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miércoles, 28 de julio del 2021

Más allá del salario mí­nimo, más allá del trabajo enajenado

En el capitalismo la fuerza de trabajo se convierte en una mercancí­a más. El producto de su trabajo no le pertenece, le es ajeno, no es parte de su realización como ser humano. Entonces, cuánto más objetos produzca, menos podrá tener, porque el dominio lo seguirá teniendo el capital. Por tanto, la persona trabajadora al no realizarse en su trabajo, se convierte su trabajo en un trabajo forzado, enajenado.

Para plantear la explotación del trabajo Marx partí­a del supuesto del intercambio de equivalentes, es decir, que el salario era igual al valor de reproducir la fuerza de trabajo (canasta de subsistencia). Sin embargo, en paí­ses del submundo capitalista este supuesto no opera únicamente así­, debido a que el salario no logra cubrir las condiciones básicas de vida, pues lo que se da son relaciones salariales de superexplotación. 

En nuestro paí­s, en el marco de la liberalización y desregulación de los mercados, las polí­ticas laborales se orientaron bajo esta lógica, éstas buscaban abaratar el costo de la fuerza de trabajo, para que sirviera  de ‘incentivo´ a la atracción masiva de la IED. Dando como resultado una precarización creciente de la fuerza de trabajo y de su vida.

A finales de diciembre del año pasado se aprobó un nuevo ajuste del salario mí­nimo en nuestro paí­s, el cual presentó, evidentemente, mucha oposición del sector capitalista. La clase trabajadora asalariada lo consideró como un gran logro, y como hecho de justicia. Lo cual es verdad. Pero,   ¿Realmente puede existir un salario digno y justo en el capitalismo? Creo que no.

En ese sentido, no se trata  sólo de exigir al capitalista ‘mejoras´ salariales,  sino más bien se trata que los mismos trabajadores y trabajadoras tomen conciencia que no necesitan del capitalista para producir y generar valor. Y que el capitalista, sin embargo, sí­ depende del trabajador, pues la fuerza de trabajo es la única creadora de valor. Entonces sí­ es posible ir rompiendo las relaciones de producción actual. Pero aquí­ entra el problema de toma de conciencia, de la desalienación.

Hay que tomar en cuenta también que existe una gran cantidad de personas sin salario y desempleadas, y también realizando trabajo doméstico y del cuidado, que no se considera como trabajo.  Por eso, más que exigir únicamente aumento de salarios para una sola parte de las personas trabajadoras, hay que crear OTRAS relaciones de trabajo para todas, romper con la dominación del capital sobre el trabajo.

Pues, al quedarse dentro de la lógica del sistema, de limitarse y reproducir lo dado, se niegan las posibilidades de construcción de algo más. De algo nuevo. En otras palabras, apostarle solo a reinvindicaciones laborales y salariales dentro del sistema, y no apostarle a un proyecto alternativo de otra forma de organizar el trabajo, es quedar atrapado en lo que hay.

El problema es que la dignidad y la vida va seguir siendo negada si no pensamos más allá del capital.

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