarlas. Sonaron esas canciones, eso sí­, en radios clandestinas como la Radio Venceremos y Radio Farabundo Martí­, o a través de los altoparlantes de la Universidad de El Salvador en claro desafí­o al régimen. También anduvieron en audio casetes de estudiantes, docentes, dirigentes sindicales, etc., pero con viñetas de artistas de la discografí­a comercial para evitar una captura en caso de encontrarse con algún retén en la calle o durante un cateo domiciliar por parte de las “autoridades de seguridad pública”, y cuando se escuchaban esas canciones se hací­a furtivamente, a bajo volumen, o con el uso de audí­fonos. El grupo Yolocamba I Ta fue formado a mediados de la década de los setentas por los hermanos Franklin y Roberto Quezada, Manuel Gómez, Paulino Espinoza y Álvar Castillo, quien se integró antes de que el grupo saliera del paí­s.

Al año siguiente, en 1982, es creada por George Daly y Liam Bauress la obra Romero El Musical, aunque su estreno tuvo lugar hasta septiembre de 2009, en Londres.

Resulta obvio que la vida, obra y martirio de Monseñor como motivo en la creación artí­stica realizada en otras latitudes, incluyendo a artistas nacionales en el exilio, fomentó y fortaleció la expresión artí­stica interna. El í­cono del monseñor pintado por Robert Lentz en 1987, con su aureola de santo y helicópteros de fondo en vez de ángeles, reforzó o retomó la calidad de santo que siete años antes le habí­a otorgado Casaldáliga en su poema y con ello posibilitó que al interior del paí­s comenzara a cobrar fuerza la posibilidad de verlo en los altares de la Iglesia, lo que habrí­a abonado a que su imagen comenzara a ser asumida como motivo artí­stico. La idea de un San Romero de América cobraba cada vez mayor interés, más relieve, y su figura gradualmente continuó popularizándose.

Entre tanto, en El Salvador, el grupo literario Cinconegritos homenajeaba en cada marzo al mártir Monseñor Romero dando a conocer poesí­a de diversa autorí­a escrita en su memoria, con el riesgo que ello implicaba. Así­ lo recuerda el poeta y escritor connacional Alfonso Velis Tobar, radicado en Canadá, en carta que me ha enviado mientras escribimos estas lí­neas: “Hicimos una primera publicación de textos poéticos (dedicados al mártir) en los años consecutivos desde el 22 de marzo de 1986, 1987 y 1988 en la página literaria Cinconegritos con el tí­tulo Monseñor Romero y la poesí­a, Diario El Mundo, suplemento sabatino a cargo de Alfonso Velis Tobar y Joaquí­n Meza”. Aquellos poemas publicados en el referido espacio, poco a poco se sumaron a una antologí­a poética compilada por el mismo Velis Tobar.

En 1989, bajo la dirección del realizador australiano John Duigan se filma en el estado de Morelos, México, la cinta Romero, donde el actor puertorriqueño Raúl Julia representa al obispo mártir. El film habrí­a llegado al paí­s en el curso del año siguiente, cuando en el ambiente todaví­a habí­a pólvora de la recién pasada ofensiva militar que impulsó el FMLN en noviembre de ese año para desentrampar el proceso de diálogo-negociación que mantení­a con el Gobierno de El Salvador, el cual estaba en manos del partido polí­tico cuyo fundador es señalado como autor material del magnicidio. De modo que dicha cinta no solo habrí­a sido objeto de censura sino que también las salas de cine donde escasamente se pudo haber exhibido habrí­an contado con público limitado, pues aún estábamos en el fragor de la guerra civil y los escuadrones de la muerte y el terrorismo de Estado campeaban con toda impunidad a lo largo y ancho del territorio.

Paralelamente, el escritor salvadoreño Miguel Ángel Chinchilla da a conocer su libro Romero crucis en el Certamen Reforma 89, organizado por la Iglesia Luterana Salvadoreña, obra que el jurado calificador premió con el tercer lugar (ver Poesí­a Reforma 89, Editorial Criterio, San Salvador, 1990). Pero para entonces, era frecuente encontrarse con la imagen de monseñor Romero en retratos y afiches adosados a las paredes, sobre todo, en las oficinas de algunas instituciones como UES, UCA, UNTS, FENASTRAS, ASTAC, partidos polí­ticos no tradicionales, Iglesias no evangélicas y otras organizaciones del movimiento popular que pugnaban por la firma de los Acuerdos de Paz, muchas de ellas pertenecientes al Comité Permanente del Debate Nacional por la Paz (CPDN) que surge hacia 1988. Ahí­ estaba, por ejemplo, el Comité de Madres de Reos y Desaparecidos Polí­ticos de El Salvador (COMADRES), fundado en 1977 y que después del 24 de marzo de 1980 adopta el nombre del mártir, lo que la convirtiera en la primera institución no gubernamental en reivindicar a monseñor pese a la opresión que imperaba.

