Por Francisco de Asís López Sanz
Asistiendo a una reunión de donantes en Dili como jefe de la cooperación española, AECID, en 2010, vi un desafío que a menudo pasa desapercibido en el ámbito del desarrollo: incluso los datos brillantes y los modelos económicos perfectos pueden ignorar la dimensión humana. Una mente brillante, Jeffrey Sachs, estaba allí presentando diapositivas llenas de cifras, gráficos y proyecciones: técnica y académicamente impecables. Sin embargo, aquellos datos sin alma me parecían incompletos si no consideraban a las personas que vivían dentro de ellos.

Así fue como concebí algo inusual para AECID: la primera exposición dedicada a las Uma Lulik, las Casas Sagradas, columna vertebral espiritual y social de las comunidades timorenses. Estas casas representan la ancestralidad, el parentesco y los lazos invisibles que sostienen el vínculo entre el cielo y la tierra. Mi embajadora, Aurora Bernáldez, era escéptica, incluso cuando Portugal y la UE aceptaron sumarse a la iniciativa.
“Paco, no creo que esta sea una propuesta útil”.
Me mantuve firme de todos modos.
Entonces añadió: “De acuerdo. Confío en tu criterio, así que adelante”. Su confianza marcó la diferencia.
El lanzamiento de la exposición fue transformador. Embajadores y miembros del Gobierno de Timor-Leste se acercaron a Aurora para reconocer la “extraordinaria” iniciativa de AECID que ponía en valor el núcleo mismo del tejido cultural de la sociedad timorense. Más tarde, la embajadora Bernáldez me dijo: “Déjame retirar lo dicho. No pensé que esto fuera a dar frutos: tenías razón”.
La empatía cultural cobró importancia mientras sembrábamos las semillas de lo que años después sería “Team Europe”. Con ayuda de antropólogos de A Coruña, redactamos su discurso en portugués, no en inglés. Ella dudó: “No hay muchos lusófonos aquí; ¿no sería más fácil en inglés?”. Le expliqué que la lengua portuguesa cargaba historia y emoción en Timor-Leste: se convertiría en la primera embajadora española en hacerlo allí. Sí, importaba. Tras el evento, el jefe del IPAD nos llamó, visiblemente emocionado, para expresar su gratitud. Aquella decisión pequeña y deliberada resonó profundamente en Portugal.
Por tanto, la lección es simple pero poderosa: al analizar actores, no presumas de recursos. Muestra tu corazón. Conecta con el corazón de quienes finalmente serán tus socios o tu razón de ser. La empatía auténtica genera confianza y legitimidad con mucha más eficacia que cualquier nota conceptual o presentación.

El mapeo de actores sigue siendo necesario—comprender influencias, intereses y roles institucionales—pero no basta. El éxito llega cuando las soluciones técnicas se encuentran con las realidades; cuando los programas reflejan no solo lo que la gente necesita, sino quiénes son.
El desarrollo —e incluso la diplomacia— consiste en escuchar primero, observar después y actuar con criterio. Los números nos dicen qué está pasando; la cultura nos dice por qué. Y en Dili, la embajadora doña Aurora Bernáldez nos recordó que la empatía y el respeto cultural son las herramientas más poderosas para lograr un impacto sostenible.


