Por Alonso Rosales
El arzobispo Timothy Broglio, responsable de la atención espiritual de los católicos que sirven en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, condenó enérgicamente el plan del Pentágono de transmitir en vivo la ejecución por fusilamiento de Nidal Malik Hasan, el exmilitar condenado por la masacre de Fort Hood en 2009. Además, exhortó a los soldados católicos que sean asignados al pelotón de fusilamiento a solicitar que se les excuse de participar, al considerar que esa acción contradice las enseñanzas de la Iglesia católica.
La controversia se produce después de que el Departamento de Defensa anunciara que la ejecución de Hasan, prevista para el 3 de diciembre de 2026 en Fort Hood, Texas, sería transmitida públicamente por internet. La decisión, respaldada por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha generado críticas de líderes religiosos, legisladores y organizaciones que cuestionan la decisión de convertir una ejecución estatal en un espectáculo público.
En una declaración difundida el lunes 12 de octubre, Broglio cuestionó la finalidad de exhibir ante el mundo la muerte de un condenado y advirtió sobre las consecuencias morales de esa decisión para las Fuerzas Armadas estadounidenses y para la sociedad.
El arzobispo planteó si Estados Unidos realmente quiere imitar las prácticas de los grupos terroristas al convertir la muerte de sus adversarios en un espectáculo público. También expresó preocupación por la exposición de niños y jóvenes a imágenes de una ejecución violenta y por el impacto que esa experiencia podría tener en quienes sean obligados a participar en ella.
La Iglesia cuestiona el uso de la ejecución como espectáculo
Broglio también expresó su solidaridad con los familiares y amigos de las víctimas de Fort Hood, donde Hasan perpetró un ataque armado el 5 de noviembre de 2009. El entonces psiquiatra del Ejército estadounidense mató a 13 personas e hirió a otras 32, por lo que fue condenado a muerte por un tribunal militar.
El religioso subrayó que el rechazo a la transmisión pública de la ejecución no significa justificar los crímenes cometidos por Hasan. Su posición se fundamenta en la defensa de la dignidad humana y en la oposición de la Iglesia católica a la pena de muerte.
El arzobispo advirtió, además, sobre el posible daño moral que podría sufrir el personal militar encargado de ejecutar la sentencia y cuestionó si la difusión mundial de la muerte de un hombre en silla de ruedas contribuye realmente a preservar el prestigio de las Fuerzas Armadas.
La petición de Broglio tiene una implicación concreta: solicitó a los militares católicos que pudieran ser designados para integrar el pelotón de fusilamiento que pidan ser apartados de esa función. La normativa del Ejército estadounidense permite solicitar exenciones o adaptaciones por motivos religiosos.
El presidente de los obispos católicos también condena el plan
La postura de Broglio se suma a la condena expresada el 9 de octubre por el arzobispo Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, quien calificó la transmisión de la ejecución como una promoción de la cultura de la muerte.
Coakley afirmó que, aunque los actos de Hasan no pueden ser justificados, la decisión del Gobierno debe reconsiderarse. También advirtió que una ejecución pública de una persona que ha cometido delitos graves puede deteriorar los valores morales de la sociedad.
La oposición eclesiástica ha trascendido las fronteras estadounidenses. El secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, también cuestionó que la muerte de un condenado se convierta en un espectáculo, mientras que el papa León XIV ha reiterado su rechazo a la pena capital y su defensa de la dignidad de toda persona.
Un debate sobre justicia, castigo y dignidad humana
La controversia plantea una discusión que va más allá del caso particular de Hasan: hasta dónde debe llegar el Estado al aplicar una condena y si la exhibición pública de una ejecución puede justificarse como una herramienta de disuasión.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha defendido la publicidad del procedimiento como una forma de disuadir futuros delitos. Sin embargo, sus críticos consideran que transmitir una muerte por fusilamiento podría transformar el cumplimiento de una sentencia en un acto de escenificación de la violencia.
El presidente Donald Trump autorizó la ejecución, pero, según informó Reuters el 12 de octubre, todavía evaluaba si permitiría que la transmisión en vivo siguiera adelante. Por tanto, la difusión pública no debía darse por definitivamente confirmada en ese momento.
La ejecución estaba prevista para el 3 de diciembre de 2026 en Fort Hood, Texas, aunque eventuales actuaciones judiciales podrían modificar el calendario.
La intervención de Broglio coloca a la Iglesia católica en el centro de una controversia nacional sobre la pena de muerte, la responsabilidad de los militares y los límites éticos del poder estatal. Su mensaje es que la gravedad de un crimen no elimina la obligación de respetar la dignidad humana ni convierte necesariamente la exposición pública de la muerte en una respuesta moralmente aceptable.
Fuentes: Reuters, Vatican News y Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.