Y así­, en la medida en que se volví­a más inminente la consecución de la paz mediante el diálogo-negociación entre el Gobierno de El Salvador y el FMLN-FDR, monseñor Romero se ubicaba por derecho propio como motivo o inspirador de la creación artí­stica en el paí­s, es decir, a la sombra del nuevo contexto sociopolí­tico el pueblo pierde gradualmente el miedo, se llena de valentí­a, y asume el riesgo de comenzar a expresar a través del arte ““o hacer del conocimiento público, en el mejor de los casos”“ su admiración, respeto, gratitud o devoción por el mártir Romero.

III. Los Acuerdos de Paz (1992) y la consolidación de Monseñor Romero en los altares del arte

En tal sentido, es después de la firma de los Acuerdos de Paz (1992) que podrí­a ubicarse la consolidación de Monseñor Romero como motivo o tema de la creación artí­stica en El Salvador, o sea, es a partir de ese año que se concretiza su ascenso al altar de las artes, sobre todo, con la llegada de los primeros gobiernos municipales del FMLN tras las elecciones de 1994, pues en adelante su figura comienza a ser trabajada por una diversidad de artistas nacionales que en conjunto dieron origen a un mosaico gradualmente conformado por esculturas, retratos y murales en distintos municipios del paí­s.

Ya para entonces, monseñor Romero es ampliamente conocido en el ámbito internacional gracias, entre otras razones, a la constante creación de obras artí­sticas en su memoria o a modo de reconocimientos. En julio de 1998, por ejemplo, es colocada la imagen de monseñor Romero en el pórtico occidental de la abadí­a de Westminster, Londres, siendo ubicado en un grupo de diez mártires de diversas creencias del siglo XX, justo entre Martin Luther King y el pastor Dietrich Bonhoeffer. La escultura del mártir fue diseñada por Tim Crawley y esculpida por John Roberts. Dos años después, en 2000, comienza a crearse el ícono de los mártires y testigos de la fe del siglo XX de la Basí­lica de San Bartolomé (Roma), por encargo de una comisión ecuménica designada por el Papa Juan Pablo II, donde también aparece el mártir salvadoreño.

Por esos años, a finales del siglo XX, en el exterior ya se hablaba con frecuencia de su beatificación al tiempo que en el paí­s los matutinos La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy publicaban infundiosos artí­culos y editoriales que se oponí­an a ese anhelo multitudinario. Incluso, dentro de la misma Iglesia salvadoreña hubo reacciones similares y gestiones ante el Vaticano para que la beatificación no prosperara. Y, en efecto, eso ocurrió. No obstante, en el altar de las artes nacionales e internacionales monseñor Romero continuaba consolidándose.

En 2002, por ejemplo, una escultura de cuerpo entero del obispo mártir fue instalada al costado oriente de la plaza del Salvador del Mundo, obra de Napoleón Alberto Romualdo. La escultura mide tres metros de alto y fue esculpida en bronce.

En la antesala de conmemorarse el vigésimo quinto aniversario del martirio de Monseñor Romero, en 2005, llega de Italia el catafalco para la tumba de Monseñor Romero ubicada en la Catedral Metropolitana de San Salvador. En esos momentos se tení­a la esperanza de que la beatificación coincidiera con tal conmemoración, pero tampoco sucedió debido a las presiones de los sectores conservadores que continuaban oponiéndose. De todos modos, el cuerpo del mártir fue trasladado al sitio donde se encuentra actualmente y sobre él se colocó el mausoleo. La magistral escultura de Paolo Borghi fue donada por la comunidad de San Egidio, Italia, e ilustra al mártir custodiado por los cuatro evangelistas.

Ese mismo año 2005, un grupo de jóvenes pinta un enorme lienzo de unos 60 pies de ancho y 90 de altura con el rostro del mártir, y durante la conmemoración de los 25 años del magnicidio cubrió toda la fachada de Catedral en San Salvador. El mismo año, el dramaturgo y actor Carlos Velis da a conocer su obra dramática En nombre de Dios: semblanza de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, edición del autor.

Aquel gigantesco lienzo de los jóvenes artistas cubrió casi totalmente el mural La armoní­a de mi pueblo, creación en cerámica de Fernando Llort, quien afirma que era una especie de homenaje a Monseñor Romero. Dicho mural habí­a permanecido en la fachada de Catedral desde 1998, pero a finales de 2011 el actual arzobispo decidió retirarlo sin dar una justificación aceptable. Simplemente no la tení­a.

