Por Alonso Rosales
Jessica Martínez, de 22 años, regresó a Estados Unidos tras 322 días de despliegue a bordo del portaviones USS Abraham Lincoln. Su padre, Humberto Martínez, fue deportado durante su misión militar y solo pudo abrazarla
.— Jessica Martínez regresó a casa después de permanecer 322 días desplegada a bordo del portaviones USS Abraham Lincoln, en medio de las operaciones militares en Medio Oriente. Sin embargo, el esperado reencuentro con su familia estuvo marcado por una ausencia dolorosa: su padre, Humberto Martínez, había sido deportado a México mientras ella cumplía su misión en la Marina de Estados Unidos.
A sus 22 años, Jessica volvió a territorio estadounidense con el reconocimiento de sus superiores, un ascenso a suboficial y el orgullo de haber servido a su país. Pero, al llegar a casa, no encontró a su padre esperándola, como había ocurrido en anteriores regresos.
La historia, reportada por CNN el 18 de octubre de 2026, expone el drama de una familia dividida por las políticas migratorias estadounidenses y el conflicto emocional de una joven militar que esperaba que su servicio contribuyera a mejorar la situación migratoria de sus padres.
Una deportación mientras su hija estaba desplegada
El 31 de enero de 2026, mientras Jessica se encontraba a bordo del USS Abraham Lincoln en el mar Arábigo, agentes federales arrestaron a su padre cerca de la vivienda familiar en Huntington Beach, California.
Su hermana menor, Ana Martínez, grabó parte del procedimiento y aseguró que su padre había solicitado regularizar su situación migratoria. Humberto fue trasladado a México ese mismo día.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostuvo inicialmente que el hombre tenía antecedentes por conducir bajo los efectos del alcohol y por el uso no autorizado de un vehículo, además de señalar que había sido expulsado anteriormente de Estados Unidos.
En una declaración posterior a CNN, la institución añadió acusaciones relacionadas con delitos de drogas, ciudadanía falsa y tráfico de personas, y afirmó que Humberto había sido deportado al menos seis veces.
El hombre reconoció haber ingresado ilegalmente a Estados Unidos y haber enfrentado una condena por conducir bajo los efectos del alcohol. Sin embargo, rechazó las demás acusaciones del Gobierno, que calificó de falsas, y aseguró que continúa con sus recursos legales para intentar regresar al país.
La esperanza de ayudar a sus padres
Jessica nació en Estados Unidos, al igual que su hermana Ana. Sus padres, en cambio, habían vivido en California después de ingresar al país sin autorización migratoria.
Desde la secundaria, Jessica soñaba con incorporarse a las fuerzas armadas. Entre sus motivaciones estaba la posibilidad de construir un futuro mejor para su familia y ayudar a sus padres a regularizar su situación.
“Quería darles el mundo a mis padres porque ellos me dieron el mundo”, recordó la joven, según el relato de CNN.
Durante su despliegue, Jessica trabajó con sistemas de armamento y misiles del portaviones, recibió elogios por su desempeño y fue ascendida. También enviaba dinero a su hogar y confiaba en que sus padres pudieran beneficiarse del programa Parole in Place, una medida que puede ofrecer protección migratoria temporal a determinados familiares de militares estadounidenses en servicio activo.
Sin embargo, la deportación de su padre cambió por completo las expectativas que había depositado en su carrera militar.
“Lo siento”: el dolor de un reencuentro incompleto
El USS Abraham Lincoln regresó a San Diego el 8 de octubre, después de un despliegue de 322 días. Mientras numerosos marineros abrazaban a sus familiares, Jessica fue recibida por su hermana Ana, de 19 años.
La ausencia de Humberto se hizo sentir desde el primer momento.
Ana había asumido mayores responsabilidades en el hogar desde la deportación de su padre. Apoyaba a su madre, Nancy, y trataba de mantener unida a la familia mientras su hermana permanecía en una zona de operaciones militares.
El reencuentro entre las hermanas estuvo cargado de lágrimas y emociones acumuladas durante meses. Posteriormente, ambas regresaron a Huntington Beach para abrazar a su madre.
Pero la casa de su infancia también le recordó a Jessica lo que había perdido: su padre ya no estaba allí para recibirla.
Durante una videollamada, la joven invitó a Humberto a compartir la celebración. Ambos tuvieron dificultades para hablar debido al llanto.
“Ver dónde solía sentarse, ver su ropa”, expresó Jessica al recordar la ausencia de su padre. En anteriores regresos, él había podido abrazarla en casa. Esta vez, la situación era diferente.
La joven también manifestó su decepción ante las acusaciones oficiales contra Humberto y defendió la historia de su familia.
“Dicen que mi padre es un criminal y todo eso, pero él crió a una guerrera”, afirmó.
Un abrazo al otro lado de la frontera
Dos días después del regreso del portaviones, Jessica y Ana viajaron nuevamente a San Diego para encontrarse con su padre en la frontera entre Estados Unidos y México.
Tras cruzar una puerta metálica hacia territorio mexicano, las hermanas finalmente vieron a Humberto.
Ana lo saludó emocionada. Jessica, que había pasado meses cumpliendo sus obligaciones militares lejos de casa, se aferró a su mochila mientras intentaba contener las lágrimas.
Cuando su padre la abrazó, la joven volvió a disculparse.
“Lo siento”, le dijo.
“No es tu culpa”, respondió Humberto, según el relato de CNN.
El padre llevaba una sudadera del USS Abraham Lincoln y una gorra que su hija le había regalado. El encuentro permitió a la familia recuperar, al menos por unas horas, parte de la cercanía que la deportación había interrumpido.
“Me siento bien. Pude ver a mi marinera en casa. Lo malo es que no estoy en casa, así que es muy difícil”, expresó Humberto desde Tijuana.
Aunque se mostró agradecido por las oportunidades laborales y familiares que tuvo en Estados Unidos, reconoció que vivir separado de sus hijas representa una experiencia dolorosa.
Orgullosa de servir, decidida a luchar
La historia de Jessica refleja la contradicción que enfrenta una joven que sirvió a las fuerzas armadas estadounidenses mientras su familia sufría las consecuencias de las medidas migratorias aplicadas por el mismo Gobierno al que ella juró servir.
La marinera afirmó que se siente decepcionada, pero que mantiene su orgullo por el servicio militar y por el esfuerzo realizado durante su despliegue.
Al concluir su contrato de cuatro años, planea abandonar la Marina y continuar sus estudios universitarios, al igual que su hermana.
Sin embargo, su futuro profesional no es su única preocupación. Jessica asegura que seguirá buscando alternativas legales para lograr que su padre pueda regresar a Estados Unidos.
“Voy a seguir luchando. Voy a conseguir justicia para mi padre para que vuelva”, manifestó.
Por ahora, Humberto permanece en México mientras continúa su batalla legal. Jessica, por su parte, ha regresado a casa después de cumplir una misión militar, pero su historia familiar sigue marcada por una frontera que le impide reunirse con su padre en el lugar donde ambos esperaban celebrar su regreso.
Una historia de servicio, sacrificio y separación familiar que pone de relieve el impacto humano de las políticas migratorias sobre los hogares de militares estadounidenses.








