miércoles, 29 mayo 2024
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"El ego es aterrador y bello, es un monstruo oculto en la máscara de la autoestima": Gabriel Otero.

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Por Gabriel Otero.

Sigamos hablando de egos, su análisis entretiene, lo sustancial es despojarse de los rasgos del ego propio e intentar minimizarlo. El ego es aterrador y bello, es un monstruo oculto en la máscara de la autoestima, que apenas muestra su rostro maravilloso de lo que queremos ser y engrandece las imágenes de cómo quisiéramos que nos vieran.

Así es cierto tipo de ego feminista, superficial y exhibicionista, que se esconde en el anonimato en redes, y para el que ninguna mujer fue heroína antes de la marea morada, ni las mujeres sufragistas, ni las adelantadas para sus épocas, ni las que carecieron de conciencia del machismo opresor, ni las sobrevivientes marginadas que siguieron silenciosas su camino, esas se reducen, según este ego, a antecedentes y casualidades previas al me too.

Este ego es excesivo y excluyente, como el ego milenial, ninguna generación se preparó tanto académicamente como la mencionada, posee tantos títulos de maestrías y doctorados solo para representar a los seres más frágiles e inútiles de la historia.

Y de esta tipología surge el ego redentor, que es la antítesis del ego revolucionario, son dos caras de la misma moneda, el primero cree en salvar a la humanidad del fantasma del comunismo y otras doctrinas totalitarias, el segundo es un ego añejo que devoró las obras completas de Gramsci y Althusser y cualquier fundamento del materialismo histórico.

Uno de los egos más antiguos es el ego religioso, el que sacrifica todo por reinos que no son de este mundo, el que justifica el comportamiento de la congregación en la que cree porque sus integrantes son seres humanos y sus pecados serán absueltos por la magnanimidad de Dios.

Enseguida viene el ego ateo obedeciendo al axioma de que a toda acción corresponde una reacción, es la dialéctica de la naturaleza, y si Dios existe, pues habrá que negarlo, si no no tendría razón de ser.

Y al ego internacional corresponde el ego nacional, el primero considera a las fronteras un corsé sin sentido, el segundo es partidario de pasaportes, muros y forzosas legalidades.

Y para salvaguardar el bienestar del ego refugiado, el que vive de la caridad de otros egos, existe el ego altruista, gracias a sus buenos oficios hay algo de humanidad en este mundo.

Egos mutan, egos continúan, egos se quedan.

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Gabriel Otero
Gabriel Otero
Escritor, editor y gestor cultural salvadoreño-mexicano, columnista y analista de ContraPunto, con amplia experiencia en administración cultural.

El contenido de este artículo no refleja necesariamente la postura de ContraPunto. Es la opinión exclusiva de su autor.

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