Ese mismo año, con motivo de conmemorarse en el paí­s el centenario del Primer Grito de Independencia (1811-2011), el pintor Antonio Bonilla elabora un mural en una de las paredes interiores del Museo Nacional de Antropologí­a David J. Guzmán (MUNA), en el cual, desde luego, destaca como figura central el mártir monseñor Romero.

Dos años después, como acto de justicia otra obra de Fernando Llort, solicitada previamente, fue llevada y colocada en la Catedral católica de San Jorge, Londres, el 23 de septiembre de 2013. La obra es una enorme cruz de cuatro metros de altura que lleva por nombre «Sentir con la Iglesia», en honor al mártir y beato Romero y al sacerdote británico Michael Evans, uno de los gestores de la aludida obra.

En noviembre de 2013, en una plaza del centro de Los Ángeles, Estados Unidos, es develado el primer monumento público dedicado al mártir en aquel paí­s. La escultura de monseñor Romero, quien luce en una actitud reflexiva, fue elaborada en bronce por el escultor salvadoreño Joaquí­n Serrano. En el acto de inauguración, Carlos Vaquerano, director ejecutivo del Fondo Salvadoreño Americano de Liderazgo y Educación (SALEF), institución que gestionó el proyecto, dijo: “La plaza es un legado de todos, del pueblo y creemos que lo mejor que podemos hacer para darle tributo a Monseñor Romero es seguir su lucha y su ejemplo de fe, de amor y de perseverancia” (https://laopinion.com/2013/11/23/inauguran-monumento-a-monsenor-romero-en-los-angeles/).

A pocas semanas de conmemorarse el trigésimo cuarto aniversario del martirio, la Compañí­a Universitaria de Teatro de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México (CUT/BUAP), en el Auditorio Ignacio Ellacurí­a de la UCA presentó la pieza Romero, el Salvador, del dramaturgo mexicano-estadounidense Carlos Morton y bajo la dirección de la salvadoreña Isabel Cristina Flores. El estreno tuvo lugar el 23 de abril de 2014. Según se afirma, aquel espectáculo escénico fue el primero ofrecido en el paí­s sobre el mártir monseñor Romero.

IV. Continúa el proceso de beatificación, pero Monseñor Romero ya está los altares del arte

Con la llegada al Vaticano del Papa Francisco, elegido el 13 de marzo de 2013, la beatificación del mártir Monseñor Romero toma un nuevo giro. La causa para su beatificación estuvo bloqueada durante años por las razones que atrás hemos comentado. Sin embargo, el Papa Francisco desbloqueó el proceso de beatificación en 2013 y a comienzos de 2015 aprobó el decreto que reconocí­a el martirio de Monseñor Romero por odio a la fe. Y así­, se fijó para el 23 de mayo de 2015 la fecha de beatificación de Monseñor Romero, reconocimiento tan esperado ya no solo en El Salvador sino también en muchos paí­ses del mundo. El acto solemne tuvo lugar en San Salvador, en la plaza del Salvador del Mundo. El mismo año, con motivo de su beatificación una escultura de cuerpo completo del mártir, elaborada por el connacional Guillermo Perdomo, es trasladada a Italia y colocada en la Plaza El Salvador, en Roma.

Para entonces, esculturas de diferentes artistas nacionales se encuentran en sitios tan diversos como distantes entre sí­ dentro del territorio salvadoreño, siendo algunos de ellos: el parque central de Ciudad Barrios, entrada de la iglesia del municipio de Santo Tomás, entrada de la ciudad de Santa Ana, en la plaza central de Ciudad Delgado, al costado oriente del Monumento al Salvador del Mundo, en Apopa, en Ayutuxtepeque, en Cojutepeque, en Izalco y otros lugares más.

Todas esas esculturas diseminadas a lo largo y ancho del paí­s e incluso más allá de la frontera salvadoreña, son obras de artistas como Napoleón Alberto Romualdo, Ricardo Sorto, Romeo Galdámez, Miguel Mira, Leónidas Ostorga, entre otros no menos importantes.

En cuanto a los murales romerianos, en su artí­culo titulado A propósito de Monseñor Romero, su influencia en las artes y la literatura, el artista visual Isaí­as Mata ilustra al respecto: “(“¦) En El Salvador se encuentra desde la pared más alejada y humilde del paí­s, producida en comunidades, hasta en muros tratados profesionalmente, así­ tenemos: murales realizados por comunidades en El Paisnal, Perquí­n (Morazán), Copapayo, camino a San Francisco Echeverrí­a, donde aparece la imagen de monseñor y el sacerdote Rutilio Grande (asesinado); en Guarjila, Mejicanos, los murales pintados por estudiantes de arte del CENAR y de la Escuela de Artes de Ia Universidad de El Salvador, en las paredes de Ia Facultad de Derecho y en algunos muros de Ia misma universidad, los murales en algunas alcaldí­as y parques, o bien los murales de Ia entrada del hospitalito Divina Providencia en San Salvador, en los sindicatos, cárceles y hasta en tatuajes.

