Por Gabriel Otero.
¿Cuántas veces te has escapado de la muerte? Este es un tema personal desbordante del plano anecdótico, vale la pena inquirirse sobre los momentos en los que hemos estado por expirar y valorar la propia existencia poseedora de más peso que cualquier metal precioso. Todos hemos sido sujetos, en diferentes grados, a que nuestra fragilidad se exponga a hacerse pedazos antes de la hora, estar a punto de fallecer previo a envejecer cuando el cuerpo se opaca y la energía se apaga.
El asunto es complejo ¿Vivimos para morir? ¿qué momento se puede considerar adecuado para cumplir un ciclo vital? Estamos de acuerdo que el cauce natural, sin sobresaltos, es llegar a viejos hasta que un día la muerte se asome, puesto que morimos existimos1, el cogito ergo sum poético plasmado en una décima de Villaurrutia o el inevitable memento mori: “recuerda que morirás”.
En lo particular, en cuando menos seis ocasiones, mi vida ha pendido de un hilo minúsculo, unas por enfermedad y otras por accidente, mi hermana Julieta me rescató de morir ahogado en una alberca en Mazatlán; en otra, un vaquero anónimo me salvó de perecer en una estampida de ganado bovino, cuando decenas de vacas y toros corrieron alterados atropellando lo que encontraban a su paso. Y ni qué decir de aquella muerte cerebral que me amenazó de recién nacido, dicen que sobreviví de milagro y, en efecto, así fue.
Y cada uno puede relatar sus encuentros y desencuentros con la muerte, algunos le rinden culto como una deidad, y le encomiendan su vida, un salvoconducto para rogar su piedad cuando llegue el momento, otros se aterrorizan de imaginar que la arena está a punto de acabarse en un reloj.
Como una reflexión de la cercanía de la muerte, afloran en mi mente los versos de Benedetti:
…ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra 2.
Lo que menos puede achacársele, al narrador y poeta uruguayo, es su precisión en los conceptos de edad y muerte, y la percepción de ésta que va cambiando cuando crecemos.
Y hay una visión pesimista que afirma que morimos día con día y llegará el tiempo en que no habrá escapatoria alguna.
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(1) Plural de “puesto que muero existo” de la Décima muerte de Xavier Villaurrutia
(2)Versos del poema Pasatiempo de Mario Benedetti