Otros (en El Salvador) murales comunitarios en sitios como: Zaragoza, La Libertad, en Nejapa, en Tecoluca, en Ia parroquia Madre de Los Pobres en Ia comunidad La Chacra de San Salvador, en Ia Parroquia El Tránsito de Ia colonia El Pepeto de Soyapango, en Suchitoto, en Ia casa comunal del barrio conocido como El Platanar. También los murales comunitarios coordinados y dirigidos por ASTAC en Ia Parroquia de San Carlos Lempa. Asimismo, en Ia Escuela Tomas Regalado en Perulapí­a producido por Ia Juventud Cultural de Perulapí­a, y algunas coordinadas con comunidades como es el caso de Ia comunidad Santa Cecilia, en el Hogar Divina Providencia de Santa Tecla, para mencionar algunos” (http://arteyepoca.blogspot.com/p/monsenor-romero.html).

En realidad, como bien dice Isaí­as Mata, monseñor Romero se encuentra en murales ubicados en casi todo el territorio nacional, muchos de ellos elaborados por artistas en ciernes o profesionales, ya sea que hayan trabajado a iniciativa propia o por encargo de autoridades locales. Pero también hay murales en dependencias gubernamentales, por ejemplo: el MUNA, Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar A. Romero, Ministerio de Relaciones Exteriores y Facultad de Derecho (UES), los cuales han sido pintados por Antonio Bonilla, Rafael Varela, Romeo Galdámez e Isaí­as Mata, respectivamente.

Un mural de Monseñor Romero pintado en tamaño natural al costado oriente de la Catedral Metropolitana de San Salvador, frente al Teatro Nacional, sirve de telón escenográfico para la fotografí­a de centenares de transeúntes, incluyendo turistas, que recorren la Avenida Monseñor Romero (antes 2ª. Avenida Norte). La imagen fue pintada por el artista Cristian López.

En pintura de caballete la figura de Monseñor Romero ha sido magistralmente obrada por artistas como Camilo Minero, Antonio Bonilla, Benjamí­n Cañas, Miguel Ángel Orellana, Armando Solí­s, Fernando Llort, Álvaro Sermeño, Isaí­as Mata, Rafael Varela, Marvin Quintanilla, Renato Mira, Josué Villalta, Rafael Escamilla, Juan Héctor Ponce, Marcos Molina Urquilla y muchos más. Muchas de esas obras formaron parte de la exposición “Monseñor Romero, arte y palabra” (Sala Nacional de Exposiciones del Parque Cuscatlán), organizada por la Fundación Romero con motivo del vigésimo quinto aniversario del magnicidio (2005).

Haciendo una especie de balance se percibe que en las artes escénicas, aunque con menor frecuencia, tampoco ha faltado la figura del beato Romero. La obra El Martirio del Pastor del costarricense Samuel Rovinski ha sido llevada a escena en Costa Rica y otros paí­ses. El grupo teatral La Fragua de Honduras, ha hecho lo propio al respecto. El salvadoreño Carlos Velis lo hizo en 2005 con su obra En nombre de Dios: semblanza sobre Óscar Arnulfo Romero; y en 2014, la Compañí­a Universitaria de Teatro de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México dio su aporte al presentar en la UCA la obra escénica Romero, el Salvador, del dramaturgo mexicano-estadounidense Carlos Morton, y con la dirección de Isabel Cristina Flores. Isaí­as Mata, en su artí­culo atrás citado, menciona también La ofrenda del Escarlata del dramaturgo francés Jean Pierre Nortel. El grupo salvadoreño Yulkuikat hacia 2009 dio a conocer Las tentaciones de Romero, versión en marionetas.

En la disciplina dancí­stica el grupo Danza Contemporánea de la Universidad de El Salvador, montó hace algunos años la coreografí­a “Plegaria”, dirigida por Julio Mejí­a.

En cuanto a la música romeriana, el investigador y académico William Carballo en su artí­culo San Romero, así­ en Londres como en Apopa, consigna: “(“¦) La música es otro arte que se ha inspirado en monseñor. La Revista Factum publicó en 2015 un artí­culo en el que enlistaba 10 canciones sobre Romero a las que consideraba más comprometidas con su imagen de luchador social que el jingle oficial del acto de beatificación, tildado de una argucia meramente publicitaria. En la lista hay rap, como uno de Pescozada; pero también heavy metal y música norteña. Todas son salvadoreñas. Sin embargo, sí­ ha habido extranjeros que se inspiraron en el religioso. Aunque en el desarrollo de la trama de El Padre Antonio y su monaguillo Andrés, del panameño Rubén Blades, no se menciona directamente al salvadoreño, sí­ se le nombra en los estribillos finales; además, el mismo autor ha reconocido en entrevistas su inspiración en él. The Project, por su parte, lanzó un disco llamado Martyrs Prayers, cuyo sencillo Romero cuenta con versiones en inglés, español y portugués. El francés Jean-Luc Ponty, la canadiense Nancy White, el hondureño Pez Luna y el grupo chileno Sol y Lluvia también han dedicado obras al próximo santo” (https://elfaro.net/es/201803/columnas/21639/San-Romero-as%C3%AD-en-Londres-como-en-Apopa.htm).

Además de los nombres atrás mencionados, el escritor Miguel Ángel Chinchilla en su artí­culo Romerí­as de artistas, cita otros de hechura nacional e internacional: Compay Segundo, Luis López, Daniel Rivas, Julio Herrera, Jorge Palencia, José Roberto Gómez Menjí­var, Nancy White, y grupos como Morazán, los Farabundo de Guazapa, Exceso de Equipaje, Mensaje de Amor, Horizontes y Sierra Madre. El mismo autor citado, señala: “En música académica, se conoce un oratorio titulado “Réquiem e Invocación” con letra de Desire Levertov y música de Newel Hendricks. Además se conoce una ópera que se estrenó hace años en Londres y la obra “Ofertorio” del músico salvadoreño Arturo Corrales, radicado en Suiza, la cual se estrenó en San Salvador el 8 de mayo de 2005, en el contexto del XXV aniversario (de su martirio). Asimismo, el músico brasileño Jorge Antunes escribió en 1980 una “Elegí­a Violeta para Monseñor Romero” para coro infantil, dos niños solistas, piano y orquesta”.

Dentro del trabajo escénico con tema romeriano es importante mencionar el magistral montaje de la obra “Romero, santo y voz del pueblo”, una creación colectiva, pero con idea original de guión y dirección general del reconocido actor salvadoreño Francisco Borja, estrenada en el Cine-teatro Universitario, Universidad de El Salvador (UES), el 17 de marzo de 2016, en el marco de conmemoración del trigésimo sexto aniversario del martirio del beato Romero.

Las palabras del entonces Secretario de Arte y Cultura de la Universidad de El Salvador, Licdo. Fernando A. Carranza, revelan lo apoteósico de aquella puesta en escena: “Expresamos nuestro agradecimiento, a las personas que desde su propio talento, capacidad y poder de decisión, construyeron con esta Secretaria de Arte y Cultura de la Universidad de El Salvador, el eje transformador que hizo posible el montaje y puesta en escena de la obra, “Romero, santo y voz del pueblo”. Gracias al amigo carpintero, gestor sonidista, gracias amigo pintor y artesano, gracias amigos maestros y estudiantes, artistas todos, gracias por su tiempo valioso, por su disposición y entrega en el montaje. Gracias a los amigos de nuestra Alma Mater que creyeron en nuestra idea ahora materializada, gracias a los amigos de nuestro Santo Monseñor Romero, gracias a la Asociación de Derechos Humanos, Tutela Legal Dra. Marí­a Julia Hernández, por confiarnos esta importante y honrosa tarea, gracias especiales a usted público presente, que son y serán siempre el pueblo de Monseñor Romero” (Programa de mano).

V. Presencia de Monseñor Romero en la literatura nacional e internacional

Sin embargo, es en el campo de la literatura donde la presencia de monseñor Romero parece más abundantí­sima. El colega Alfonso Velis Tobar en su carta atrás mencionada, dice: “Una vez pasada la guerra vinieron más homenajes a monseñor Romero: Salvador Juárez, Julio Iraheta Santos, Luis Galdámez, Atilio Silva (Marzo/13/1993), en “Segunda Quincena” del Suplemento Cultural Tres mil, de Diario CoLatino, con presentación de Alfonso Velis Tobar; Matilde Elena López, lo hizo en su “Taller de Letras” (1998).”

Principalmente en la poesí­a es donde la figura del beato Romero tiene presencia dominante. Por ejemplo, hemos leí­do y escuchado poesí­a en su memoria entre los poetas del grupo literario “Escritores de La Paz”: Emilio Pineda Arévalo, Ixbalanqué Barrera, Roberto Monterrosa, Ramón Fernando Palacios y otros. Francisco Saldaña, ex integrante del Taller Literario Francisco Dí­az y radicado en el exterior, ha escrito poesí­a dedicada al beato salvadoreño. También han escrito sobre el mártir: Matilde Elena López, Silvia Ethel Matus, Alfonso Quijada Urí­as, Luis Melgar Brizuela, Ramón Hernández, Roberto Armijo, David Morales, Manlio Argueta, Francisco Andrés Escobar y muchos más.

Al respecto, en su citado artí­culo Chinchilla consigna lo siguiente: “(“¦) En novela: Mario Ben Castro publicó en 1990 Un disparo en la catedral, así­ como Renán Alcides Orellana menciona a Monseñor Romero en su novela autobiográfica Allá al pie de la montaña. En cuento: Miguel Ángel Chinchilla publicó en el año 2000 su libro San Salvador Gaviota y otros cuentos que contiene entre sus relatos “el cuento de San Romero que propuso un dí­a cambiarle nombre a la plaza”. En poesí­a: se han escrito y publicado infinidad de poemas sueltos y también libros, comenzando por el obispo brasileño Don Pedro Casaldáliga, también (Ana del) Carmen González, Matilde Elena López, Alfonso Velis, Rafael Rodrí­guez Dí­az, Salvador Juárez, Joaquí­n Meza, Roberto Quezada, Otoniel Guevara, Ricardo Guevara, Mario Noel Rodrí­guez, Jorge Vargas Méndez, Darí­o Villalta Baldovinos, Julio Iraheta Santos, José Roberto Cea y Miguel Ángel Chinchilla. En este género de la lí­rica debo decir que Óscar Arnulfo como un hombre sensible también escribió poesí­a, recordamos aquí­ que en sus años juveniles, Oscar Arnulfo tenia inclinación por la música, es decir, Monseñor fue también un artista”¦” (https://ecumenico.org/article/romeria-de-artistas/).

Sin embargo, todo lo señalado previamente sobre la presencia del beato monseñor Romero en la poesí­a es tan solo la punta del iceberg. Inmediatamente después del magnicidio, Velis Tobar se dio a la tarea de compilar todo poema que encontró sobre el mártir tanto a escala nacional como internacional, algunos de ellos publicados por el grupo Cinconegritos en la década de los ochentas. Esa tarea culmina, según nos cuenta su autor, hacia 2015 con una rica antologí­a titulada Sé que mi hora se acerca, que es un verso del propio monseñor Romero según ilustra Chinchilla, prologuista de la misma.

En Sé que mi hora se acerca encontramos poemas de autoras y autores salvadoreños, algunos ya mencionados, pero también versos de poetas de otras latitudes como Rafael Alberti, Eliseo Diego, Eduardo Galeano, Juan Gelman, Julio Huasi, Julia Esquivel, Juvenal Herrera Torres, José Marí­a Valverde y muchos más. Esta antologí­a, a nuestro juicio, deberí­a ser de obligada publicación por parte de la Universidad de El Salvador (UES) en el marco de la canonización del beato Romero anunciada para octubre próximo (2018), un suerte de reconocimiento que podrí­a parangonarse con el que realizó el ahora cardenal Gregorio Rosa Chávez, en febrero de 2015, con motivo del acto de beatificación: “(“¦) que en todas las iglesias donde haya figuras, bustos, cuadros y pinturas de Monseñor Romero, colocarles un listón rojo que significa el martirio” (https://verdaddigital.com/index.php/nacional/130-beatificacion-de-monsenor-romero-sera-en-san-salvador-e).

¡Monseñor Romero: poeta, profeta”¦ Santo!

Todo lo anterior, considerando además que monseñor Romero no fue ajeno a las artes y en particular a la poesí­a. En una biografí­a del mártir, su autor monseñor Jesús Delgado, relata que mientras el joven Óscar Arnulfo Romero estudiaba en el seminario menor de San Miguel (El Salvador), monseñor Dueñas organizó un concurso de poesí­a en el cual resultaron triunfadores el beato y otro estudiante (más tarde monseñor Rafael Valladares), es decir, ambos se quedaron con el primer lugar compartido. El premio consistí­a en una beca para realizar estudios en Roma, por lo que ambos se marcharon a la Ciudad Eterna.

Más adelante, el mismo autor agrega: “Muchas fueron también las poesí­as que su pluma inspirada redactó, pero lamentablemente toda esa documentación desapareció por un descuido de sus parientes. Estos habí­an recibido un baúl que Romero les habí­a enviado a su regreso de Roma para que lo cuidasen. El baúl contení­a parte de las notas y cuadernos personales de Romero, lo poco que él pudo traer consigo, puesto que tuvo que salir de Roma a El Salvador por ví­a aérea. Los parientes de Romero, con el tiempo transcurrido, no dieron importancia a aquel baúl; y cuando vendieron la casa que tení­an en Ciudad Barrios se olvidaron del precioso tesoro, que más tarde ya no pudieron recuperar jamás” (Delgado, Jesús. Óscar A. Romero, Biografí­a, Ediciones Paulinas, pp. 21-22).

Pero la presencia del beato Romero en el altar de las artes no se limita solo a la pintura, escultura, música, artes escénicas, danza y literatura a escala nacional e internacional, también su figura se hizo de sitio propio en el ámbito de las artesaní­as, por lo menos en El Salvador. No obstante, hay que señalar que el proceso de asimilación y apropiación del tema romeriano entre la producción artesanal debió desarrollarse a un ritmo mucho más lento comparado con las otras expresiones artí­sticas previamente reseñadas, debido a que la artesaní­a es una expresión cultural que en su mayorí­a es y ha sido elaborada por mujeres y hombres pertenecientes al segmento poblacional más vulnerable y, por tanto, más susceptible de represión en aquellas calendas. De modo que era difí­cil encontrar dicha expresión en la década de los ochenta en mercaditos y pequeños bazares, y si alguna vez fue elaborada se habrí­a hecho en el anonimato y su distribución habrí­a sido clandestina o selectiva. En tal sentido, es posible ubicar su aparecimiento en público desde hace unas dos décadas aproximadamente, es decir, luego de la firma de los Acuerdos de Paz o bien después de 1994. El autor Alfonso Velis Tobar, en relación al motivo romeriano recuerda: “(“¦) Ese anonimato y temores se debí­an a la situación polí­tica de represión militar”.

En la actualidad, la figura de monseñor Romero se encuentra en diferentes productos artesanales elaborados en cuero, barro, cerámica, madera y semillas; se observa su imagen en llaveros y estampas de plástico, en tazas y platos de cerámica, en serigrafí­a, etc. El también mártir de la UCA, P. Ignacio Ellacurí­a, decí­a: “Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”. De nuestra parte, decimos que, independientemente de la fe, con la rica producción artesanal y las artes en general monseñor Romero vive y vivirá en El Salvador.

En tal sentido, no es difí­cil encontrar artesaní­as con motivos romerianos en el Mercado Municipal de Artesaní­as de San Salvador (antes Mercado Ex cuartel), o en municipios clave como La Palma (Chalatenango), San Sebastián (San Vicente), Ilobasco (Cabañas) y en muchos otros. En algunos lugares, ciertamente, la asimilación o adopción de la imagen del beato como motivo o tema de la actividad creativa es relativamente reciente. En un artí­culo publicado apenas el año pasado cuya autora, la periodista Carolina Amaya, titula “Artesaní­as de Monseñor Romero, la novedad de Ilobasco”, entre otras cosas, se afirma: “Marta López es una de las artesanas de Ilobasco que diseña la figura en barro del Beato Monseñor Romero. La imagen se ha vuelto una de las novedades en el pueblo de los artesanos de barro” (http://www.elsalvador.com/videos/noticias-videos/376866/artesanias-de-monsenor-romero-la-novedad-de-ilobasco/).

Finalmente, hay que señalar que la popularidad alcanzada por el beato Romero en el altar de las artes en general se debe en buena medida al trabajo de difusión que al respecto han venido realizando diferentes autoras y autores a través de interesantes artí­culos, porque libros dedicados exclusivamente al tema todaví­a no se conocen. Para citar algunos artí­culos: “El cielo derramado” (1990) del recordado poeta y escritor Francisco Andrés Escobar, “Romerí­as de artistas” (2005) de Miguel Ángel Chinchilla, “A propósito de Monseñor Romero, su influencia en las artes y la literatura” (2011) de Isaí­as Mata, “San Romero, así­ en Londres como en Apopa” (2018) de Willian Carballo, en otros más de igual importancia.

Poco, pero sustancioso en algunos casos, ha sido el trabajo realizado en el mismo sentido por profesionales independientes de la comunicación o con relativa independencia dentro de la empresa mediática donde laboran. Miguel Ángel Chinchilla hizo un valioso aporte en ese sentido a través de su programa radiofónico semanal “Clásicos de Chinchilla”, que transmitió en YSUCA desde 2003 hasta mediados de junio de 2018. El semanario El Independiente y Diario CoLatino también han abonado al respecto.

Pero también esa popularidad del beato Romero en las artes se debe a la difusión que sobre su vida, pasión y martirio han realizado instituciones no gubernamentales como la Fundación Romero, el Grupo Maí­z, UCA, Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) y otras, así­ como el trabajo realizado por instituciones de carácter estatal como la Universidad de El Salvador (UES), casas de la cultura, etc., que desde 2009 vienen realizando diferentes actividades conmemorativas en cada marzo.

No hay duda que toda esa riqueza artí­stica en general ha contribuido y continuará aportando a la preservación de la memoria histórica y la identidad cultural en nuestro paí­s, enalteciendo al mismo tiempo la figura de aquel mártir, ahora beato y pronto San Romero de América, quien ofrendó su vida por defender los derechos humanos de la población más desposeí­da, la más vulnerable, desde su vocación de pastor cristiano comprometido con la búsqueda de justicia, paz y vida digna en El Salvador. “Un pastor nunca abandona a su pueblo”, me dijo la penúltima o última vez que nos vimos para conversar. Ahora queda reiterado que hasta en esa decisión tomada estaba el profeta: nunca nos abandonó. ¡Tanta expresión artí­stica lo reitera! Sigamos adelante pues, tenemos su acompañamiento para buscar un mejor horizonte.

Bibliografí­a consultada

Biblioteca virtual universal, Dí­a a dí­a con monseñor Romero, 2003.

Delgado Acevedo, Jesús. Óscar A. Romero, Biografí­a, Ediciones Paulinas, 1986.

Revista de Filologí­a y Lingí¼í­stica, Volumen XIII, Universidad de Costa Rica, 1986.

Sitios electrónicos

http://sicsal.net/romero/LibrosRomero.html

https://www.helloforos.com/t/fotos-de-san-romero/37847/134

http://es.catholic.net/op/articulos/1186/cat/937/cono-de-los-martires-y-testimonios-de-la-fe.html

http://www.elsalvadormisionero.org/node/847

http://artequenace.blogspot.com/2012/04/antonio-bonilla-mural-del-bicentenario.html

https://laopinion.com/2013/11/23/inauguran-monumento-a-monsenor-romero-en-los-angeles/

http://hunnapuh.blogcindario.com/2008/03/02326-monsenor-romero-tiene-un-monumento-en-ayutuxtepeque.html

http://arteyepoca.blogspot.com/p/monsenor-romero.html

http://www.elsalvadormisionero.org/node/1177

https://elfaro.net/es/201803/columnas/21639/San-Romero-as%C3%AD-en-Londres-como-en-Apopa.htm

https://ecumenico.org/article/romeria-de-artistas/

https://verdaddigital.com/index.php/nacional/130-beatificacion-de-monsenor-romero-sera-en-san-salvador-e

http://www.elsalvador.com/videos/noticias-videos/376866/artesanias-de-monsenor-romero-la-novedad-de-ilobasco/

Sobre el autor del artí­culo

*Poeta. Escritor. Docente. Graduado en Ciencias de la Educación. Se dedica a la investigación social. Obra publicada: en poesí­a: Cantos breves para una mujer exacta y otros poemas, Ediciones Atisba, El Salvador, 1988; Ceremonial de cuervos, Imprenta Criterio, El Salvador, 1990; Desde este amor insepulto (publicado í­ntegramente por Matilde Elena López), Diario El Mundo, El Salvador, 21 de enero de 1989; Concertación nacional y otras confesiones, 1a. edición en audio, Producciones Unicornio, El Salvador, 1990; 2a. edición en libro, Ediciones Atisba, El Salvador, 1991; De tórsalos y hombres, Universidad de San Carlos, Guatemala, 1995; Cuscatlán no te me mueras, Ediciones Venado del Bosque, El Salvador, 1995; Desde este animal bulle la ternura, Universidad de San Carlos, Guatemala, 1996; Mi otro corazón, Proyecto Editorial La Chifurnia, El Salvador, 2017; Mañana habrá otro dí­a. Antologí­a poética personal, Ediciones Venado del Bosque, 2017. En ensayo: Para oí­rte y mirarte mejor. La radio y la televisión en El Salvador 1926-2000, Editorial Asesores Periodí­sticos, El Salvador, 2000; Historia de San Salvador, como base de su identidad, Ediciones Mazatli, El Salvador, 2000; La Mujer Invisible, Reflexiones sobre el lenguaje androcéntrico, Ediciones Venado del Bosque, El Salvador, 2006; El Salvador: sus hablantes, Ediciones Venado del Bosque, El Salvador, 2006; Tierra mágica del venado. San Pedro Masahuat, monografí­a, Ediciones ORMUSA, El Salvador, 2007; Cerro de los cusucos. Ayutuxtepeque, monografí­a, Ediciones Venado del Bosque, El Salvador, 2007; Milenaria tierra de tradiciones, Olocuilta, monografí­a, Ediciones ORMUSA, El Salvador, 2008; Literatura salvadoreña 1960-2000. Homenaje, Ediciones Venado del Bosque, El Salvador, 2008; En la rada de Tepeagua, La Libertad, monografí­a, Ediciones ORMUSA, El Salvador, 2011; El esplendor y desarrollo de un pueblo, San Luis Talpa, monografí­a, Ediciones ORMUSA, El Salvador, 2012. Además, ha publicado poemas, cuentos y artí­culos en periódicos y revistas nacionales e internacionales.

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